Contigo aprendí.

A sonreírme de mis propias peculiaridades

a saber que pueden ser amadas mis contradicciones.

A confiar.

A confirmar que el mundo no es una isla,

a pensar que pueden crecerme raíces.

A no odiar tanto mi cuerpo

y reconciliarme un poco con mis imperfecciones.

A disfrutarlo y a vivirlo. love1

A exigir y exigirme menos.

Y más.

Siempre que eso importara.

Aprendí  que sentir la cadencia de tu respiración,

el olor de tu piel

y hasta los molestos ronquidos y el interminable insomnio a tu lado

pueden hacerme el hombre más feliz.

A que cada caída no es sólo un error

sino también una oportunidad para crecer.

Crecer duele.

Duele como si en el pecho alguien

estrujara el corazón y lo convirtiera en tripas.

Pero incluso en el dolor del final

pude ver un cielo rosa, rodeado de nubes blancas.

Ese cuadro lo completaban las copas desnudas de árboles.

Con la cruz apretada

entre mis manos

busco fuerza.

Busco rescatar quien fui

porque en el camino perdí

esa mirada límpida, inocente

e idealista que no sólo peleaba por causas ajenas sino que luchaba por las propias.

¿Vos que aprendiste conmigo?

Esta historia la escuchaste.

Pero a veces de tanto que tropecé,

siento que ya se como caer.

Y pronto voy a dejar de caer.

Hoy lágrimas corren pero tengo la fuerza de que sean frente a un monitor, que simboliza una perspectiva de un futuro mejor.

Frente a volverme un hombre con el que quizás pudieses construir un futuro.

O quizás no.

Pero eso no importa.

Hicimos lo posible y lo imposible.

Y aún no se pudo.

Los efluvios de lágrimas de sal pararán.

Una parte de mi corazón la tenés vos.

Pero el resto lo usaré para vivir

con pasión y con la alegría contagiosa que tengo cuando me animo a ser auténtico.

Con mis torpezas verdaderas y falsas.

Con mi inteligencia y mi encantadora estupidez.

Espero esto no sea un final

sino un hiatus.

Estoy dispuesto a una nueva caída.

Aprendí a caer.

Espero llegue el día en que estés dispuesto a  correr ese riesgo conmigo.

Te amo.

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