Pareciera que los diáfanos rayos de luz

están entrando por la persiana a medio abrir de mi vida.

Los voy dejando entrar a pesar de la nostalgia

porque no puedo pretender ser ese océano de hielo que una vez quise ser…

 

Helado en mi buhardilla, oculto en polvorientos libros

con mi libido muerta, sólo absorbiendo y sin convertirme en fuerza creadora.

Nunca creaba días buenos

sino que era el espectador del propio devenir de mis idénticos días.

 

Tener días buenos parecería ser una decisión consciente,

producto de nuestra voluntad.

Pero siento una vorágine de fuerzas aparentemente inmanejables,

son las responsables de regalarnos días buenos o condenarnos a días sombríos.

 

Conscientemente escribí la palabra aparente,

porque somos responsables de lo que pasa en nuestra mente

y si de eso somos conscientes

podremos crear realidades más coherentes

con lo que concebimos por felicidad.

 

La felicidad absoluta como utopía máxima

se puede desmembrar y ser simplemente buenos días.

Y si bien mientras escribo estas líneas

tuve un arranque de lágrimas nostálgicas.

Hoy fue un buen día y mañana espero que también.

 

Porque así me lo planteo

y hoy más que nunca

me siento dueño de mi destino

y paso a paso brotará en mí la simiente del bien

de lo que me hace bien a mí y de ser el hombre al que estoy destinado a ser.

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