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octubre 2013

Crecer duele

Aguantar

nuevas reglas ilógicas

sentirse por fuera

pero cada día nuevo

sentirse más adentro

con más pertenencia y entendimiento.

 

Permanecer

en un ambiente asfixiante

aunque con momentos de goce

compartidos

con gente que no es amiga

pero que existe demasiado de vivido juntos.

 

Cuando escribía esto

pensaba en la oficina.

Porque lo hacía allí

Pero ahora también pienso en el liceo y en la escuela.

 

Supongo que así son muchos ambientes

que nos hacen –o “ayudan”- a crecer.

 

Acá estoy como en el primer escalón

a un futuro.

Si es que se alinean las dimensiones de mi vida

logro independencia y alegría

en el amor y la familia.

Y en eso tengo fe.

 

Estoy en el camino correcto.

Iniciándolo.

Una vez más.

Aguantando.

Tomando bocanadas de aire fresco siempre que puedo.

 

¿Llegará el día en el que el trabajo me de dicha?

Si persevero,

todo en la vida llega.

Además, en la vida todo tiene su cuota de alegría…

y una pizca de pimienta.

Liviandad de corazón

Liviano siento el corazón

cuando ignoro las penas de amor

raro es, empero

que esa ignorancia sea algo sincero.

 

Hoy sincero es ignorar

todo lo que siento

hasta que el mas mínimo estímulo

me haga recordar…

 

Ver mil amaneceres al mediodía

en un cuarto sin ventanas sanas

solo una cubierta de sábana

por donde tímidos rayos de luz

osan romper el hechizo.

 

Pero romperlo implicaba un nuevo comienzo.

Dulce, muchas veces literalmente

con un desayuno en amor.

 

La separación tras el día compartido

se hacía algo sombría pero

se iluminaba por la perspectiva

de una nueva jornada compartida

más temprano que tarde.

Ya no puedo sentir liviano el corazón

por la promesa de un nuevo encuentro

porque aunque lo vea

no sé como actuar

porque aunque lo ame

él no es mío.

 

Pero me siento liviano porque

empiezo a recordar

que tras la tormenta sale el sol

y en las tardes encerrado en una oficina

te evoco y me sonrío agridulcemente.

 

Siempre recordaré tu dulzura

y anhelaré volver a la liviandad que sentía al tenerte

y no simplemente al recordarte

con un poco de dolor y muchísima añoranza.

Cuaderno abierto

Contando lo que contar no hay

a gente con la que trabajo

siento desparpajo

y no debería sentirme laxo

con ojos y pestañas que giran

y mentes que juzgan.

 

Juzgan y evalúan hechos y procesos

ignorando que detrás

son personas con sesos,

sentimientos e historias que más que detrás

de las manos y dedos que escriben su trabajo

están por delante, operándolas.

 

Y muchas veces esas personas

claman consuelo

un oído, una mano amigable

de otra persona que

debería darse cuenta que antes del proceso es persona.

 

Nunca voy a olvidar

aquello que a mí me hace persona.

Estéril sería pretender

no ser sensible o peor,

ser indiferente.

 

Antes de que inicie cualquier tarea

mi primer asunto diario

es levantarme y que el reflejo del espejo

muestre una persona feliz con quien es y con lo que hace con sus congéneres.

 

¿Cuál es tu primer tarea diaria?

Mi pasado

Mi pasado es como un libro de hojas amarillentas

que aún puedo leer

el problema de que aún pueda leerlo

es que hay páginas escritas en rojo

y son las que más puedo leer, las que más contrastan con el amarillo.

 

Paginas cargadas de malos recuerdos

que formaron mi personalidad

y que yo siento me definen.

 

Sin embargo, poco a poco pienso,

que me definen

me definen en lo que más importante yo siento

de mi personalidad.

 

Decir estar agradecido de tener páginas rojas

es ser hipócrita y falso.

 

¿Quién no quisiera la ausencia del dolor?

O quizás es muy posmoderno mi pensamiento.

Pero así es como me siento

respecto a mi pasado.

 

Mi pasado es la parte recorrida,

del camino que me queda,

hacia un futuro mejor.

 

Quiero buenos compañeros en ese camino

y caminando juntos a la par.

Y creo que es en este preciso momento

en el que me doy cuenta de que ya tengo acervo

de hombros para llorar

de locos lindos con los que reírme

y cajas de pandora en la que guardar todos mis secretos.

 

También tengo amigos que compartieron parte de la ruta

que son parte del pasado y que por tanto me definen.

Quizás reaparezcan

quizás no.

 

Pero no me arrepiento del camino recorrido.

Todo me llevó al momento en el que puedo mirar el cielo

y decir, a pesar de todo

gracias que estoy vivo.

“Te extraño mucho”

Este mensaje de texto que me escribió él (a esta altura, si vienen siguiendo mi blog saben que es mi ex, por el cual siglo locamente enamorado) me hizo pensar.

Para comenzar ¿qué es extrañar?

Con el corazón nerd que tengo fui a la página web de la Real Academia Española (www.rae.es – altamente recomendable) y busqué la palabra. Porque si bien puede ser simple, puede ser una palabra que usemos en la cotidianeidad, es bueno desentrañar su origen y significancia.

Viene del latín extraneāre y en sus acepciones 2 y 3, que son las pertinentes al caso dice:

3. tr. Sentir la novedad de algo que usamos, echando de menos lo que nos es habitual. No he dormido bien porque extrañaba la cama.

4. tr. Echar de menos a alguien o algo, sentir su falta. Lloraba el niño extrañando a sus padres.

 

Entonces Diego me extraña porque echa de menos lo que le es habitual, una relación poco sana, con muchos conflictos pero a la vez con sus alegrías  o simplemente siente mi falta.

Yo supongo que siente mi falta. Extrañar algo que está roto porque nos es habitual, por costumbre es un hábito poco sano y lo creo más inteligente que eso.

El problema no está en que yo no lo extrañe. Si los dos nos amamos y extrañamos, esto sería muy fácil. Volver sería una conclusión natural.

Pero uno de los problemas es que yo me extraño a mi mismo.

Yo extraño al niño y adolescente bueno, que vestía en colores pastel y usaba siempre una cruz, que tenía una fe inquebrantable en sus valores, y que parecía una roca que nada lo afectaba ni movía de lo que creía correcto. Y la verdad que nada lo movía. Si bien ese chico guardaba mucho dolor por el abuso que sufrió en el colegio y otros lugares, lograba mantenerse firme. Su postura pacifista, cristiana, en los valores de la salud, del respeto por los otros y del tratar al prójimo como a uno mismo, dar la otra mejilla, estaban.

También extraño al niño y adolescente que se refugiaba en novelas, que le daban la posibilidad de experimentar otras realidades, otros tiempos. Aquel joven que se enamoró de los personajes de Louise May Alcot, que sufrió la muerte de Beth en Mujercitas, pero amó el desarrollo y la fortaleza de Jo en los siguientes libros. Aquel fan de Heidi que recorrió Montevideo para encontrar las continuaciones, y que no se pierde aún hoy ningún libro de Sissi, la Emperatriz de Austro-Hungría. Aquel joven que dejó su inocencia terminando de leer, después de años, la colección de libros de Anne la de Tejados Verdes de Lucy Maud Montgomerry, porque su primer saliente se la envió por correo a Estados Unidos para tener una compañía en las eternas vacaciones de invierno.

También extraño a aquel joven universitario que descubrió un mundo en el cual podía ser aceptado y naturalmente surgirían amistades de acuerdo a las simpatías. Aquel joven desenfadado lleno de energía para explorar nuevos mundos, trabajar por la comunidad, y seguir sus ideales. Lleno de vivacidad e inteligencia… aunque detrás guardando la pesada carga del pasado que no quería aún mostrar su oscuridad.

Luego vino el rebelde, el que quiso probar aquel mundo de sexo, drogas y rock and roll. El que se metió con aquella historia previa en un mundo gay que lo devoró. Lo devoró a medias, porque hay cosas que nunca cambian. Porque tampoco quiso abandonar todo lo otro. Y soplar y comer gofio es imposible.

Con el rebelde también vino aquel chico que se redescubrió con los proyectos sociales. Con AIESEC, con Servi Tu Ciudad y con Amnistía Internacional vio que su historia, su pasaje por Estados Unidos y todo lo aprendido podían aplicarse en distintas formas para mejorar la comunidad. Pero el rebelde, el que no quería ni podía dormir le impedían desarrollar su máximo potencial ahí, y también en la Universidad.

Pero a finales de 2011 hubo un proyecto que lo enamoró. Proyecto Shoá. ¿La clave? Tenía que ver con él. ¿Qué tiene que ver con él la muerte de 6 millones de judíos? Para comenzar los 10.000 gays que murieron en este evento y que como colectivo sin memoria solemos ignorar, y justo no era mi caso al ser uno de los pocos lectores uruguayos de The Pink Triangle –y lo digo sin soberbia-

Además hablaba de discriminación y de bullying y eso yo lo conocía de cerca. Yo vivo episodios de discriminación a diario y bullying lo vivi desde los 5 hasta los 17 años en sus diversas formas. Yo TENÍA que ser parte de este proyecto.

En el medio me fui a Brasil a participar en un proyecto educativo, llamado EduAction que me preparó para no estar tan aterrorizado al entrar en salones de clases de adolescentes en Proyecto Shoá.

Y así fue que fui el primer no judío de este proyecto y aprendí muchísimo de mi mismo, gané confianza y sané algunas heridas. Pero el proceso es largo, como esperanza de pobre.

Mi adolescencia fue traumática, revivirla, aunque sea desde otra posición, me generaba ansiedad. Mi experiencia en Brasil fue tan buena que en Montevideo y el interior del país, si bien tuve episodios de discriminación por parte del alumnado, he vivido las actividades con muchas más alegrías que sinsabores.

Entonces yo me perdí entre mis múltiples identidades. ¿Múltiples identidades? Mi identidad es una sola. El tema es ordenar el puzle y ver que rescatar de todo esto.

¿Qué identidad extrañas?

Yo estoy en pleno proceso de construcción de quien soy. Y esperaba que pudieras acompañarme en este camino. Ya sé que NO quiero, ahora es ir cosechando e a pedacitos todo lo bueno que sembré y separar el trigo de la cizaña.

Yo soy como esta pintura que amo, de Jackson Pollock.

number 1. 1950 (Lavender mist) Jackson Pollock
Number 1. 1950 (Lavender mist) Jackson Pollock

Sería genial si pudiese estar más ordenado. Como en esta imagen.

Self Portrait, 1888 - Vincent van Gogh
Self Portrait, 1888 – Vincent van Gogh

Aunque quizás no TAN loco como Van Gogh y no siempre pelirrojo.

Espero me acompañes vos, y también todos aquellos quienes de a poco me ayudan a formar mi identidad.

Como la conversación con Fer, mi amiga de AIESEC, de las ausencias, de Marketing y Comunicaciones, de aquel OC en 2009, de las salidas a Cimarrón y de la vida. De aquel encuentro en el que Diego te llamó Olivia, la novia de Popeye por el parecido, aunque una versión muy top de ella. Mi ilustre desaparecida, no sé como citarte en la conversación en facebook, pero creo que escribir, creo que este ejercicio que acabo de hacer, es ir un poco hacia la luz. Y volver a contactarte es ir a la luz.

Pero en particular vos. Porque sabés lo que sos para mí.

18#Como si fuera transparente

Hay gente que tiene la habilidad de leerte como si uno fuera de cristal, completamente transparente. Como si hubieran conocido tu pasado, tu presente y hasta aventuran un futuro no demasiado lejos de lo que uno planifica.

Y esa gente no necesariamente es tu familia, o tus amigos. Pueden ser perfectos desconocidos.

Ese es el poder de la escritura. Podemos llegar a revelar los más recóndidos confines del alma, sin darnos cuenta.

Mi blog es personalísimo, pero incluso en aquellas entradas temáticas, hay una fuerte impronta de quien soy y de mis valores.

Y este chico hoy me dijo: Tengo un cuento para que leas, lo que vos escribís en tu blog me inspiró a escribirlo porque hay cosas que comparto y otras que no entiendo.

Le pedí publicar todo el cuento porque es increíble, pero no me dejó. Ni siquiera me dejó darle los créditos correspondientes. Pero yo les voy a contar de que se trata porque es una gran historia, que revela mucho de mí.

El pensaba que tenía una historia para contarme, que no era lo suficientemente interesante para convertirse en un libro. Era la historia de un John Doe, un chico como cualquiera de nosotros, que no se cuestionaba mucho la vida y tenía un plan lineal de estudiar, trabajar, vivir solo y viajar.

Muy parecido a lo que yo pensaba en el liceo, lugar en el que me permitía soñar con huir del tormento que era ir a clase, y que a la vez me hacía ambicionar con ser un gran profesional por la enorme fe que tenían mis profesores en mi potencial.

Este plan parece un plan bastante normal. Pero hay un ingrediente que yo fui descubriendo con los años que falta. Veamos cual es.

Yo dejé la adolescencia de forma tardía, mis primeros años de facultad yo seguía aferrado a una inocencia impostada por miedos, por miedo a crecer, a asumir quien era. Fui “salpicando” mi rutina con trabajo (en general voluntario, y de ahí creció mi amor por el voluntariado y la educación) y salidas con amigos.

Cada vez las salidas con amigos fueron más frecuentes, las fiestas más intensas y el ritmo más insostenible. Había un vacío que precisaba llenar, que mi plan no contemplaba.

En mi grupo de amigos de aquel entonces tenía un rol, era el intelectual, el fiestero que los reunía a todos, y el que escuchaba a todo el mundo y daba consejos. Teóricos por supuesto porque en asuntos del corazón era inexperto, como en casi todo el resto de las áreas de la vida. Pero si era y sigo siendo muy reflexivo por lo que mi poder de escucha y análisis era y es valorado.

Mi vida me empezó a aburrir y comencé a boicotearla, a vivir una adolescencia tardía, a vivir una época de sexo drogas y rock and roll que no había vivido antes y que consideraba frívola y superficial. Todo esto me desesperanzaba. Mis valores iban flaqueando. Estaba convirtiéndome en todo eso que antes despreciaba.

El resto de la gente vio un cambio. Pensó que había salido del ostracismo pero que seguía siendo el mismo de siempre. Hasta que la fachada fue imposible de sostener, hasta que la depresión era algo con lo que convivo, hasta que no hay rubor, base, y corrector de ojeras que tapen una noche de juerga y un bajo rendimiento. 

Yo pensaba que el amor no me iba a llegar. Quizás porque no me amo a mi mismo, quizás porque veía los estereotipos de los gays por ahí y pensaba que yo no me parecía en nada a eso. Hasta que ví puntos en común, puntos completamente opuestos, pero sobre todo vi su humanidad. Y empecé a vincularme, a hacer nuevos amigos, a darle oportunidades a la gente para ver si me enamoraba. Y me enamoré de un hombre increíble. 

Ese amor que viví me hizo darme cuenta de que no solo me tiene que preocupar la gente en tanto humanidad sino que hay gente especial, que te preocupan porque querés compartir con alegría tiempo con ellos, sentirlos respirar cuando duermen, verlos hasta en las acciones más cotidianas como cepillándose los dientes en un baño sin terminar color gris. Color que decís que no te gusta, pero que esta presente en tantos lugares…

En la historia que este chico me contó, el amor nunca germinó, en la mía, como dice Belinda en su canción Nada, ardimos de amor hasta convertirnos en cenizas… prácticamente porque yo creo que queda braza y que quizás la hoguera se pueda prender con el tiempo. Capáz sanemos. Espero así sea.

En lo que si concuerda es que nunca dejé de cuestionarme hacia donde voy, de donde vengo, que hago, como sigo mi vida. Pero jamás llegué a la teoría de que hay gente que no está hecha para el amor. Taylor Swift dice que el amor lo es absolutamente todo y yo concuerdo. No solo ella, Delmira Agustini plantea que “Si la vida es amor, bendita sea” y la vida es algo para estar agradecidos y bendecidos. San Agustín dice que en el amor está la raíz del bien. Y el bien existe en el mundo, y existe el amor y las posibilidades.

Solo hay que estar abierto al encuentro, al desencuentro y a todas las variantes. Solo hay que embocarle una vez. Así que a jugar, a descubrir, a experimentar, a animarse a sufrir, a sentir que el cielo es el infierno, porque en el momento que estemos enamorados, vamos a sentir que no existe el infierno, que el mismo infierno es la parte que tenemos que “tolerar” de ese hermoso cielo en el que vivimos. Esa parte que no es color de rosas, pero que a lo sumo será un rosa viejo, con algunas manchas de humedad.

A diferencia del chico de la historia, mis amigos saben que cambie. Saben quien soy, conocen mi esencia, pero saben que cambié. Que quiero disfrutar mi cuerpo, que quiero estudiar algo que me apasione, que estoy en constante búsqueda de desafíos y cosas nuevas y que la resignación no es una palabra que está en mi diccionario.

Puedo estar triste, doliente, sufriendo, pero jamás seré frío, y como dijo Cher en una canción “No han visto lo último de mí”.

Durante un tiempo fui el chico de la historia pero hoy, soy una persona diferente y gracias a esas diferencias, tengo una chance para ser feliz y pleno.

Gracias amigo por compartir esta historia y hacerme reflexionar.

#17 Pensando la tristeza

Tu me manques beaucoup

Eu tenho saudades de ti

Te extraño

I miss you

Estas son las cuatro formas que tengo de decirte que te extraño, que te pienso y un nudo en el estomago aparece.

Como dice Demi Lovato en “Made In The USA” “ I want you back and I won’t have it any other way”. Yo creí eso mucho tiempo. Que no importaba que pasara o que tanto sufrieramos que ibamos a volver a tener oportunidades, a tener un sol naciente.

Pero las nubes no tardaron en poblar nuestro cielo. Llueven lágrimas producto de mi tristeza.

Con los días fui juntando fuerza. La gente me fue alimentando y finalmente ayer fui a clase de francés.

Más que por aprender el idioma, es la excusa para encontrarme con otro kindred spirit como definiría Lucy M. Montgomery en boca de Anne, su persona de la imaginaria villa canadiense de Avonlea. Es decir con otro ser sensible, que tiene algo para ofrecerme además del mero aprendizaje del idioma, que igualmente busca todo el tiempo generar.

Tanto así es el vínculo de especial que durante tiempo soportó desplantes; que yo no fuera por mis problemas emocionales. O que cuando no pudiese pagar por penurias financieras. Todo eso evito que yo dejara de aprender francés y de la sabiduría de la vida que ella tanto tiene.

En francés, y con mis lágrimas compañeras le conté mi historia con Diego. En repetidos momentos la palabra drole apareció en la conversación. Drole significa tonto. Ella, con la perspectiva de los años, me decía que todas las parejas tienen problemas y que con amor el reencuentro es posible.

Pero aún no siéndolo, contemplando esa posibilidad uno no puede vivir triste. Me preguntó en que momentos me siento feliz y me costó contestar. No debería costarme. Finalmente hablé de la gente que me hace bien, de Proyecto Shoá y no mucho más. No hay mucho que me haga feliz en este momento.

Le conté de mis frustraciones académicas y simplemente me dio esperanza. Con salud y tiempo todo es posible. Tengo tiempo para alcanzar mi potencial.

Igualmente también le conté que el vínculo con Diego, como todos mis vínculos, está signado por mi pasado de bullying, de acoso y abuso escolar, por mi enorme sensibilidad y baja confianza. Y que esas heridas del pasado están abiertas, están en pleno proceso de cicatrización.

Igualmente volvió a decir que hay que vivir el presente, si bien el pasado es parte nuestra innegable, es en el presente en el que construimos nuestro futuro. Las bases son el pasado, pero si son endebles, se las refuerza en el presente y se sigue adelante.

Y eso trataré de hacer, mientras de a poco hago que la tristeza desaparezca y ese sol naciente vuelva a iluminarme. Yo sé que está ahí, listo para verme brillar.

Y respecto al amor, el amor lo es absolutamente todo, dijo Taylor Swift. Pero tengo mucha gente que me ama. Ya llegará o volverá ese hombre especial que me complemente para un proyecto de vida.

Cada vez más quiero sentirme agradecido por lo que tengo y agradecido por las posibilidades que tengo en el porvenir.

Me gustaría recordar estas palabras en los momentos de desesperación, de llanto, antes de dormir, antes de soñar.

16# Conversaciones melodiosas

Con Geraldine, una alumna del Proyecto Shoá, de Ombúes de Lavalle, aquella que nos escribió a Evelyn y a mí sobre sus sentimientos tras el taller del Proyecto. Me sorprendió en la mañana con otros mensajes de facebook para pensar. Seguir leyendo “16# Conversaciones melodiosas”

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