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septiembre 2013

Las palabras derrumban más que los golpes

Tengo muchas experiencias en este sentido.

Desde el bullying que sufrí de niño y adolescente, donde me definían como el otro, en oposición a ellos, a la normalidad hasta la actualidad.

Incluso unas palabras de mi papá que no puedo olvidar. O aquellas que mi tía dijo una Navidad, quizás con el objetivo de ser graciosa.

Cada vez que el chico que amo quiere alejarme, lo hace a través de palabras y mensajes horribles que creo que no siente, pero que yo no puedo borrar de mi mente y me perforan el alma.

Escribo porque siento un dolor inmenso que no puedo superar y porque de este dolor puedo dar un consejo:

Controlen lo que dicen, busquen las palabras que realmente definan sus sentimientos y que puedan mantener en el tiempo, que sean realmente lo que piensan.

Hay verdades dolorosas y solo hay palabras dolorosas para definirlas.

Pero son más las realidades dolorosas que construimos con el vocablo que aquellos hechos o verdades que armamos con palabras hirientes.

Es un ejercicio que trato de hacer a diario. No siempre con éxito, pero a veces si.

If this was a movie you’d be here by now…

If this was a movie you’d be here by now…

Esta frase es una frase de una canción de Taylor Swift. Y representa muchas cosas de las que creo respecto al amor.

Es una visión ingenua y quizás tonta. Seguir leyendo “If this was a movie you’d be here by now…”

Desnudándome: Hacer tripas corazón.

MAFALDAHace tiempo que no escribo, y no porque no existan cosas que me inspire compartir con el resto. Vi películas y obras de teatro que removieron sentimientos, leí libros que son generadores de reflexiones y experiencias y he vivido algunas cosas de las que creo aprendí algo.

Sin embargo, quería resguardarme, tener esas experiencias sólo para mí. Y de hecho hace tiempo que quiero preservarme, que quiero estar más encerrado en mí mismo, para poder reflexionar sobre el rumbo  que estoy tomando y poder saber si realmente es el camino que quiero para mí.  De hecho ni siquiera escribir en mi diario.

Voy a escribir algunas notas ahora para distraerme, para no pensar. Esta va a ser la nota en la que reflexione sobre mí.

Este año, desde octubre del año pasado en realidad, ha sido un período lleno  de cambios. Lleno de errores.

Volví de Brasil tras vivir una experiencia que me cambió mucho, que me empoderó y dio confianza. En Brasil viví mi intercambio a través de AIESEC, una organización a la que pertenecí y que quiero mucho.

Con esa confianza pensé que iba a retomar mi camino con más decisión. Sin embargo eso no fue lo que pasó.

Me enamoré y empecé una historia en la que por primera vez visioné un futuro, incluso mentalmente crecí raíces en Uruguay, algo que realmente nunca había considerado antes. Siempre me vi como un ciudadano del mundo, como un vagabundo  con un futuro incierto, lleno esperanza en movimiento.

Con él empecé a ganar confianza en mí mismo, particularmente en mi cuerpo, algo que tampoco nunca había tenido. Con esa confianza falsa, empecé a compartir mi cuerpo y mi tiempo con gente que no valía la pena. Y fue, en definitiva, el comienzo del fin de esa historia de la que no me puedo recuperar.

Con eso, las raíces se retrajeron pero no siento liviano mi corazón gitano, como lo sentía antes. Antes no conocía esa sensación de pertenecer a un proyecto de vida, y por ende el mundo era un lienzo en blanco para que yo pintara con los colores que quisiera, la historia que prefiriera. Ahora quizás el mundo es un lienzo en blanco, pero yo ya no soy un pincel nuevo. Mi corazón ya no está en blanco.

Y mi estado emocional afectó todo el resto.

Hice algunas cosas que había que hacer. Empecé a encarar más sanamente mi insomnio y logro conciliar el sueño, quizás por la tristeza, sin tantas pastillas. Dejé AIESEC y me desprendí de cosas que ya habían caducado.

Pero por otro lado, no pude tener continuidad laboral, abandoné mi terapia y tampoco pude terminar un año de estudios de forma exitosa. Y eso menoscaba mi autoestima. Me sé inteligente y capaz pero no hay nada en mi vida que acredite eso.

Hubo algo en lo que fui bastante constante, en un proyecto en el que trabajo que se llama Proyecto Shoá. Con mi psicóloga hablábamos de cómo en el caos lograba ser constante en esto, para desentrañar las razones y ver si podíamos usar esos buenos hábitos en otras dimensiones de mi vida. Supongo que me comprometo tanto porque este proyecto es terapéutico para mí. Hablar de bullying, de discriminación y de otros problemas con adolescentes es una forma de reconciliarme con mi adolescencia de abusos. Además todos tenemos la necesidad de un grupo de pertenencia. Yo quizás elegí bastante peculiarmente el mío.

Entonces este año es otro año de repensarme. Es el año en el que pienso lo que Mafalda pensaba. “Paren el mundo que me quiero bajar.” El mundo sigue, yo tuve que parar. No me dan las fuerzas para seguir y necesito estar quieto.

Por lo menos tengo un plan de acción. Y eso es algo. Sin embargo el infierno está empedrado de buenas intenciones. Tendremos que ver si se concreta.

Me siento cautelosamente esperanzado de que algunas cosas saldrán bien. Tienen que salir.

 

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