La muerte del magnate chocolatero trajo repercusiones mediáticas, tal como su misma vida, en los últimos años, las había traído anteriormente.

Si bien estoy escribiendo a casi una semana de su muerte, lo hice con el propósito de ganar perspectiva y escribir algo diferente y digno de ser leído.

Ricardo Fort nació el 5 de noviembre de 1968 en una cuna de oro. Hijo de Carlos y Marta Fort, dueños de la famosa chocolatería Felfort, fundada por el abuelo de Ricardo en 1912, siempre vivió rodeado de lujos. Sin embargo, tal como contó en reiteradas entrevistas, su niñez no fue feliz y cuando creció tomó la decisión de no continuar con el negocio familiar. No quería ser empresario tanto como ser artista y sentía que su padre no lo apoyaba en su vocación. Tras una vida en Estados Unidos volvió con sus hijos a Buenos Aires y con la muerte de su padre, no metió mano en el negocio familiar y desarrolló lo que fue la figura mediática, Ricardo Fort.

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Para comenzar, deberíamos hablar de la mencionada figura de Ricardo Fort. Era un hombre que atraía la mirada, llamaba la atención. Para mí parecía una figura caricaturesca, encapsulando varios estereotipos.

Por un lado parecía un nuevo rico –áunque su fortuna fuera de familia- de Miami, deseoso de mostrar lo que tiene (casi como un cantante de reggaetón o rap con esas cadenas gigantes y ropa extravagante). También tenía algo de físico-culturista aunque no del todo auténtico. Y de hecho no lo era porque para tener ese físico se sometió a muchas cirugías que, es probable, le quitaran salud y años de vida.

Y por último parecía un auténtico fetiche de película porno gay, cuando vestido de cuero, con los ojos delineados y un cuerpo escultural, se presentaba en escena de sus obras auto-producidas o en el programa de Marcelo Tinelli. También la pléyade de guarda espaldas, la presencia de muchachos bonitos que en un comienzo se presentaban como amigos, como Joaquín Starosta y su hit del verano Panamericano, y las novias descartables y de concurso, a las que una vez cumplido su rol trataba con la usual misoginia con la cual se refería a las mujeres mediáticas con las cuales frecuentemente confrontaba.

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Este artículo no es un panegírico para ensalzar la figura de Fort ni tampoco un artículo despiadado, sino una reflexión de quién fue y que podemos aprender de la historia que nos contó a lo largo de 5 años en la televisión. Y este artículo lo escribo porque desde algún lugar, Fort me despertaba simpatías, desagrados, pena, una variedad bastante extraña de sentimientos.

Lo que llamaba la atención de Ricardo Fort era su mordaz lengua, siempre dispuesto a contestar y confrontar, a perdonar y olvidar y su cuerpo. Hoy sabemos que en sus 45 años de vida se hizo 27 operaciones, yendo detrás de un ideal de belleza que no existe. Se hizo dolorosas operaciones para ser centímetros más alto, separándose las vértebras, también agregándose prótesis en los talones. Se agregó mandíbula, y por eso tuvo que arreglarse toda la dentadura y colocarse encías flexibles que le permitieran modular al hablar y poder alimentarse. Quizás por eso hablaba tan extraño a veces, o tartamudeaba.

Se lo podría comparar con Michael Jackson, quien también vivió sometido a cirugías, alquiló un vientre para tener hijos y terminó adicto a la medicación y finalmente muerto. Sin embargo uno era un genio artístico y el otro, si bien no quiero juzgar obras ni espectáculos que no vi, distaba mucho de ser uno de esos seres tocados por la varita mágica del arte.

Mencionamos a sus hijos, sus hijos serán cuidados por su ex pareja y amigo Gustavo Martínez. Es curioso que tras una gran etapa en la cual negó su homosexualidad o bisexualidad, poco importa a esta altura, sea este hombre quien contara con la confianza de Fort para que cuide a sus hijos. Su propia familia, si bien a cargo de las decisiones de un funeral privado, hecho como si tuvieran vergüenza de la gente con la que se codeaba Fort, o incluso de sus fans, no se encargará de la crianza de los niños. Quién sabe cuanto intervendrán en sus vidas, si o si hacen algún acto de presencia en absoluto. Este hombre no apareció en cámaras ni fue parte del grupo, siempre cambiante, de Ricardo. Solo aparece al final de esta trágica historia como vocero de un hombre que ya le quedaba nada más que un hálito de vida y su rebeldía característica.

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Con el diario del lunes también vemos otras puntas de esta telenovela. Se cree que Ricardo Fort no murió en una internación por los distintos problemas de salud que lo aquejaban, sino que quizás murió por una negligencia médica. El cuerpo se exhumó y la historia clínica fue a tribunales.

Sin embargo hay quienes dicen que Paloma Fort, quien busca su parte de la fortuna Fort, luchando por su identidad como una legítima miembro de la familia, está metida en todo esto. Es una novela que seguiremos viendo en las próximas semanas.

Todo esto nos lleva a reflexionar algunas ideas básicas.

El dinero no compra la felicidad ni la conformidad de uno con uno mismo. Puede que haga más disfrutable determinados momentos, puede que ayude, pero como vemos, tristemente puede llevarnos a la muerte.

Este hombre durante toda una vida luchó contra sí mismo. En identidad sexual, en su aspecto físico, en sus elecciones de carrera. Y es triste vivir 45 años, de los cuales 30 hayan sido pretendiendo ser otra persona.

Irónicamente muere en el momento en el cual logró su lugar en el medio artístico y al menos parecía ser feliz en una relación (de un año y medio) con un joven que parece un muñeco por su hermosura y que por las demostraciones de afecto tras su muerte uno asumiría que lo quería como ser humano y no solo por su dinero. Incluyo esta frase aunque algunos piensen que lo que digo es ingenuo.

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Es bueno ser recordado por las buenas acciones que uno hace en la vida y no solamente por las excentricidades, las peleas, la falta de humildad. Alguien alguna vez dijo que el lujo es vulgaridad. Nunca creí en esa frase porque no asocio al lujo con Ricardo Fort. La palabra lujo la asocio con algo caro si, pero con un estilo que a mis ojos sea más refinado, más delicado, no tan lleno de brillo y exceso. Pero ese despilfarro para mucha gente es el lujo, a lo que aspiran o lo que les genera rabia no tener. En un país como Argentina, donde hay tanta gente pobre, mostrar todo eso me parece algo negativo. Y creo firmemente que a lo largo de su vida Ricardo debe haber tenido muchas acciones buenas a destacar, incluso quizás si hubiera dedicado toda su vida al arte hubiese desarrollado más habilidades y destrezas en ese campo. En 5 años querer comprar una carrera en el teatro y la televisión es imposible. Sólo termino destacando por lo excesivo de su personalidad y los objetos que tenía, la gente que compraba y movía como piezas de ajedrez.

Se puede decir mucho de este hombre, pero creo que con esta reflexión básica ya dije mucho. Le deseo la paz que no encontró aquí entre nosotros y mi sentido pésame a quienes lo admiraban o querían.

 

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