Mi mente, una vez brillante

mi alma, una vez clara

mi cuerpo , una vez puro

comenzó a conocer la sordidez.

 

Recorriendo la mugre,

veo la sordidez

veo la sodomía

en rincones oscuros

con falsos brillos

y  a veces música estridente.

 

Conversaciones vacías de contenido,

personas con etiquetas condicionantes

carteles que gritan condicionado.

 

Gente descartable

cuerpos puestos en posiciones

de muñecos sin voluntad

para deleite del hombre.

Para disfrute de otros.

 

¿Quién sabe quien me llevó ahí?

¿Quién sabe si estoy adentro o afuera?

Realmente no importa, porque sigo reconociéndome en el reflejo

del imperdonable espejo.

 

Diferente, golpeado,

pero con ojos expresivos,

en un cuerpo marcado

tatuado

disfrazado.

 

Pero aún soy yo.

Y la llama de dulce rebeldía sigue ahí, ardiendo.

Buscando su lugar en un mundo, que sórdido o no,

aún no logro comprender.

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