James Dean (film)
James Dean (film) (Photo credit: Wikipedia)

Hace años conocí a un chico. Simplemente me gustó. Sin embargo nada pasó durante mucho tiempo. Lo físico se volvió secundario. Incluso sustituible. Sustituible por una amistad.

Sin embargo quien me conoce a mí, o lo conoce a él pensaría que estamos en direcciones opuestas. Que no seríamos amigos. ´

Porque a mí, interesado en lo académico, en el mundo de los libros, en las novelas realistas del siglo XIX y en la narrativa mágica del siglo XX, en el voluntariado y en tantas cosas que me hacen peculiar, no le interesaría ser amigo de un chico a quien estudiar le cuesta.

Por desmotivación, por una mala base en años previos, las charlas que tenemos no van por ese lado. Van por el lado más emotivo. Y es ahí en donde compartimos similitudes.

Somos dos almas perdidas, buscando su camino, su identidad. Con el autoestima baja, queriendo que nos amen por quienes somos, y aceptando cualquier caricia por una inacabable necesidad de cariño.

Aceptando cualquier motivo para evadirnos de nosotros mismos. Una fiesta, con todo lo que implica. Vivir la vida como si fuéramos James Dean, donde sexo, drogas y rock ‘n’ roll lo fueran todo.

Sin embargo ninguno sabe cantar ni tocar la guitarra, ni Uruguay es cuna de artistas exitosos, que puedan vivir de eso, salvo contadas excepciones.

E incluso si lo fuera, eso no soluciona lo interno que tenemos que resolver. Querernos a nosotros mismos, por lo que valemos, por el mero hecho de ser seres humanos y por todo lo bueno que le damos a los demás y a nosotros mismos.

Y trazarnos un camino donde podamos ser independientes o autónomos al menos de quienes nos rodean.

Yo tengo algunas ventajas. Tengo un entorno que me apoya. Y él tiene algunas otras ventajas, no se exige tanto a si mismo como yo, es más joven y me tiene a mí. Que lo comprende y que me comprende y que puede ayudarlo.

Por eso en este tiempo, quizás vamos juntos a la par. En distintos proyectos, con distintas metas pero con un gran objetivo. Querernos, que nos quieran, y que podamos no ser hombres grises, sino emanar esa luz que tenemos dentro, esa alegría robada quien sabe cuando y quien sabe por quién para lograr quienes queremos ser en la vida.

El me encamina, clamando por mi antiguo yo, con una sonrisa más frecuente, y una espontaneidad más contagiosa y yo busco alguien más ambicioso, menos mediocre académicamente y que llegue a resultados que lo inserten en la sociedad. Y cuando digo estas palabras también son para mí. Busco volver a tener esa ambición, a no ser mediocre y a tener resultados que me den el lugar que quiero en este mundo.

Todavía no se exactamente cual es el lugar, pero el estudio, el conocer gente, el intercambio, y la guía invisible pero tan palpable de Dios me llevarán por el camino correcto.

Mientras tanto tengo este espejo en el que reflejarme.

 

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