Siempre fui raro, pero en estos momentos me siento aún más raro que de costumbre. Estoy en un momento especial y único en mi vida en el cual, honestamente, no estoy con ganas de estar en cualquier reunión, ni fingir que me interesan determinadas conversaciones o personas.

Incluso, a veces me interesan esas personas, y lo que tienen para decir, pero simplemente no tengo respuestas a preguntas obvias que hace la gente cuando no te ve hace tiempo. Un ¿cómo estás? me incómoda y un ¿qué ha sido de tu año? ¿estás estudiando y/o trabajando? me derrumban.

Si bien mi 2013 fue un año de gran crecimiento personal, de sacarme muchas máscaras, de experimentar muchísimas cosas que creo debía vivir y me hacen la persona que hoy escribe estas líneas, en los parámetros del éxito convencional este año fue un año improductivo. O al menos bajo el yugo de mis juzgadores ojos.

Más allá del Proyecto Shoá, que es un capítulo aparte del que me siento orgulloso, por mi participación y por haber cumplido con todo lo que se me pidió (aunque no siendo digamos, un hombre de puntualidad inglesa como cuanta mi padre que mi bisabuelo era, esos genes no los heredé), el resto fue desastroso.

En el amor realmente me quemé en una hoguera, y estudiando fue otro fracaso, otro año que se me fue como arena de las manos. Con relación a mi familia fue un año de altos y muchos bajos. Y de trabajos ni hablemos. Los empleos de mala calidad que ni pude mantener realmente no fueron algo que hiciera al año mejor.

Entonces, superando estos problemas y otros, me volví un poco más reservado en con quiénes salgo, con quienes estoy, porque disfruto mucho de mi soledad, de la introspección, de la ausencia de preguntas.

Hace unas semanas me encontré con mi amiga Pía, y quedamos de vernos. Una de las cosas que me dijo es que en su casa se respira amor. Bah, fue algo dicho entre los dos y es verdad. Amor sin prejuicios, amor sano. Y quedamos de vernos y espero que se concrete.

imagen 1

Volviendo a la historia, el domingo pasado me expuse a una reunión familiar con gente que quiero mucho, y que me quiere mucho. Sin embargo hacía mucho tiempo no veía. Y tuve esa sensación de asfixia, de ganas de irme, de no saber que decir. Esas ganas de querer tener energías para involucrarme en debates políticos, en conversaciones sobre viajes al extranjero y otros temas que generalmente me interesan, pero no tenerlas.

Y mi actitud de sabremos cumplir hizo que me quedara bastantes horas. Con momentos hasta agradables. Y fue un paso hacia adelante, un paso para poder enfrentar el mundo. Un paso de muchos. Sin embargo me fui antes de que cortaran la torta, algo completamente antinatural en mí. En otros tiempos jamás lo hubiera hecho. Pero estos son tiempos nuevos.

Pero la semana continuaba. Tenía la reunión final del Proyecto Shoá. A pesar de ser un lugar en el que conscientemente se que me reconocen, por lo peculiar de interesarme en un proyecto sobre el holocausto sin ser judío, por mi involucramiento pasional con la causa y con dejar un mensaje constructivo detrás del horror, inconscientemente me siento un fracasado en comparación con quienes lo integran. Son personas que manejan vidas complejas: estudian, trabajan y yo me veo a mi mismo como una hojarasca. Como algo que el viento, sin hacer mucha fuerza puede volar. Igualmente se que no lo soy, porque pasé varias tormentas y acá sigo. Por eso, inconscientemente (supongo) llegué tarde. Igualmente en cuanto llegué sentí el amor y el respeto que ese grupo humano tiene para conmigo. Y no me sentí juzgado ni presionado. Me sentí bien. Fue una segunda prueba, un segundo paso. Estar en un bar, rodeado de otras personas y sentirme bien. Luego salimos con algunos, a un lugar que para mí podría ser tóxico, pero con la gente que me acompañaba, y con una amiga que me encontré se volvió un lugar más, donde me divertí un rato y pude comenzar a salir del ostracismo.

imagen 2

Entonces esta semana realmente me dio la pauta de que puedo ir reconstruyendo una vida más normal, menos ensimismada en mi mismo, paso a paso. Nunca más voy a volver a ser ese niño en un rincón leyendo novelas para viajar a otros mundos y no ver la realidad. Viajaré cuando tenga ganas, y veré gente e intercambiaré con ellos ideas, experiencias, risas y hasta una parte de mi corazón cuando también me venga en gana.

Eso en cierta medida me hace sentir más libre. Y ¿hay algo más importante en la vida que sentirse libre?

Anuncios