Estoy escribiendo esto en el momento en el que me siento con mayor vulnerabilidad, en el que las lágrimas corren por mis mejillas por un pasado que no puedo cambiar. Pero es algo que tengo pendiente escribir.

Creo que escribirlo me va a ayudar a creerlo, y en ese proceso a sanar. Restos de lo que fue mi experiencia en AIESEC dentro de Recursos Humanos (Talent Management – Talent Empowerment) supongo. ***Capáz las referencias tan específicas no ayudan al lector pero si a quienes me leen de aquella época.

Hay una canción de Sara Bareilles que hablar de ser brave, de tener coraje, de ser valientes. De ser nosotros mismos.

Yo creo que siempre fui, en mayor o menor medida yo mismo, y eso de mostrarme tanto es un arma de doble filo. Mi vulnerabilidad como fuerza, mi transparencia como virtud, pero también como flancos en donde se pueden clavar intencionales puñales o insertar espinas sin que uno se de cuenta.

La canción en resumidas cuentas dice:

You can be amazing

You can be the outcast

You can start speaking up
Nothing’s gonna hurt you the way that words do
When they settle ‘neath your skin
Kept on the inside and no sunlight
Sometimes a shadow wins
But I wonder what would happen if you

Say what you wanna say
And let the words fall out
Honestly I wanna see you be brave

Everybody’s been there,
Everybody’s been stared down by the enemy
Fallen for the fear
(…)

Don’t run, stop holding your tongue
Maybe there’s a way out of the cage where you live
Maybe one of these days you can let the light in
Show me how big your brave is

And since your history of silence
Won’t do you any good,
Did you think it would?
Let your words be anything but empty
Why don’t you tell them the truth?

Dice que podemos ser diferentes, que podemos ser increíbles, y que podemos empezar a hablar sobre eso. Hablar sobre lo increíble que somos, siendo diferentes. A veces hay palabras que calan hondo y se quedan en nuestra piel. A veces la oscuridad gana, pero se pregunta que pasaría si decimos lo que queremos decir con valentía. Porque el silencio no nos hará ningún bien. Y se pregunta porque no decimos la verdad.

Esta canción tiene mucho que ver con lo que pasó recientemente con Florencia de la V y su identidad de género. Ella decidió ser valiente y hablar tras  un episodio que ocurrió en Bendita TV. Hace un par de noches, mirando la televisión con su familia miró el programa mencionado y presentaron una nota sobre una pelea suya con Marcelo Polino, en el cual lo que se decía es que en una gira los dos habían orinado en una misma lata, denigrando la identidad de género femenina por la cual tanto Florencia luchó. El ardid siguió con las declaraciones de Viviana Canosa, sorprendentes porque siempre ha defendido el rol de la mujer desde su programa, al menos desde que yo la miro como televidente, diciendo que era una pelea entre dos hombres.

Para Florencia lo peor es que se hable de la sexualidad o de la genitalidad, algo privado e íntimo de cada persona en televisión. También mostrando la discriminación que el colectivo trans en general sufre. Porque como bien aclara ella, su lugar es de privilegio porque con mucho trabajo consiguió un buen pasar. Sin embargo, ¿qué esperanza queda para otras que no fueron tan luchadoras o afortunadas?

Quiso desbanalizar el debate y lo logró. Porque el respeto a la identidad de género es un derecho humano, y ella, tal como Sara Bareilles plantea, habló, fue valiente, se mostró sin maquillaje, como un signo de desnudez, de mostrar que tan mujer era.

Como en la canción habló de que durante mucho tiempo sintió vergüenza de ella misma, de mostrar sus documentos, de su voz, de su condición. Pero que sin embargo hoy no siente vergüenza.

Porque no tiene porque sentirla. Vergüenza de ser diferente, de amar a quien ama, de ser auténtica con su identidad. Se comprometió a seguir trabajando por esta causa tanto como comunicadora como ayudando a los gobiernos a crear una Argentina más libre y desprejuiciada.

Y yo la aplaudo. Y seguramente si Sara Bareilles la conociera, también lo haría.

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