De una brisa enredada en los pastos crecidos

de un rincón como cualquier otro,

se escuchan ecos que emanan de lo más profundo de la tierra

que se confiesan peregrinos

ya sin cuerpo ni rostro

simplemente susurrando historias y romances de eras viejas.

 

A veces la naturaleza esconde secretos

de quienes por allí pasaron o soñaron pasar.

Las agallas de quienes gritaron su verdad a los cuatro vientos

dejó, no solo a otros ahora dueños de esa verdad confesada,

sino tras de ellos su historia en un eterno volar.

 

Otros simplemente callan.

Porque ¿quiénes debían escuchar verdades en su tiempo, no lo hicieron o no pudieron?

¿Por qué pensamos que el propósito de los ecos mágicos escondidos y quizás atormentados

es tener una ilusa sensación de no haber perdido el tiempo y a quien desean, poder hablar?

 

La brisa suave mueve a las flores silvestres bañadas en rocío

y acaricia a las piedras desgastadas y blancas así como a fulgurantes huesos de animales

y a la misma raíz salvaje de la tierra.

 

Pero es el astro celeste quien hace brillarlo todo.

Como a esas flores en rebeldía,

que crecen sin que nadie las mande, que trasgreden con algarabía

el destino que nadie planeó para ellas,

animándose en este acto a decir aquellas

palabras que generarían, quizás, querellas

y por eso nunca fueron dichas, y hoy se expresan en mustios ecos de tardía alegría.

 

Tardía por expresarse en un tiempo y en un espacio que ya caducó.

Los secretos tienen esa fantasía mentirosa.

Pensamos que nunca perderemos nuestra lozanía,

y que tendremos un tiempo mejor para estar límpidos,

y que el dorado sol, que colmado de amor rayos de energía nos envía,

nos iluminará en la autenticidad de ser sinceros.

 

A veces la luz que uso de lumbrera

es la luna que tapa el sol ardiente

y con esa débil luz me pienso

pienso en quienes, rebeldes como flores de baldío

se animan a todo, y enfrentan la tormenta.

 

Hoy deseo enfrentar la tormenta aunque no este listo.

Hoy los rayos me queman, me cansan y sumo al rocío de los mil amaneceres

que tardé en sentir que quiero mis gotas de sudor y nervios

porque por  fin enfrentarlo todo y volver a ser joven no es una utopía.

 

Joven y revolucionario.

Joven y limpio.

Joven y sucio, de pelear por las causas justas.

Joven y rebelde.

Joven y divertido.

Simplemente joven y fuerte para enfrentar un mundo que se muestra indiferente.

 

Indiferente a la belleza de flores que para muchos son yuyos.

Indiferentes a los secretos a voces que necesitamos decir.

Indiferentes al sufrimiento y necesidades ajenas.

Indiferentes a las necesidades propias.

Indiferentes e indolentes.

 

Por eso no quiero que mis verdades las digan ecos escondidos en la brisa

de pastos crecidos, de una tierra que ya no me pertenece

y usar mi frágil vozarrón para contar

con dulzura

lo que me importa y reclutar manos al aire dispuestas

al pacto de lo sincero, a la lucha justa, a la creación y a la constante belleza.

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