El lunes tuve una charla muy espiritual con un gran amigo, que conocí en 2010 en Serví Tu Ciudad (www.stc.org.uy). Este amigo es un canto a la vida, a la positividad. Tiene sus noches oscuras del alma (o lo que los mortales llamamos depresión) pero sale robustecido, y me levanta, me levanta como nadie cuando yo estoy triste.

Quienes me conocen saben que hablo mucho. Suelo hablar de todo un poco, porque siento que se de todo, aunque no lo sepa. También hablo por inseguridad, y por otras razones que no quiero explorar en este texto. Pero hablo.

En esta cena con Pedrito yo no hablé casi. El hace un mes y algo, casi dos, me escribió y me dijo que sentía un cambio de energía en mí.

Finalmente nos juntamos. Estuve a punto de cancelarle, porque sabía que la charla me iba a remover cosas, que iba a llorar, que iba a escuchar cosas profundas, y a la vez, estar triste o deprimido hace que esfuerzos mínimos parezcan odiseas.

Fuimos a comer, y charlamos de muchas cosas. Él hablo de mucho. Y yo no sé si puedo reproducir todo lo que dijo. Me encantaría entrevistarlo.

Una de las cosas que dijo es que solo tenemos el presente. Por supuesto que todos sabemos que tenemos el pasado, pero es en el presente en el momento en el cual podemos cambiar las cosas, hacer las cosas diferentes. Y si hacemos las cosas diferentes, puede que no estemos tristes. Y el futuro tampoco lo tenemos ganado, y no hay que preocuparse tanto por el, en tanto estemos construyendo camino en el presente.

En cierta forma me alivió escucharlo decir todo eso con tanto convencimiento. Por otro lado, me doy cuenta que me aferro al pasado y que debería empezar a perdonar y perdonarme y dejar ir. Y que me preocupa el futuro y todas aquellas voces que me dijeron quien debía ser, y que yo pretendí no escuchar, pero resuenan fuerte.

Hablamos de otras cosas también. De cómo hay gente en nuestra sintonía, y de cómo nos vamos acercando naturalmente a esa gente. Que hay gente que luego deja de estar en esa sintonía y halagó la sintonía en la que estoy. Todo lo que dí a los otros, y ahora es momento de darme a mí.

De tomar y agradecer. De mirar alrededor de mi cuarto, y de mi vida y ver que cosas me dieron otros. Y agradecerlo.

Si miro mi cuarto y hago una listas de las cosas fueron obsequiadas y veo toda la gente que está en mi vida o estuvo  y me puede apoyar, me siento un millonario.

Y si bien, el pensamiento de sentirme solo no se va, es un buen comienzo. Esa charla fue un buen comienzo.

Para la próxima saco apuntes y la tercera charla así va a ser una entrevista. ¡Prepárate Pedrito!

Hoy dos personas distintas, a la de la foto, pero vibrando juntos.
Cuando nos conocimos en Serví Tu Ciudad, trabajando por el liderazgo y la gestión de proyectos sociales.
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