Una madrugada me buscaste,

o yo te busque, no lo sé.

Puede que no nos buscáramos,

pero nos encontramos.

 

Los cables que generan estos encuentros

y los fríos canales de comunicación

son como jugar a la ruleta rusa

porque podes terminar conociendo a un albatros y no sentir satisfacción

porque es uno de los que al ser cazado por uno de los marineros de Baudelaire pierde su pelaje y su hermoso pico rosa.

 

Nuestro encuentro no fue así.

En seguida te ví, y destellaba una mirada masculina

Interesante y algo cristalina.

Que sin embargo, sentí guardaba algo para sí.

 

Al momento de conocernos,

buscabamos algo carnal

que mutó en reconocernos

como dos personas que son más que lo sexual.

 

Las atracciones llevaron a que luego reconocieras

mis manos secas, tus besos extraños y dulces

y exploraras partes de mi cuerpo por desconocidas,

que me dio placer que vieras.

 

En todo entrelace de dos cuerpos surgen olores.

No siempre los mencionamos.

No siempre los gozamos.

Vos sentiste olor a cachorrito,

Vos sentiste olor a hombrecito

y eso te perturbó, quizás cohibió.

 

Yo sentí simplemente placer de la noche mágica que estaba viviendo,

Donde la sinergia parecía ser algo que ambos dos estábamos sintiendo.

Ese olor a cachorrito no lo puedo borrar,

lo que si me gustaría es probar a ver si te acostumbrás.

 

Quizás no sos alérgico a este hombrecito y podés borrar

De tu consciencia esa fragancia y te habituás

A diferencia de la de los gatos que te produce alergia.

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