Hace 365 días, una madrugada con una pléyade de estrellas

que para ser la que más nos iluminaba daban querella fútil

porque igual brillaban aún más fuerte nuestros ojos ilusionados,

me acompañaste a un cumpleaños.

 

Conociste a personas

que me sostuvieron cuando caí fuerte por primera vez,

cuando sentía que en mi mundo había demasiadas cosas

que nublaban mi vista y no me dejaban ver.

 

Toda esa gente te recibió con alegría

con ese enorme amor que me tienen

y que yo les tengo.

 

Con algarabía y con picardía,

hicieron toda clase de preguntas

que vos contestaste con tu sonrisa infinita

aunque yo no supiera donde meterme.

 

Supongo estabas nervioso,

yo siempre era un manojo de nervios

cuando conocía a alguien importante para vos.

 

La caminata desde aquella plaza de reminiscencias europeas,

con árboles que hacían de refugio de nuestro amor joven

fue muy especial.

 

Aquella plaza que volveríamos a pisar

para otro momento especial en nuestro vínculo

un momento que enmarcó el final

fue un perfecto escenario para lo que pasó ese 28 de octubre.

 

Caminamos,  a mi paso

por mis piernas cortas, con tu risa, por mi lentitud

y finalmente llegamos a tu cama.

 

Ahí,

en ese lugar en el que yo sentí haber pasado un millón de noches

de una forma muy casual me lo dijiste.

 

Ahí,

esa noche, en esa cama

me volví tu novio.

 

Pensar que hoy  sería un año desde el inicio me pone triste.

Me pone triste porque con vos como novio descubrí muchas cosas.

 

Descubrí que un novio es

un amante apasionado

un confidente

un compañero

y por sobre todas las cosas un mejor amigo.

 

Y yo extraño a mi novio,  mi mejor amigo.

Lo extraño tanto

que siento una presión en el pecho,

como si todo el oxígeno del mundo se hubiese escapado y sólo quedara monóxido de carbono.

 

Monóxido de carbono que no puedo respirar.

Lágrimas caen,

la respiración se normaliza.

Pienso en Dios y en los hombres.

Y sobre todo en las mujeres, que me acompañan

En este proceso.

 

Y sigo adelante.

Con esa daga clavada.

Con ese recuerdo agridulce.

Con mi mirada triste.

 

Con un sueño, que hoy no se cumplió.

¿Se cumplirá?

Se que nací completo,

¿será él el que me complemente?

 

Menos pregunta Dios y más perdona.

Menos preguntaré yo

Y me dejaré sorprender,

por lo que la vida tiene esperando por mí.

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