Durante esta última semana estuvo en el debate público la supuesta desaparición de Sofía, su supuesto secuestro, hasta enterarnos que todo fue un problema familiar que se salió de control.

Ahí la gente, que rápidamente había reaccionado a favor de encontrarla, reacción normal, comenzó a castigarla duramente por haber mentido respecto a su paradero y haber acusado de un crimen a alguien inocente.

El problema con esas críticas es que en general se basaron en prejuicios. No criticaban el artículo específico del código penal en el cual se regula este tipo de situaciones, sino que criticaban que el escándalo que se había formado en torno a su caso era porque venía de una clase social acomodada, tratando a la muchacha de una nena caprichosa que había hecho esto, y que como su familia podía había movida cielo y tierra (incluida la justicia) para encontrarla.

Siendo esto verdad o no, es muy fácil juzgar desde nuestros monitores, en la comodidad de nuestros hogares cuando no conocemos el caso en profundidad. Desde mi perspectiva, de tratar de no criticar tanto a los otros, forma de ser que estoy tratando de adoptar creo que es mejor dejar que la justicia, que para algo existe, se pronuncie al respecto y dejemos que la joven reciba el apoyo y la contención que necesita tras toda la exposición mediática. Tal cual decía El Observador hace unos días ¿quién le devuelve la intimidad a Sofía Bueno?

Por otro lado lo comparaban con el caso de Evelyn. Opuesto por donde se lo mire. Era una chica menor de edad, de recursos limitados que había desaparecido y que no había recibido cobertura mediática, al menos no la cobertura que recibió Sofía y de ahí las críticas. Una desaparecida verdadera, menor, pobre, que no recibe toda nuestra atención.

Por un lado, esa familia y grupo de amigos no se movió por las redes sociales de la misma forma que Sofía, y también hay que revisar el historial de esa familia. Su hermana mayor también se había ido  en su momento con un muchacho. La madre contaba, que su hija de 15 años no estudiaba ni trabajaba ¿dónde están los deberes de madre en este caso? ¿Acaso la Constitución, máximo órgano legal de nuestro país hace obligatoria la educación media? Tanto los padres como el Gobierno están fallando en este sentido. Además el artículo seguía diciendo que más que un movimiento brusco “zarandazo” la chica no había recibido. Y agrega que ella no sabía con quienes se contactaba a través de las redes sociales. Siendo una menor, teniendo la experiencia de la hija mayor, uno creería que como madre preocupada estaría con todos los ojos despiertos.

No quiero culpar a la madre, que también tiene un contexto complejo con el cual lidiar pero sin embargo ese tipo de críticas no se hicieron y se vio a una como una pobre infeliz y a la otra como una cheta aburrida. Y creo que son dos generalizaciones basadas en prejuicios bastante peligrosas.

Otros casos bastante más trágicos como el de Nadia Cachés o el de Natalia Martínez.

Natalia Martínez Bengoa tenía 19 años. El 19 de enero de 2007 desapareció luego de asistir al local bailable La Rinconada, en Piriápolis. Al cabo de varias semanas de búsqueda, su cuerpo apareció 22 días después de su desaparición en Laguna del Sauce.

Los medios virtuales y los tradicionales rápidamente se movieron, como me comentaban, en este caso se respetaron las horas de desaparecido de una persona para iniciar todo tipo de búsqueda, por las dudas que sean casos como los de Sofía (en cuyo caso no se respetaron, quizás por tener familiares jugadores de fútbol o dinero,  o amigos muy ansiosos que publicaron cosas en facebook enseguida de que la noticia trascendió, no está en mi juzgar). Sin embargo por esta chica, también de clase media la justicia se movió y rápidamente. Como el desenlace fue trágico absolutamente nadie bromeó al respecto. Aunque tardaron años en hallar un culpable, suicidio del padre de Natalia mediante.

Como otro caso insigne, que conmovió a nuestra pequeña sociedad tenemos el de Nadia Cachés, de origen más humilde, una estudiante universitaria que en el trayecto de un lugar a otro desapareció. El lunes 13 de diciembre de 2010 a las 17:30hs. aproximadamente, Nadia Pamela Caches Pérez partió de la casa de su prima en Santa Lucía rumbo a la Ciudad de Canelones (República Oriental del Uruguay). Salió temprano, porque temía que la agarrara la noche y su bicicleta no estaba en buen estado. Había quedado en encontrarse con su hermano y nunca llegó, se supone que su recorrido fue enteramente por ruta 11.

El jueves 16, se encontró su bicicleta “sin daños aparentes” en las aguas del Arroyo Canelón Grande cerca del puente Margat viejo. El viernes 18, al mediodía su mochila fue encontrada cerca de dicho puente (a por lo menos 50 metros) en medio de espesos matorrales. El sábado 19, se suma trabajo de efectivos de la Armada Nacional, incluido un equipo de buzos.

A dos semanas de la desaparición se declaró que llevaron perros entrenados a la zona que parecieron mostrar que Nadia había estado allí aunque, claro está, no muestran si estuvo acompañada o no.

Pasado un mes y medio de la ausencia de la joven aparece un buzo a unos 400m. de la zona donde se encontraron sus pertenencias pero tras reconocimiento de amigos y familiares no pertenecía a Nadia. Fuentes oficiales acaban de confirmar al grupo,que el ADN encontrado en los restos óseos, corresponde a Nadia Cachés Pérez. Para ella aún la justicia no ha llegado.

En este tipo de casos la difusión fue lo que hizo que los casos fueran conocidos y al menos uno tuviese una resolución, controvertida, pero resolución al fin. La utilización de los medios de comunicación de forma respetuosa, pensando que estamos hablando del hermano, del hijo, del padre de alguien y sea su destino la muerte, o problemas psicológicos, tenemos que aprender a vestirnos de humanidad y lograr hacer críticas informadas y no escribir simplemente lo que se nos ocurra.

 

“Solo existe un sentimiento mayor

que el amor hacia la libertad

que es el odio a quien te la quita.”

Ernesto Che Guevara

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