Tratando de superar mi ruptura, me he abierto a conocer otras personas. La mayoría han sido verdaderos desastres. Siempre medidos por la vara de lo que fue mi relación anterior, lo que es el amor que le tengo a ese hombre, lo que es  la falta inteligencia y la chispa a la que aspiro cuando salgo con alguien, aunque sea meramente a cenar.

No se si inteligencia, o compatibilidad, o que no vibramos en la misma sintonía. Sin embargo conocí a alguien que si vibraba en una misma sintonía conmigo.

Hablamos de la sintonía, de lo que nos generábamos en el otro. Hablamos del cielo, de cómo podemos mirar exactamente lo mismo que vieron personas hace cientos de años. Hablamos de los astros y como en la música clásica, en una obra en particular que este músico mencionó eran representados por su estética, cuando en realidad el guerrero Marte es un rojo apacible y la Luz del Alba es pura tormenta.

Hablamos de cómo somos, de nuestras infancias, de nuestros cuerpos, nuestros puntos flacos y sentí que realmente nos conocimos. Habló del Titanic y también de música.

Hubo algo que mencionó que me conmovió:

El habló de las Canciones a los niños muertos de Gustav Mahler. Yo ni idea de que se trataba. Pero él me contó la historia y trato de resumirla de esta manera. Las canciones toman su letra de poemas de Friedrich Rückert. El original era un ciclo de 425 poemas escritos por Rückert en18331834 en un arranque de pesar después de que dos de sus hijos fallecieran en un intervalo de dieciséis días. Mahler seleccionó cinco de los poemas de Rückert para convertirlos en canción que compuso entre 1901 y 1904.

Las canciones fueron escritas en el idioma mahleriano posromántico, el ánimo y sentimiento que expresan se adecuan al título y al texto. La canción final termina en un estado de ánimo de trascendencia.Tal como este músico me dijo la última suena como una canción de cuna, como si los niños durmieran y no hubieran realmente muerto.  La recepción del carácter sombrío del ciclo se ha visto incrementada por el hecho de que cuatro años después de escribirlo Mahler perdió a su hija María, de cuatro años, por la escarlatina.

Y si bien los encuentros generalmente suelen ser casuales, me dio la esperanza de verme a mi mismo como una página en blanco, tomando y agradeciendo por lo que tengo, un pasado que no puedo cambiar pero que es parte de mí, un futuro que iré construyendo, con lo que pinte en el lienzo del presente.

¿Y quién sabe? Quizás los niños si se despierten.

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