Quizás sea de lo más cursi, aunque no de lo más triste, que escriba en el blog. Pero últimamente siento que la vida me va hablando a través de canciones. Creo que ser seguidor de Taylor Swift cuando terminás una gran historia de amor no es una buena idea.

 

Se torna difícil cerrar capítulos, todo te habla de esa persona especial que ya no está. Que perdiste.

 

Sobre todo cuando estás en un proceso de mirar detrás del brillo y la alegría de la serpentina que hace menos lacrimógena la propuesta artística de Taylor Swift. En mi vida estoy en ese momento, de mirar más allá.

 

Y escucho canciones como “I almost do” y hoy lo hice. A sabiendas de que aún no puedo saber de él sin ponerme a llorar le escribí.

 

O escuchar “All too well” y escuchar esa línea que dice que recuerda muy bien como fue todo, porque estaba ahí. Recuerdo y me torturo por tonto y soberbio.

 

Y hay dos peores, pensar en cuando me auto-dedicaba Treacherous porque este amor iba a vencer todo, y cuando no me puedo imaginar un nuevo comienzo y escucho Begin Again y pienso, si a ella no le pasó, y es perfecta ¿Cómo me va a pasar a mí que estoy quebrado –en todo sentido-?

 

 

Mi gusto musical no es refinado, es pop adolescente en general, salvando algunas excepciones a las que me fui exponiendo a lo largo de la vida y que sigo cultivando. Por eso, cuando salgo a la vida escucho una radio de música pop, simplemente para tapar el ruido del ambiente. Algunas veces aparece Taylor Swift, pero estoy generalmente a salvo de ella y de la exposición más carnal de mis sentimientos.

 

Aparecen otros cantantes, hasta Bruno Mars me hizo pensar en que te extrañaba, pero creo que aún no estas bailando con nadie más y eso me alivia un poco. Aunque a veces la inseguridad me mata. Lo que más me mata es pensar que somos como la última canción de Belinda, que estamos convertidos en polvo. Que simplemente es nada.

 

Incluso a veces, a pesar de lo vulgar de su exposición, me identifico con Wrecking Ball de Miley Cyrus por lo absolutamente emotivo de la canción.

 

Y por si fuera poco, la acaramelada Katy Perry decide, después de darme una de las pocas canciones alentadoras de que voy a salir adelante y que me oirán rugir (no sé quienes, porque mi enemigo ha sido, hasta ahora yo mismo, pero mi yo de antes oirá rugir a un ungido nuevo yo), lanza una canción emotiva. Y yo sé que te amo incondicionalmente. El tema es que la expresión más completa de ese amor parece imposible.

 

Y ahora descubro una colaboración country de Tim McGraw con Taylor Swift y Keith Urban y siento que no puedo vivir sin vos aunque tenga que hacerlo. Y las guitarras, la ausencia de dubstep y lo maravillosamente country moderno que suena esa melodía hace que me conmueva sobremanera.

 

Y yo pienso que el subterfugio de la música ya no lo tengo. Siempre estarán los libros, aunque hay historias que no puedo leer.  A veces me siento desesperado como una Anna Karenina enfrente a las vías de un tren, deseando saltar. Como una Madame Bovary enredado en sus propias mentiras. Como una sociedad newyorkina tratando de tapar lo feo sin nombrarlo como los personajes de La Edad de la Inocencia. Pero yo fallo en esta táctica. Yo soy como la Condesa caída en desgracia del libro de Edith Wharton.

 

Igualmente mi gusto literario es más amplio y hay historias que si puedo leer. Espero llegue el día que pueda oir cualquier melodía u hojear cualquier libro, sin que tu reflejo se me aparezca.

 

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