Las lágrimas suaves que caen por mis lagrimales

lloran la muerte de infinitas mariposas,

aquellas que sentí vivas dentro

cuando había vida entre los dos.

Sin embargo, no solo caen lágrimas suaves

hay espasmos de dolor,

rozan con los gritos

se parecen a la desesperación

pero es el dolor que muestra su raíz más salvaje.

Los días después han sido difíciles.

Te veo en la letra casi infantil de mis apuntes,

en la taza del café que tomo,

en el perfume que uso, que tanto te gusta.

Fútiles son mis intentos por sonreír.

Finalmente el plástico se quebró por completo.

La mascarada se acabó.

Toda mi frágil fuerza se fue.

Hablando sobre el infame acoso con niños,

aconsejándoles fuerza  moral y de espíritu

me sentí indefenso y perdido.

Fueron ellos los que,

con sus aplausos y abrazos

me regalaron la poca fuerza que tuve en el día.

Pero ahora estoy solo

frente a un monitor,

con los ojos rojos

con el corazón en pena

con el alma rota

escribiendo para hallar sentido al sinsentido.

Los días posteriores al fin de una etapa

pueden ser de dicha

de reflexión

o de dolor.

O de una mezcla de ambas.

Yo reflexiono muchas cosas

y por pensar

y por sentir

y por querer y anhelar

lloro y sufro y pienso.

Pienso

¿Qué tal si todo fuera diferente?

Pero no lo es.

Pero no lo es.

Y vivo, o intento.

Vivir con esto.

Anuncios