Tengo muchas experiencias en este sentido.

Desde el bullying que sufrí de niño y adolescente, donde me definían como el otro, en oposición a ellos, a la normalidad hasta la actualidad.

Incluso unas palabras de mi papá que no puedo olvidar. O aquellas que mi tía dijo una Navidad, quizás con el objetivo de ser graciosa.

Cada vez que el chico que amo quiere alejarme, lo hace a través de palabras y mensajes horribles que creo que no siente, pero que yo no puedo borrar de mi mente y me perforan el alma.

Escribo porque siento un dolor inmenso que no puedo superar y porque de este dolor puedo dar un consejo:

Controlen lo que dicen, busquen las palabras que realmente definan sus sentimientos y que puedan mantener en el tiempo, que sean realmente lo que piensan.

Hay verdades dolorosas y solo hay palabras dolorosas para definirlas.

Pero son más las realidades dolorosas que construimos con el vocablo que aquellos hechos o verdades que armamos con palabras hirientes.

Es un ejercicio que trato de hacer a diario. No siempre con éxito, pero a veces si.

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