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El ardor del tiempo

El cielo en su vasta inmensidad es inconmensurable para el ojo humano, aún en el presente, está desde siempre brindándose a la humanidad como bóvedas llenas de diamantes. 

Aún hoy, como tantos otros y otras antes de mi, al mirarlo busco en su belleza misteriosa a ese Dios como fuerza creadora y compañero de ruta, como respuesta y como consuelo, como bálsamo que cura las heridas y como inspiración para ser mejor. 

De repente y por un instante me siento minúsculo e insignificante y en ese mismo instante también me siento infinito por ser parte de un antes y un después que me excede a mí.  Seguir leyendo “El ardor del tiempo”

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¿Podemos volver o visitar lugares que nos hicieron felices?

A veces, cuando entrecierro los ojos, te pienso. Te pienso porque me pienso a mí mismo tal y como era en aquellos años. No era ni mejor ni peor que quien soy yo, sino que las piezas de mi puzzle encajaban diferentes. 

En el camino algunas piezas dejaron de ser entre tantos recortes sufridos con el objetivo de poder pertenecer. Otras simplemente aparecieron, germinaron de los restos que quedaban descartadas de otras fichas o aparecieron como por generación espontánea, ¿quién podrá saberlo? Pero sin dudas aparecieron relucientes y listas para ser parte. Para entrar en mi vida. Seguir leyendo “¿Podemos volver o visitar lugares que nos hicieron felices?”

De repente

Y así, de repente, me parece que está de nuevo el amor presente. Me siento predispuesto a la cacería furtiva, a la seducción más clásica y a la galantería más fina. Y el objeto que me deja en esa posición pareciera no estar dispuesto. Su reticencia me esquiva y me hace tener que recurrir a las más astutas de mis picardías. Seguir leyendo “De repente”

Nuestra última pelea

Cuando decidiste dejarme, pensé en darte pelea. Dar pelea a la situación, darle vuelta a la cuestión y volver a tener una relación. Y pensaba durante 365 días escribirte y de alguna manera seguir hablando día a día. Cuando terminaran esos días te enviaría mi libro de poesía que en este tiempo se convirtió en prosa poética, obsequios de cosas que me hicieron pensar en vos en este año…la parafernalia de costumbre. Hasta se me ocurrió una excentricidad. Te dejaría ganar la primera de muchas nuevas peleas… te trataría mejor, con mayor paridad, con genuina entrega…

Mi diario funcionaba porque te conocía tanto que sabía tus respuestas, sentía tus palabras y olía tu respiración… que poco a poco se fue haciendo más difusa, más vaga y más lejana. Tu voz ya no resuena fuerte en mi mente y pareciera que me aferro al recuerdo solo en mi corazón, pero cada vez te escribo menos. Cada vez te siento menos y cada vez te necesito menos.

Y un poco me duele que así sea. Me siento mal por sentir que no cumpliré mi último juramento, el de escribirte durante un año, para que me conocieras de otra manera, para que me vieras diferente y para que me sintieras presente. Y como me siento mal… y como preciso conocerme… y como te quiero, quiero seguir escribiéndote. Y quizás lo haga.  Seguir leyendo “Nuestra última pelea”

Nostalgia

Camino por una calle, o mejor dicho por su vereda, que atravesé mil veces y de pronto vuelve. Las nubes que tapan mi cielo celeste me traen una tarde que ya no existe. Ibas caminando a mi lado, bastante molesto y sin dudas obligado hacia donde yo quería ir, hacia donde yo debía ir. Y así era nuestro amor, condenado porque yo debía aprender en el camino hacia donde realmente tenía que ir, porque no sabía a donde quería ir. Y cuando lo supe era algo tarde para un amor ahogado por el peso del pasado. Seguir leyendo “Nostalgia”

Un viejo cepillo de dientes

Estaba lleno de polvo y de repente apareció en la superficie. Mi hermana hablaba y me contaba que no encontraba ese cepillo de dientes. Sus noches compartidas que se difuminan en el alba recién comienzan y las nuestras hace ya tiempo no existen. Los acordes cotidianos que tan felices nos hacían para otros hoy son música que apenas está comenzando. En esos gestos que parecen de lo más mundano vemos como el otro se convierte en parte de nuestras vidas. Ella me hablaba, algo distraída, y ni siquiera sospechaba lo que en mi interior acontecía.

¿Seguirá estando en tu biblioteca esa caja vieja con mi cepillo de dientes? Tu casa aún está en mi retina vívida, tal y como era en los primeros encuentros, tal y como la vi en los últimos. Y mi casa sigue estando igual que cuando viniste por última vez. Tus fotos siguen en mi cuarto y las sigo viendo. Te sigo sintiendo.

Aunque la charla duró un segundo…. y aunque fuese de lo más cotidiano, tu recuerdo volvió tan vívido como siempre pero la ausencia más diluida, más translúcida, más desteñida.

Y mientras ella mencionaba que precisaba ese cepillo de dientes, que él la vería hoy en casa y quizás a la noche lo precisaba se me venían, desordenadas, las fotografías de nuestro tiempo. Noches de cartas, películas y cenas juntos, risas y canciones de cunas cantadas con torpeza, sueños claros de un futuro promisorio. Y ese cepillo de dientes que usabas cuando, pícaro, te extendía la invitación explícita y obligatoria para que conmigo te quedaras.

Te siento cada día más lejos y cada día más adentro. Los días se suceden, uno atrás del otro y parece que el tiempo está detenido en aquel momento. Detenido en aquel momento en el que, genuflexo, miré mi vida caerse como una torre de naipes a la que no podía detener de desmoronarse por haber hecho tan endeble su base.

La vida sigue teniendo sentido y a la vez lo perdió un poco, como si fuera una acuarela que de tanta luz perdió un poco su color. Todo es igual y a la vez tan diferente. Ya no sos mi presente y ya no usás acá tu cepillo de dientes.

Symcha Inwentarz: Una luz en la más absoluta oscuridad

CENTRO RECORDATORIO DEL HOLOCAUSTO – POR FABIÁN ÁLVAREZ

Y en ese momento en el que el mal absoluto se expresó, también se alzaron otras voces, otros brazos, otros cuerpos dispuestos a pelear del lado de los justos. Y de ellos si bien se sabe, no se escribe tanto ni vemos tantos libros en los escaparates de las librerías. Y estas líneas son un humilde intento de honrar su memoria, en particular la de Symcha Inwentarz. Ver galería de fotos.

Acerca de la Shoá han corrido ríos de tinta. Se han analizado las causas, los culpables y sus historias, el contexto histórico. Sobre los detalles más morbosos y tenebrosos podemos obtener miles y miles de páginas. Y a pesar de la creciente desaparición física de los sobrevivientes gracias a sus testimonios finales y las evidencias físicas que siguen apareciendo vamos a seguir, al menos por un largo tiempo, viendo aparecer libros y artículos sobre el tema.

Aunque el tiempo pase, la Shoá se convierte cada vez más en algo inabarcable porque nos interroga a todos, interpela a la condición humana y pone en el tapete la existencia de la maldad absoluta.

Y en ese momento en el que el mal absoluto se expresó, también se alzaron otras voces, otros brazos, otros cuerpos dispuestos a pelear del lado de los justos. Y de ellos si bien se sabe, no se escribe tanto ni vemos tantos libros en los escaparates de las librerías. Y estas líneas son un humilde intento de honrar su memoria, en particular la de Symcha Inwentarz.

Symcha Inwentarz es un héroe anónimo. Pocas veces se ha escrito sobre él y quien más se ha esforzado en mantener su memoria es su hija Larissa que lo describe como “un hombre humano, culto, sencillo… la persona que más he admirado en mi vida”. Muchos hijos podríamos decir esto de nuestros padres pero Larissa tiene mucho más por lo cual estar orgullosa de Symcha porque sin dudas fue un hombre extraordinario.

Para entender estas afirmaciones vamos a adentrarnos un poco en la historia de Larissa, la voz a través de la cual conocemos mejor a Symcha. Los padres de Larissa vivían en la Unión Soviética cuando fue invadida por la armada alemana. Si bien su padre era mayor, fue llamado a enrolarse para el servicio secreto de transmisión, por su profesión de ingeniero y un día llegó un trágico telegrama en el que se enteraron que había desaparecido. Se presume que fue fusilado.

Ahí comenzaron días duros de miseria y hambre indescriptibles para la familia de Larissa. Su madre tuvo múltiples empleos y en uno de ellos, conoció a Symcha Inwentarz, quien para Larissa es su padre.

Symcha nació en Varsovia, Polonia y durante la Segunda Guerra Mundial fue hacia Rusia, luchando permanentemente por sobrevivir, hasta que se encontró con Larissa y su familia. Sus intenciones eran las de ingresar en el ejército, pero al no poder ingresar terminó trabajando como tenedor de libros en una fábrica de azúcar. Ahí fue donde comenzó el camino que lo convirtió en uno de esos hombres grandes, que uno quisiera ser en caso de vivir situaciones límites. Entre los refugiados a los que atendía desde su trabajo había muchos huérfanos que calaron hondo en él.

Finalmente la guerra termino pero el infortunio de estos refugiados, en especial para los niños iba a seguir por mucho más tiempo y por eso Symcha decidió ponerse en acción para que los refugiados judíos pudiesen volver a su patria. Para esto consiguió dos locomotoras y 60 vagones y tras un largo viaje llegó a Polonia. Allí se buscaron sobrevivientes, familiares de estas personas sin mucho éxito. Algo que indigna tremendamente es la indiferencia del mundo y su gente durante todo este período, pero un hecho que me hace hervir la sangre y por un segundo perder la fe en la humanidad fueron los ataques de algunos polacos no judíos a polacos judíos –por antisemitismo o simplemente por no querer devolverle a los polacos judíos sus pertenencias- a su regreso, algo que Symcha vivió en carne propia. Su vida y ejemplo es lo que me hace recuperar una vez más mi fe en los hombres.

El viaje que comenzó con locomotoras continuó con camiones. En Polonia y en el resto del viaje más niños se sumaron. Estos niños no sabían leer ni escribir, algunos ni siquiera hablar. Vestían harapos y estaban hambrientos. Symcha no sólo era un buen hombre sino que, como dijimos, también era culto. Un pedagogo de nacimiento. Así les enseñó a todos el idish y el hebreo. Organizó con otros profesores clases de historia y hasta deportes. Symcha consideraba que un cuerpo sano les ayudaría a sanar las heridas del espíritu.

Finalmente llegaron a Francia 150 niños. No eran los mismos huérfanos que rescató Symcha. Estaban mejor vestidos y mejor arreglados y con la esperanza de un porvenir. Un porvenir en la tierra prometida, que aún no se llamaba Israel, sino Palestina.

Lamentablemente Symcha no pudo acompañar a esos niños por los que tanto dio. Su esposa debía ser operada y el grupo estaba listo para viajar en el Exodus. Sin embargo el barco fue detenido antes de llegar y algunos niños no sobrevivieron. Otros fueron a un campo de detención en Chipre. Sin embargo al final lograron establecerse en Israel.

El pensaba seguirlos un poco más adelante pero el destino tenía otros planes trazados para Symcha. Los tíos de Symcha vivían en Uruguay y tras la noticia convencieron a Symcha de emigrar a Uruguay en vez de Palestina a pesar del enorme apego que la familia sentía por todos los niños. Así, el 27 de diciembre de 1948 llegaron a Montevideo.

La vida de Symcha se no se redujo a esta epopeya heroica y un retiro tranquilo. No solo siguió en contacto con esos niños por el resto de su vida sino que se dedicó a educar a generaciones de niños en nuestro país. Y educadores con esa bravía realmente cambian el mundo.

Larissa

Los conocimientos que aprendió cuidando a sus inolvidables huérfanos los fue aplicando en el colegio en el que trabajó (la Escuela Scholem Aleichem). Cada generación con la que trabajó fue diferente. La primera, nutrida de inmigrantes que conocían el hebreo o el idish y a quienes eran fácil transmitirle los valores hebraicos. Luego vinieron los hijos, nietos y bisnietos de ellos. Los padres de sus alumnos también habían sido alumnos de este hombre. Formó parte de la historia de una comunidad y ayudó a moldearla.

Rescatar a los huérfanos marcó su misión en la vida. Vivió para la escuela. Vivió para enseñar y a través de la enseñanza para cambiar el mundo.

En la prensa montevideana, cuando Symcha murió salió un artículo titulado “Al maestro con cariño” en el que los huérfanos recordaban a este hombre por el amor que les dio. Merecidamente lo llamaban zeide (abuelo).

Y es deber de todos recordar esta luminaria en medio de la oscuridad porque si bien lo que Symcha hizo fue heroico y valiente, no fue sobrenatural. A veces nos vemos a nosotros mismos como minúsculos e insignificantes. Symcha no era un superhéroe. Era un hombre como nosotros. La diferencia entre gente como él y nosotros es, que por miedo o indiferencia, no conocemos nuestra misión en el mundo y la llevamos a la práctica.

Necesitamos tener claro que es lo correcto y actuar en consecuencia. Necesitamos inspirarnos en quienes, antes que nosotros, trazaron un camino a seguir. Un camino de rectitud, de ética intachable, de heroísmo. En las grandes y en las pequeñas situaciones de la vida. Quizás ninguno de nosotros viva una situación tan extrema, en la que la vida sea el costo de hacer lo correcto. Sin embargo por razones más banales a veces no hacemos lo que sabemos que tenemos que hacer. Symcha sabía lo que debía hacer y lo hizo. Es tiempo de que nosotros también lo hagamos, día a día.

“Eso de durar y transcurrir no nos da derecho a presumir, porque no es lo mismo que vivir honrar la vida…” y vaya que Symcha Inwentarz la honró.

La historia de Larissa y de su padre Symcha Inwentarz se recoge en el libro que se presentará el próximo 3 de julio de 2017 en la Kehilá. 

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Teatro Recomendado: Mujeres de Galeano

“No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta” Eduardo Galeano

Hacía mucho tiempo no iba al Teatro Circular. Los horarios de la boletería no son los más compatibles con mi vida. Mi vida o mejor dicho mis horarios, no son demasiado compatibles con los planes hechos con sólo una semana de anticipación (tiempo en el que podés sacar la entrada para las funciones de fin de semana).

Finalmente lo logré y llegué, por esas casualidades y por un destello de inteligencia en mi cerebro cansado por las rutinas ínfimas y cotidianas, a la boletería un jueves a la noche. Me dispuse a sacar entradas a espectáculos de los que nada sabía, porque hacía tiempo, que con el ajetreo, tampoco leía lo que contenía la cartelera de nuestro admirablemente nutrido teatro.

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El nombre Galeano sin embargo es algo que ningún uruguayo que se precie de tener una mínima cultura general ignora. Y puede ser del gusto o no de uno pero cuando uno se enfrenta a esa palabra, a ese apellido, a ese formidable GALEANO en el título, en la portada, póster o afiche de algo, sabe que está frente a algo de calidad. Seguir leyendo “Teatro Recomendado: Mujeres de Galeano”

A propósito del Social Circle #3: Jóvenes, tecnología e innovación para generar

A propósito del Social Circle #3: Jóvenes, tecnología e innovación para generar

Organizado por Alumni Uruguay (organización que reúne a los ex becarios de programas de intercambio, estudio y perfeccionamiento, financiados por el Departamento de Estado, administrados por Comisión Fulbright y la Embajada de los Estados Unidos) el evento Social Circle #3 reunió a ex becarios para debatir sobre la aplicación de nuevas tecnologías e innovación aplicada a la educación, en particular proyectos sociales. Seguir leyendo “A propósito del Social Circle #3: Jóvenes, tecnología e innovación para generar”

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