Esto me lo regaló una alumna de Ombúes de Lavalle, de uno de los talleres de Proyecto Shoá. Fue una de las cosas más conmovedoras que me escribieron, y lo hizo una persona que me vió solamente un día.
Muchas gracias. Gracias Melody Nicole.

Vi tú mirada aquella tarde, aquella sonrisa transparente, delicada, trasmitiendo sentimiento.

Sentí frialdad sobre mi cuerpo a cada palabra de esa charla.

Imagine un mundo lleno de racistas y mi cabeza tembló y se movió tal cual hace el terremoto.

Se movió todo dentro de mi, las cosas se me salieron de lugar.

Y a cada paso de esos minutos fugaces y eternos todo se movía de aquí para allá.

Mil cosas rebobinaron en mi mente, ilusión y desilusión amor y desamor.

Si pensaba antes de esa tarde, tan igual a las demás pero diferente en su ser.

Pensaba en el mundo sin violencia sin conspiración ni codicias, sin soberbia, pensaba en amor y paz en amigos y hermanos en tribus y ciudades.

En mi mente circulaban infinitos mundos infinitos placeres o catástrofes.

Lo real que afirme mi postura frente a tu mirada tu sonrisa transmitiendo sin decir.

Tomen conciencia unámonos por un mundo mejor sin discriminación.

Esa sonrisa que tenía lágrimas ocultas y un pasado presente y futuro de tristeza por lo que tú mismo estabas hablando frente a tu compañera la cual te miraba con esa mirada firme apoyándote; los dos parados frente a un río tranquilo que solo escuchaban sus voces, su intensidad y de cuando en cuando ese río lanzaba una ola participe de todo lo suyo.

Cracias por aquella hermosa tarde.

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