Desde mayo hasta la fecha se encuentra en cartel una obra de teatro con un título curioso “Un informe sobre la banalidad del amor”. Lo primero que alguien se pregunta es ¿el amor es banal? ¿puede acaso serlo?

La obra está basada en el libro dImageel escritor argentino Mario Diament.

Trata sobre la increíble historia de amor entre la estudiante judía y futura cientista política (como a ella le gustaba ser llamada) Hannah Arendt y su profesor de filosofía Martín Heidegger.

Lo increíble de la historia no es la diferencia de edad ni tampoco que Heidegger estuviese casado, sino que, con el correr de los años, como al obra nos muestra, este profesor de filosofía va desarrollando tendencias pro nazis, incluso siendo rector de una importante universidad durante el régimen tan cruel para todos los judíos.

Heidegger sentía simpatías por la propuesta de cambio de los nazis, su esposa aún más. Igualmente en sus cartas dice que Arendt fue quien mejor lo comprendía. Sin embargo nunca se declaró, incluso tras la caída del nazismo, en contra del régimen y del rol que ocupó en él.

Según los testimonios de cercanos a ambos, Arendt impactaba con su presencia, teniendo un poder de oratoria que misturaba la autoridad con la timidez, fascinando a su auditorio. Al ser judía, su vida en Alemania pasó a correr riesgo a medida que Hitler fue ganando poder.

Incluso Diament se vale de este recurso, de la correspondencia entre ambos y de los testimonios que dan, e incluye fragmentos de las correspondencias entre el filósofo, que tenía 17 años más que ella.

La obra fue puesta en escena en Argentina y luego en Uruguay, en donde contó con el desafío logístico del escenario dado que la audiencia está ubicada a ambos lados del escenario. Cuenta con la actuación estelar de Sergio Pereira y Bettina Mondino y la dirección de Marcelino Duffau.

Supone un enorme desafío traer tantos años de historia al escenario, especialmente por lo oscuro que fueron dichos años para la humanidad y hacer resaltar el amor a pesar de todo. Como dice el personaje de Hannah “el amor es amoral”.

El dramaturgo imagina cinco encuentro entre sus personajes, a través de los cuales va describiendo el propio devenir histórico de Alemania, cruzado en principio por el ascenso del nazismo, seguido por el apogeo y la posterior caída: la primera reunión se realiza en una oficina de la Universidad de Marburgo en 1925, cambiada después por una habitación de hotel año siguiente, por un banco de una plaza berlinesa en 1930, por otro cuarto de Marburgo en 1933 y por un café de Friburgo en 1950.

La obra puede ser vista en la sala 2 del Teatro del Anglo, presentada por las Embajadas de Alemania e Israel, los viernes y sábados a las 21 horas y los domingos a las 19 horas.

Detrás de escena se encuentran Ana Arrospide (vestuario), Gustavo Goldman (música), Mauro Martella (fotografía), y Fernando Scorsela (luces).

A instancias del Taller brindado por Adela Vaz y Tiso Silvera sobre la obra, el nazismo y su actitud frente al arte (enfatizando en el cine) y sobre la obra más específicamente, tuvimos la chance de hablar con los actores y la producción e intercambiar ideas.

El intérprete de Heidegger, visiblemente emocionado por las escenas que acababa de interpretar, junto con su compañera hablaron de lo difícil que es interpretar un personaje histórico y hacerlo humano.

En el intercambio hubo personas que pensaron que el amor no es amoral al punto tal que una señora enojada, cuestionaba la moralidad de los personajes y dijo que la vida no era así, que era todo un relajo. Las actuaciones, por demás convincentes, dejaron un efecto evidentemente profundo en los espectadores, al punto tal que esta señora, a modo de anécdota, salió enojada de la presentación.

A continuación les dejo una carta de Heidegger a Hannah Arendt:

¡Queridísima!

Gracias por tu carta. Si solamente pudiera decirte cómo soy feliz contigo, acompañándote mientras tu vida y mundo se abren de nuevo. Puedo ver apenas cuánto has entendido y cómo todo es providencial.

Nadie aprecia jamás la experimentación consigo mismo, por esa circunstancia, todos los compromisos, técnicas, moralización, escapismo y cerrazón puede inhibir y torcer la providencia de Ser.

Esta distorsión gira en torno a cómo, a pesar de todos nuestros sustitutos para la “fe”, no tenemos ninguna fe genuina en la existencia en sí misma, y no entendemos cómo sostener cosa como esa por nosotros mismos.

Esta fe en la providencia no excusa nada, y no es un escape que me permitirá terminar conmigo de una manera fácil. Solamente esa fe –que como fe en el otro es amor- puede realmente aceptar al “otro” totalmente.

Cuando vi que mi alegría en ti es grande y en crecimiento, eso significó que también tengo fe en todo lo que sea tu historia.

No estoy erigiendo un ideal, aún menos estaría tentado jamás a educarte, o a cualquier cosa que se asemeje a eso.

Por suerte, a ti, como eres y seguirás siendo con tu historia, así es como te quiero. Sólo así es el amor fuerte para el futuro y no sólo el placer efímero de un momento. Sólo entonces es el potencial del “otro” también movido y consolidado por las crisis y las luchas que siempre se presentan.

Pero tal fe también se guarda de emplear mal la confianza del “otro” en el amor. Amor que pueda ser feliz en el futuro ha echado raíz. El efecto de la mujer y su ser es mucho más cercano a los orígenes para nosotros los hombres, menos transparentes, por lo tanto, providencial pero más fundamental.

Tenemos un efecto solamente en cuanto somos capaces de dar. Si el “regalo” es aceptado siempre inmediatamente o en su totalidad, es una cuestión de poca importancia. Y nosotros, cuanto mucho, sólo tenemos el derecho de existir si somos capaces de que nos importe.

Nosotros podemos dar solamente lo que pedimos de nosotros mismos. Y es la profundidad con la cual yo mismo puedo buscar mi propio Ser, que determina la naturaleza de mi ser hacia otros.

Y ese amor es la herencia gratificante de la existencia, que puede ser. Y así es que la nueva paz se desprende de tu rostro, el reflejo no de una felicidad que flota libremente, pero sí de la resolución y la bondad en las cuales tú eres enteramente tú.

Tu Martin

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