cuerpos-poder-y-erotismo-de-ruben-campero-2907-MLU4818550703_082013-FEstoy empezando a leer un libro uruguayo que se llama “Cuerpos, Poder y Erotismo” de Ruben Cámpero, un Lic. en Psicología, sexólogo y psicoterapeuta que trabaja en la temática, y ya desde las primeras páginas me hizo reflexionar.

Comienza su libro proponiéndonos un ejercicio de imaginación. Imaginar una relación sexual. Yo, que estoy enamorado de un hombre hermoso me imaginé la relación sexual más linda que tuve con él y que quedó grabada en mi memoria –y eso que para los detalles soy menos 10-.

Sin embargo, el escritor plantea que nos imaginamos algo mucho más “normal”, una relación heterosexual, hetero-normativa que cumple determinadas pautas, determinados roles, todos marcados por la sociedad. El libro sigue, y yo debo continuar su lectura para comentar más, pero cita un texto que se lo quiero regalar porque me hizo pensar muchísimo acerca de mi mismo, de mi actual situación sentimental y sexual y de cómo viví el sexo hasta hace poco.

Dice así:

Erotizar la vida…

Una utopía razonable

Erotizar la vida

Desentrañar del coito el placer genital.

Reconstruir el coito como cópula.

Airear el sexo guardado en los genitales.

Honrar sin embargo tus genitales

como una parte aceptada de tu cuerpo aceptado.

Desdramatizar los asuntos sexuales sin banalizarlos.

Aprender a jugar y aprender la importancia del juego.

Hacer el amor siempre que al menos dos personas quieran.

No hacer el amor cuando es otra cosa lo que se quiere hacer.

Hacerlo siempre con, nunca contra.

Separar el sexo de la procreación

pero también de la machada y la resignación,

de la agresividad, de la competencia o la compensación de agravios.

Saber “técnicas sexuales” pero haberlas olvidado

como se olvidan los libros que se aprenden bien.

No hacer de la masturbación un sucedáneo del intercambio,

no hacer del intercambio un sucedáneo de la masturbación.

Dinamitar la edad, el tiempo usurpado por el patriarca.

Hacer de la cama un lugar al humor y a la ternura.

Probar a hacer el amor para conocerse,

pero también probar a conocerse para hacer el amor.

Olvidar para siempre las inhibiciones y los records.

No ser indiferentes al acostarse o no, sin encontrar angustia en ello.

Inventar por el camino un nuevo lenguaje

para hablar de esto llanamente,

sin la alternancia de la pomposidad y el chascarillo.

Josep-Vincent Marquès  

Esto me hizo pensar en quien era sexualmente cuando conocí al hombre del que me enamoré y con quien ahora intentamos tener una historia y quien soy hoy.

Cuando comencé por la sociedad falocéntrica en la que nos encontramos consideraba que mi rol tenía que ser uno, que mis actitudes en la cama deberían ser determinadas y que el rendimiento que en ella tenía era bajo. Bajo como el estima que le tengo a mi cuerpo (asunto con el que aún trabajo).

Con la cotideaneidad del sexo en una pareja, y con la multiplicidad de experiencias se fueron dando cambios. Episodios graciosos que convirtieron el cuarto en una sala de juegos, donde la risa lo inundaba todo, torpezas que hacían imposible las acrobacias vistas en películas pornográficas, y una complicidad increíble.

Ocurrieron sesiones que simplemente eran sexo, eran esas ganas locas de sentir placer con alguien querido, y otros momentos en el que querer tanto a alguien nos lleva a manifestarlo de la manera más carnal y física. Recuerdo ejemplos de ambas, aunque una, en la que verdaderamente sentí amor y una conexión increíble es la que imaginé en el ejercicio que Ruben nos planteaba en su libro

Luego, con el tiempo quise más, quise experimentar y cambié roles, descubrí otros lados de mí, y fui rompiendo algunas cadenas que me había auto-impuesto a través de la socialización, a través de la sociedad patriarcal en la que vivo, no sé a través de que realmente, pero que me las había impuesto como dogmas, como verdades absolutas y que eran completamente relativas y cambiables.

Y descubrí un nuevo universo. Mi cuerpo entero se volvió erógeno –o yo lo descubrí de esa manera- y nuevas formas de vivir la sexualidad aparecieron.

Como el libro muestra la sexualidad está en todos los ámbitos de la vida, no solamente en la cama. Empecé a tener una nueva actitud respecto a muchas cosas con esta liberación. Empecé a manifestar mi sexualidad de una manera, a ver que roles tomaba y que actitudes tenía.

No es que mi personalidad cambió un cien por ciento a través de esta lectura pero si me llevó a la reflexión de que si bien las cosas son de una manera, no necesariamente tienen que serlas. Y de que la sexualidad trasciende las cuatro paredes de una habitación y que a su vez en esa habitación los límites trascienden los que nos impone una sociedad a través de nosotros mismos, agentes replicadores de sus valores.

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