El poder de lo onírico es increíble

apoyamos nuestra cabeza,

eliminamos todo lo visible

y nos entregamos a un mundo sin certeza.

 

A un mundo de ensoñaciones

que puede estar lleno de melodiosas canciones

de vagos recuerdos que de a montones

apilamos en nuestra mente a borbotones.

 

Sin embargo, hoy quise dormir

ayudado por pastillas que me ayudan a no sentir

las espinas que hoy están marcando mi existir

y soñé cosas que quería compartir.

 

Con aquel hombre que fue mi mejor amigo

con aquel amigo que fue testigo

de lo mejor

y de lo peor.

 

Aquel testigo de lo que fue mi caída,

bandera blanca izada porque la herida

no podía ser vendada

ni emparchada.

 

Y no lo tengo,

o quizás si me calmo y vengo

a charlar de lo que me aqueja,

lo que a mi mente deja perpleja,

lo encuentre ahí, firme.

 

La vida es una gran incertidumbre,

pero cuestionármela tanto, si bien es costumbre

¿me vuelve un loco?

 

En otro momento pensaba…

Que era felizmente loco, yo pensaba.

Que era un loco lindo, yo pensaba.

Que era un soñador.

Hoy solo siento.

Siento demasiado.

Siento muy poco.

Siento.

 

Y todo lo que siento,

me hace sentir minúsculo,

efímero.

 

Busco el sentido,

y no lo encuentro.

Nadie murió de amor,

¿pero habrá muerto alguien por sus incertidumbres?

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