ImageComo quienes ya saben, casi todo lo que escribo está teñido por mis experiencias personales. Sin embargo dejaré esa parte hacia el final y hablaré de una película que ví hace más de un mes, la película Hannah Arendt y su libro, que leí un poco tiempo antes, Eichmann en Jerusalén, motivado por la obra de teatro La banalidad del Amor, puesta en escena meses antes en Montevideo.

Con humildad considero a esta película excelente, creo que Margareth Von Trotta se luce en su rol. Lo cinematográfico se disfruta plenamente, desde la puesta en escena propia de la época, a la actriz desempeñando una Hannah Arendt completamente creíble, así también como los otros personajes, que en general fueron personas reales.

Sin embargo lo curioso es que no solo lo cinematográfico roba nuestra atención sino también el contenido, que toma elementos del libro de esta brillante politóloga. El libro fue llamado Eichman en Jerusalén y el subtítulo, Un estudio para la banalidad del mal.

Repasando la historia de Hannah, fue una filosofa judía, que además fue amante de Martin Heiddeger, genial pensador del siglo XX, cuyos vínculos con el nazismo empañaron su obra hasta el día de hoy, dado que nunca mostró arrepentimiento de ser rector universitario brevemente durante este período histórico.

Volviendo a los temas controversiales, tanto para la película como en el libro, fue el rol de lo dirigentes judíos comunitarios, dentro de los ghettos y dentro de los campos. En algunos casos trataron de desempeñar roles positivos para ayudar a la emigración de sus compatriotas y cuando vieron que no había salida; que debían dar listas para deportar –y condenar a muerte a compatriotas- decidieron suicidarse pero en muchos casos abusaron de su poder hasta el final, en el que corrieron casi siempre el mismo destino de quienes dirigían.

El film retrata perfectamente lo escandaloso que fue el proceso de publicación del libro

Un tema que me hizo reflexionar ahora y entonces, fue la despiadada crítica a como Hannah Arendt, ya reconocida por su labor en la ciencia política, en la descripción del juicio.

Lo describió como un juicio con un veredicto ya dado, a pesar de que todas las garantías del proceso se aseguraran. Desde el principio critica la afiliación del fiscal con el Presidente israelí, Ben Gurión. También critica el procedimiento, las preguntas que se escapan, el hecho de que la propia autobiografía de Eichmann sea prohibitiva al acceso público, así como el doblaje al alemán del proceso sea hecho con malos traductores siendo que población de origen alemán abundaba en esa época en Israel, entre otras críticas.

Críticas que como lector uno encuentra válidas. Sin embargo, uno siente en la película que este juicio se vivió como un partido de final de la Copa del Mundo, obviando la frivolidad del ejemplo. Se vivió sin matices, con blancos y negros, si no estas con nosotros sos un enemigo. Y tener una visión crítica y despojada de pasiones, como la que muestra Hannah Arendt tanto en el libro como en la película no es negativo.

En la película la única pasión mostrada es el constante esfuerzo y pasión puesto en un trabajo que ella sintiera correcto y completo.

Eso le costó amistades, repudio de muchísima gente alrededor del mundo.

Pero el libro nos permite entender un poco más como ocurrió la Shoá, como fue posible que las víctimas fueran llevadas a las cámaras de gas como ovejas al matadero. Como Hannah Arendt menciona, el pueblo judío actuó perfectamente bien, lo que no tuvo fueron buenos líderes. No podemos obviar que los judíos “valiosos” para el nazismo iban a Terezin y no a otros campos… aunque su suerte a lo largo de la Shoá va a ir cambiando. No podemos obviar casos como el líder judío del ghetto de Lodz que se quiso considerar el emperador de un pueblo en miserias.

También es escandaloso pensar que el mal es banal. Uno quisiera pensar en Eichmann como una de las cabezas de la Solución Final, sin embargo está en una oficina perdida dentro de la burocracia. Que su rol en la emigración como experto en asuntos judíos se reducía a la lectura de dos libros sionistas y en promover la emigración cuando fue posible. Luego en el manejo de envíos de deportados.

Igualmente quien sigue órdenes también es culpable. De no reflexionar sobre lo que está haciendo, de saber si lo que está haciendo está bien o no. Cuestiones que para Eichmann realmente no eran relevantes. Incluso teniendo parientes judíos. Incluso alardeando sobre sus falsos méritos una vez que el régimen cayó.

Hannah Arendt como filósofa plantea todo tipo de reflexiones en el libro, que quizás hieran a la sensibilidad pública, de no ser leídos de tal manera.

El libro nos explica, y la película esboza que el juicio no es al nazismo, es imposible hacer un juicio a una ideología, sino que es a Eichmann y a lo que hizo, a su rol de facilitador de muchísimas muertes. Él perteneció al nazismo y su fidelidad sigue intacta. Juzgar por qué era fiel es bastante complejo, quizás fue el único lugar de pertenencia que tuvo en su vida, dado sus escasos recursos mentales. El consideró hasta sus últimos minutos que su honor era para con el nazismo. Por eso no miente en el juicio, habla en un lenguaje burocrático, lleno de eufemismos, propio del régimen. Eso parecería hacer banal el mal, al menos para quien habla de las acciones que hizo. Sin embargo Arendt jamás dice que el mal es banal. La película habla del mal como una consecuencia, un resabio que deja un régimen como el nazismo, un régimen que no tiene causas lógicas, razones, consecuencias. Es la gran incógnita del siglo XX: como ocurren todos estos horrores en el mundo sin que haya explicaciones racionales, como las “había” en el siglo precedente donde el mundo avanzaba a través de la razón y la ciencia rumbo al progreso con reglas lógicas que lo explicaban.

Eichmann no era el nazismo, era un burócrata más de esa máquina, que obedecía sin realmente pensar lo que estaba haciendo. Heidegger plantea que pensar es lo que nos hace seres humanos. Entonces ¿Eichmann no lo era? En mi opinión era un ser humano porque tenía cierto grado de pensamiento, sin embargo no de profundo análisis para darse cuenta de las consecuencias de determinados actos suyos. Cuestiona la inteligencia del interlocutor que el tribunal tenía en frente y el grado de responsabilidad en la masacre final. Hannah Arendt al plantear su mediocridad no lo defiende. Solo subraya algo evidente para todos lo que presenciaron el juicio.

Igualmente no debemos olvidar que el juicio permitió a muchas víctimas hablar por primera vez sin vergüenza de lo que les pasó, sin vergüenza de no haber podido detenerlo, sin vergüenza de haber sobrevivido. Y este libro, dentro de sus contenidos habla de los Judenrat y su rol, quizás ayudando a estos sobrevivientes a hablar.

En la película ella, tras tanta crítica, da un discurso en la Universidad con una audiencia que puede escucharla y entender realmente su punto de vista. Lo que plantea es diferente. En un grupo de pares ella no se encontró sola en su planteo.

La soledad la gana respecto a sus pares judíos, a sus amigos que no logran entender su forma única de ver las cosas, que requieren un lenguaje discriminador, depurado, preciso y exacto. Lo diferente no se entiende, y más en temas sensibles. A veces lo diferente nos choca tanto, no lo entendemos y lo repudiamos de tal manera que nuestra reacción es la de repudio. Ocurre al día de hoy en muchas mentes respecto a la transexualidad, a las distintas opciones sexuales, incluso en cosas tan banales como partidos de futbol y las hinchadas, el repudio y la falta de entendimiento que llevan al desprecio. Más entendible es que ocurriera con gente que sobrevivió a un genocidio en el que perdió su familia y parte de su herencia cultural, irrecuperable.

Volviendo a lo más personal, yo vi esta película con un hombre al que amo mucho, y es raro comparar este film con una canción de Taylor Swift, pero ella en uno de sus primeros temas, de su cd epónimo habla de que cada vez que ese chico escuche a Tim McGraw, piense en ella. Yo no creo que él vuelva a escuchar de Hannah Arendt pero espero que si escucha sobre ella, sobre la Shoá, o sobre alguno de estos temas, piense en mí.

Porque invitarme a ver esa película, sabiendo que no era de su interés pero que para mí iba a ser como traerme la luna, fue un acto de amor y de generosidad que no puedo olvidar.

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