Buscar

Symcha Inwentarz: Una luz en la más absoluta oscuridad

CENTRO RECORDATORIO DEL HOLOCAUSTO – POR FABIÁN ÁLVAREZ

Y en ese momento en el que el mal absoluto se expresó, también se alzaron otras voces, otros brazos, otros cuerpos dispuestos a pelear del lado de los justos. Y de ellos si bien se sabe, no se escribe tanto ni vemos tantos libros en los escaparates de las librerías. Y estas líneas son un humilde intento de honrar su memoria, en particular la de Symcha Inwentarz. Ver galería de fotos.

Acerca de la Shoá han corrido ríos de tinta. Se han analizado las causas, los culpables y sus historias, el contexto histórico. Sobre los detalles más morbosos y tenebrosos podemos obtener miles y miles de páginas. Y a pesar de la creciente desaparición física de los sobrevivientes gracias a sus testimonios finales y las evidencias físicas que siguen apareciendo vamos a seguir, al menos por un largo tiempo, viendo aparecer libros y artículos sobre el tema.

Aunque el tiempo pase, la Shoá se convierte cada vez más en algo inabarcable porque nos interroga a todos, interpela a la condición humana y pone en el tapete la existencia de la maldad absoluta.

Y en ese momento en el que el mal absoluto se expresó, también se alzaron otras voces, otros brazos, otros cuerpos dispuestos a pelear del lado de los justos. Y de ellos si bien se sabe, no se escribe tanto ni vemos tantos libros en los escaparates de las librerías. Y estas líneas son un humilde intento de honrar su memoria, en particular la de Symcha Inwentarz.

Symcha Inwentarz es un héroe anónimo. Pocas veces se ha escrito sobre él y quien más se ha esforzado en mantener su memoria es su hija Larissa que lo describe como “un hombre humano, culto, sencillo… la persona que más he admirado en mi vida”. Muchos hijos podríamos decir esto de nuestros padres pero Larissa tiene mucho más por lo cual estar orgullosa de Symcha porque sin dudas fue un hombre extraordinario.

Para entender estas afirmaciones vamos a adentrarnos un poco en la historia de Larissa, la voz a través de la cual conocemos mejor a Symcha. Los padres de Larissa vivían en la Unión Soviética cuando fue invadida por la armada alemana. Si bien su padre era mayor, fue llamado a enrolarse para el servicio secreto de transmisión, por su profesión de ingeniero y un día llegó un trágico telegrama en el que se enteraron que había desaparecido. Se presume que fue fusilado.

Ahí comenzaron días duros de miseria y hambre indescriptibles para la familia de Larissa. Su madre tuvo múltiples empleos y en uno de ellos, conoció a Symcha Inwentarz, quien para Larissa es su padre.

Symcha nació en Varsovia, Polonia y durante la Segunda Guerra Mundial fue hacia Rusia, luchando permanentemente por sobrevivir, hasta que se encontró con Larissa y su familia. Sus intenciones eran las de ingresar en el ejército, pero al no poder ingresar terminó trabajando como tenedor de libros en una fábrica de azúcar. Ahí fue donde comenzó el camino que lo convirtió en uno de esos hombres grandes, que uno quisiera ser en caso de vivir situaciones límites. Entre los refugiados a los que atendía desde su trabajo había muchos huérfanos que calaron hondo en él.

Finalmente la guerra termino pero el infortunio de estos refugiados, en especial para los niños iba a seguir por mucho más tiempo y por eso Symcha decidió ponerse en acción para que los refugiados judíos pudiesen volver a su patria. Para esto consiguió dos locomotoras y 60 vagones y tras un largo viaje llegó a Polonia. Allí se buscaron sobrevivientes, familiares de estas personas sin mucho éxito. Algo que indigna tremendamente es la indiferencia del mundo y su gente durante todo este período, pero un hecho que me hace hervir la sangre y por un segundo perder la fe en la humanidad fueron los ataques de algunos polacos no judíos a polacos judíos –por antisemitismo o simplemente por no querer devolverle a los polacos judíos sus pertenencias- a su regreso, algo que Symcha vivió en carne propia. Su vida y ejemplo es lo que me hace recuperar una vez más mi fe en los hombres.

El viaje que comenzó con locomotoras continuó con camiones. En Polonia y en el resto del viaje más niños se sumaron. Estos niños no sabían leer ni escribir, algunos ni siquiera hablar. Vestían harapos y estaban hambrientos. Symcha no sólo era un buen hombre sino que, como dijimos, también era culto. Un pedagogo de nacimiento. Así les enseñó a todos el idish y el hebreo. Organizó con otros profesores clases de historia y hasta deportes. Symcha consideraba que un cuerpo sano les ayudaría a sanar las heridas del espíritu.

Finalmente llegaron a Francia 150 niños. No eran los mismos huérfanos que rescató Symcha. Estaban mejor vestidos y mejor arreglados y con la esperanza de un porvenir. Un porvenir en la tierra prometida, que aún no se llamaba Israel, sino Palestina.

Lamentablemente Symcha no pudo acompañar a esos niños por los que tanto dio. Su esposa debía ser operada y el grupo estaba listo para viajar en el Exodus. Sin embargo el barco fue detenido antes de llegar y algunos niños no sobrevivieron. Otros fueron a un campo de detención en Chipre. Sin embargo al final lograron establecerse en Israel.

El pensaba seguirlos un poco más adelante pero el destino tenía otros planes trazados para Symcha. Los tíos de Symcha vivían en Uruguay y tras la noticia convencieron a Symcha de emigrar a Uruguay en vez de Palestina a pesar del enorme apego que la familia sentía por todos los niños. Así, el 27 de diciembre de 1948 llegaron a Montevideo.

La vida de Symcha se no se redujo a esta epopeya heroica y un retiro tranquilo. No solo siguió en contacto con esos niños por el resto de su vida sino que se dedicó a educar a generaciones de niños en nuestro país. Y educadores con esa bravía realmente cambian el mundo.

Larissa

Los conocimientos que aprendió cuidando a sus inolvidables huérfanos los fue aplicando en el colegio en el que trabajó (la Escuela Scholem Aleichem). Cada generación con la que trabajó fue diferente. La primera, nutrida de inmigrantes que conocían el hebreo o el idish y a quienes eran fácil transmitirle los valores hebraicos. Luego vinieron los hijos, nietos y bisnietos de ellos. Los padres de sus alumnos también habían sido alumnos de este hombre. Formó parte de la historia de una comunidad y ayudó a moldearla.

Rescatar a los huérfanos marcó su misión en la vida. Vivió para la escuela. Vivió para enseñar y a través de la enseñanza para cambiar el mundo.

En la prensa montevideana, cuando Symcha murió salió un artículo titulado “Al maestro con cariño” en el que los huérfanos recordaban a este hombre por el amor que les dio. Merecidamente lo llamaban zeide (abuelo).

Y es deber de todos recordar esta luminaria en medio de la oscuridad porque si bien lo que Symcha hizo fue heroico y valiente, no fue sobrenatural. A veces nos vemos a nosotros mismos como minúsculos e insignificantes. Symcha no era un superhéroe. Era un hombre como nosotros. La diferencia entre gente como él y nosotros es, que por miedo o indiferencia, no conocemos nuestra misión en el mundo y la llevamos a la práctica.

Necesitamos tener claro que es lo correcto y actuar en consecuencia. Necesitamos inspirarnos en quienes, antes que nosotros, trazaron un camino a seguir. Un camino de rectitud, de ética intachable, de heroísmo. En las grandes y en las pequeñas situaciones de la vida. Quizás ninguno de nosotros viva una situación tan extrema, en la que la vida sea el costo de hacer lo correcto. Sin embargo por razones más banales a veces no hacemos lo que sabemos que tenemos que hacer. Symcha sabía lo que debía hacer y lo hizo. Es tiempo de que nosotros también lo hagamos, día a día.

“Eso de durar y transcurrir no nos da derecho a presumir, porque no es lo mismo que vivir honrar la vida…” y vaya que Symcha Inwentarz la honró.

La historia de Larissa y de su padre Symcha Inwentarz se recoge en el libro que se presentará el próximo 3 de julio de 2017 en la Kehilá. 

unnamed.png

Teatro Recomendado: Mujeres de Galeano

“No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta” Eduardo Galeano

Hacía mucho tiempo no iba al Teatro Circular. Los horarios de la boletería no son los más compatibles con mi vida. Mi vida o mejor dicho mis horarios, no son demasiado compatibles con los planes hechos con sólo una semana de anticipación (tiempo en el que podés sacar la entrada para las funciones de fin de semana).

Finalmente lo logré y llegué, por esas casualidades y por un destello de inteligencia en mi cerebro cansado por las rutinas ínfimas y cotidianas, a la boletería un jueves a la noche. Me dispuse a sacar entradas a espectáculos de los que nada sabía, porque hacía tiempo, que con el ajetreo, tampoco leía lo que contenía la cartelera de nuestro admirablemente nutrido teatro.

mujeres galeano 1.png

El nombre Galeano sin embargo es algo que ningún uruguayo que se precie de tener una mínima cultura general ignora. Y puede ser del gusto o no de uno pero cuando uno se enfrenta a esa palabra, a ese apellido, a ese formidable GALEANO en el título, en la portada, póster o afiche de algo, sabe que está frente a algo de calidad. Seguir leyendo “Teatro Recomendado: Mujeres de Galeano”

A propósito del Social Circle #3: Jóvenes, tecnología e innovación para generar

A propósito del Social Circle #3: Jóvenes, tecnología e innovación para generar

Organizado por Alumni Uruguay (organización que reúne a los ex becarios de programas de intercambio, estudio y perfeccionamiento, financiados por el Departamento de Estado, administrados por Comisión Fulbright y la Embajada de los Estados Unidos) el evento Social Circle #3 reunió a ex becarios para debatir sobre la aplicación de nuevas tecnologías e innovación aplicada a la educación, en particular proyectos sociales. Seguir leyendo “A propósito del Social Circle #3: Jóvenes, tecnología e innovación para generar”

Ausencias

Ausencias

Nunca voy a volver a tocar tu cuerpo. Nunca voy a sentir tu olor teñido en mis sábanas y tus sueños nunca se posarán nuevamente en mi almohada. Nunca volveré a cantar una canción de cuna para que a Morfeo te entregues. Pero no puedo dejarte ir. Aún no puedo. Seguir leyendo “Ausencias”

Un epitafio para mi pequeña Samantha

Llegaste una noche a mi vida. Mis manos pequeñas no podían contener la emoción aunque cabías, minúscula en ellas. Y esa noche de un mes de invierno o de una fría primavera de 1998 entraste a nuestro primer hogar en Juana de Arco. Mientras te agarraba y sentía tu piel blanca en mi pecho, orgulloso y magnánimo se acercaba Oliver al que adoptaste como otra madre. Ese idilio duró unos meses, mientras crecías a pasos agigantados, trepándote en un improvisado árbol que hoy te sobrevive. El instinto es letal y esa madre se convirtió con tu florecimiento en un gatuno pretendiente… al que alejamos como si se tratara de Montescos y Capuletos por lo pequeña que aún eras. Y en este Romeo y Julieta, a tu primer Romeo se lo llevó la parca, que olía a instinto y de pronto estábamos solos, tu y yo.

La pena parecía inconmensurable, en mi corazón de 9 años y tu desasosiego era entendible. Aún cachorra enfrentabas una segunda partida. Y mis brazos se volvieron tu refugio, tu abrazo, y tu cuerpo mi calor, mi consuelo. Y así empezó aquella amistad de amor incondicional, que como todo amor verdadero, trasciende y trascenderá nuestro tiempo.

Ese niño empezó a crecer y tú creías a su lado, fiel como perro obediente, pero con hocico coronado de elegantes bigotes de aristogata. Y el tiempo pasaba y mi historia se complicaba. El acoso y las dificultades de ser el niño diferente en la escuela se transformaron en el bullying de ser el joven que en ningún lugar podía encajar salvo al refugiarse en su cuarto, en su cama, con tus ronroneos como canción de cuna.

Con la adolescencia comenzó una etapa de descubrimiento en la que tú, mi fiel compañera, mirabas en silencio. Tus sonidos eran solo muestra de que querías mimos. A veces parecía que me respondías con maullidos aquellas palabras tiernas que yo te decía, mi señorita. Y esos diálogos eran almíbar en mis oídos acostumbrados a los insultos y a la desaprobación del mundo exterior.

Luego me fui durante un año, en el que me redescubrí pero en el que ni por un segundo dejé de extrañarte. Te me aparecías en sueños y cuando un almohadón le daba calor a mis pies mi mente lo transformaba en tu presencia. Al volver, airada y ofendida, durante algunos momentos quisiste ignorarme, pero al rato volvíamos a ser carne y uña.

Y de esa manera se dio en cada uno de mis viajes, de mis escapadas, de mis locuras… conmigo permanecías incluso cuando algún amor de pocas noches conmigo se quedaba. Esa infancia y adolescencia de repente empezaron a pasar facturas y durante un tiempo mucho costó que yo abandonara el lecho. Y en ese tiempo de depresión, al que se le sucedería a los pocos años otra enfermedad, nunca dejaste de estar a mi lado, atenta a lo que me pasaba, acompañándome y haciendo posible que yo volviese a ser.

Para algunos la adolescencia es el tiempo de los primeros amores pero para mí Diego y Santiago vinieron después. Y éste último llegó a compartir mucho tiempo contigo y conmigo pero siempre tuvo claro cuál era su lugar. A veces Santiago y yo nos mimábamos en la cama y como siempre con tus celos entre nosotros te posabas. Siempre que me acompañaba a ti te gustaba marcar presencia. Lo que no sé es si habrás entendido que mi corazón es enorme y tiene espacio para amar muchísimo pero es difícil que algún amor opaque al que siento por vos, mi chiquitita. Y entre estornudos, antialérgicos convivieron vos y él, mis dos grandes amores.

Y en el final, con tu tos sSamieca, con tus pelos cada vez más blancos y tus pocos dientes aún seguías elegante y coqueta caminando con parsimonia y acompañándome en todo. Tan unidos éramos que cuando te empezaste a rendir, fue a mi cuarto a donde fuiste para prepararte para partir. Y tan sincronizados estábamos que allí enseguida te encontré y juntos fuimos a la veterinaria donde extendimos por unos días tu vida.

Ese tiempo que nos regalamos nos sirvió para despedirnos, para que pudiera decirte cuanto te amé, lo difícil que sería la vida sin ti y para darte las gracias. Y también un poco de helado de dulce de leche, que era también tu perdición.

Esperaste a que me fuera porque sabías que yo no lo soportaría y cuando volví ya no estabas. Y pasan las horas, los días y las semanas y miro en los rincones pensando que te voy a encontrar. Camino por los pasillos, hablo en voz alta como lo hacía cuando estabas cerca, a sabiendas de que en el final ya estabas sorda… Las hojas del helecho, cada vez más largas, rozan mi nuca y me recuerdan a cuando lo hacías vos, que te acostabas en ese lugar y cuando veías que me sentaba, te despertabas para adueñarte de mí regazo.

Y aunque sé que eso no pasará, no dejo de pensarte y de extrañarte.

Lo que me queda es desearte un muy bien viaje y tener la confianza de que nos encontraremos del otro lado del arcoíris.

¡Me hiciste un niño, un joven y un hombre muy feliz, mi Samantita!

Dos cajas de té

Abro el gabinete y allí las veo, rosada y con el Big Ben, insolentes. Dos cajas con bolsas de té que me avizoran tu ausencia cada vez que abro la despensa. Cada vez que miro ese té, que compré para tomar contigo, pienso en esas charlas sin pronunciar. Y me viene a la mente un millón de preguntas que se reducen a saber cómo estás, qué estás leyendo últimamente, que cosas me tendrías para contar… conversaciones que sin duda darían teniendo en nuestras manos esa infusión caliente que solo contigo quisiera tomar. Hoy esas conversaciones solo se encuentran atrapadas en mi mente, como fantasmas que no pueden salir de su castillo embrujado. Seguir leyendo “Dos cajas de té”

Un tiempo al que no puedo volver

La ciudad se impregna en mi retina con la agridulce calidez de tu recuerdo y aunque hasta a mí mismo me lo niegue aún a diario te pienso.

La vida sigue tan igual y tan diferente y no dejo de tenerte presente cuando atravieso lugares por los que juntos pasamos en el pasado o en mis sueños o en nuestro futuro por mí arrebatado.

Arrebolado y peregrino me siento sin mi ancla. Hoy que no estás conmigo estoy en carne viva, calcinado. Seguir leyendo “Un tiempo al que no puedo volver”

Πάντα ῥεῖ

Todo fluye y fue el principio de un amor de principio roto, de comienzo precipitado, de desarrollo torpe y de final anunciado. En las primeras palabras en clave de premonición parecía conjugarse esta historia de amor.

Amor cobarde amputado en mi mentira, que antes sentía casi inocente, imperceptible y que a nadie hería. Terminamos ambos lastimados porque no pude a tiempo ni por nuestro cielo abandonar, como el otoño a sus hojas, mi pasado, mis demonios, mis patrones. Seguir leyendo “Πάντα ῥεῖ”

Una reflexión personal tras el Acto Central Comunitario a un año de la muerte de David Fremd (Z’’L)

El pasado domingo 19 de marzo se realizó en la Kehilá un acto en memoria de David Fremd tras un año de su asesinato. Se han escrito ríos de tinta sobre el tema y sin embargo parece no haberse agotado. No salimos de nuestra consternación, de nuestro dolor, de nuestra incomprensión. Seguir leyendo “Una reflexión personal tras el Acto Central Comunitario a un año de la muerte de David Fremd (Z’’L)”

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: