Hoy cuando me encontré con el chico con el que hasta ayer salía, por los horarios de nuestros días no sabíamos si volver a su casa y evitar el sol fuerte o ir a la playa de la ciudad vieja, estar un rato y después ir a donde teníamos que ir en esa zona de la ciudad.

Decidimos ir a la playa. Él tuvo que pasar por un baño. Yo lo esperé afuera del bar Santa Catalina. En la puerta un muchacho de aspecto plancha me saludó, como si me conociera o algo. Quizás de forma burlona. No lo sé, estoy tan acostumbrado a la discriminación diaria, a llamar la atención por algo en particular que, sin importar color de pelo o vestimenta, desde que salgo de mi casa hasta que vuelvo soy una potencial victima de discriminación por mi orientación sexual.

Con aquel seguimos camino a la playa. Él, más irascible y menos tolerante que yo ya estaba incómodo con la presencia de un grupo de muchachos quienes tuvieron a bien señalar esas diferencias, o más bien discriminarnos llegaron al punto más álgido cuando, yo prestándole mi short de jean a él para que se bañara mientras lo esperaba en bóxer dijeron algunos comentarios que yo tan acostumbrado a bloquear no distinguí con claridad. Algo acerca de burlarse del albino puto, por no escribir más groserías.

Cuando él volvió y vio que me estaban molestando los increpó y uno, el más violento bajó y le pegó un piñazo muy fuerte. Sangró mucho, pero así como estaba lo fue a buscar. Y esperamos a la policía casi una hora mientras impunemente el muchacho estaba a unos metros sentado con sus amigos, maltratándolos porque mostraron oposición a su comportamiento despreciable. Yo en bóxer y musculosa, él con mi short ensangrentado.

Antes de salir de la playa, las chicas que estaban detrás y que uno en la calle por su aspecto las estigmatizaría de planchas mostraron su solidaridad, y gente mayor que pensó que éramos turistas, cuando le hablé de que no lo éramos mostraron también su molestia respecto a lo que nos ocurrió. Eso me da algo de esperanzas de que no toda la sociedad está en un estado tan precario y troglodita como uno podría pensar con este ejemplo.

Finalmente cuando la policía llegó se lo llevó a Juan Francisco, y yo recorrí la Ciudad vieja en boxer y musculosa hasta la seccional donde luego de un rato pude ponerme mi short, ensangrentado por el golpe y mojado por el agua de la playa.

Entre tanto yo había contactado a gente de Ovejas Negras para hacer la denuncia por el lado civil, por un tema de discriminación. Contacté a mi amigo Guille de Proyecto Shoá que me dio todo su apoyo como siempre, como el día que lo conocí, como cuando cursábamos Derecho de Empresa juntos en la ORT y me recomendó para una pasantía en la Representación de México ante ALADI, como cuando me abrió las puertas y me hizo sentir cómodo en Proyecto Shoá y como hoy se mostró, cuando le pedí una información, totalmente dispuesto a acompañarme, a acompañarnos en este proceso. Uno ve los amigos y la gente linda que lo rodea en ese momento. De hecho tanto amor y tanta entrega sin ser los amigos más cercanos me conmovió mucho y me hizo llorar. Estaba sin hacerlo, manteniendo el humor durante todo el proceso pero esto me conmovió muchísimo.

La gestión con la gente de Ovejas Negras se comenzó pero quedó trunca.

Luego de que estuviéramos todo el día juntos, haciendo trámites, yo esperando a que su reunión terminara finalmente terminó todo con una citación al día siguiente para declarar. Yo probablemente declare, no estoy seguro porque tengo un rodaje como extra. Y por otros motivos que desglosaré a continuación.

Por motivos personales Juan Francisco decidió que no era un buen momento para vincularse conmigo, también pensó que yo no estaba en un buen momento para meterme en un vínculo y simplemente por no saber vincularse de una manera sana, esta historia linda que estábamos empezando terminó abruptamente.

Duele, pero la vida sigue. Por eso la denuncia y la visibilidad que el caso merece porque estas situaciones no pueden ocurrir en el Uruguay del siglo XXI no va a pasar, porque yo en realidad soy testigo de una agresión física, sufrí la agresión verbal que la sufro desde que me levanto hasta que me acuesto. Sino me hubiera encantado poner mi granito de arena para contribuir a una sociedad mejor.

Mi madre cuando le conté me dijo que lo mejor era el perfil bajo, tratar de evitar ir a una playa con gente de determinadas características, que la exposición en este momento de mi vida no me va a servir, que la sociedad no va a cambiar, que vivimos en una sociedad precaria. Me pareció patético lo que dijo, aunque se que lo dice porque quiere cuidarme.

Si no somos nosotros quienes cambiamos la sociedad ¿quién lo hará? Esta es una pelea sin cuartel y me gustaría si se da la oportunidad ser portavoz de esta causa.

Nunca me interesó ser portavoz de causas que me tocaran directamente a mí porque sentía que era victimizarme, por eso me metí en proyectos donde colaborara con la sociedad desde otros lugares, pero en estos casos creo que si hay que dar la cara y la próxima vez que viva un acto de discriminación, me va a encontrar listo para hacerlo, a pesar de mantendré mi actitud de dejar pasar los agravios diarios, de dar la otra mejilla como Jesús predicó o como Gandhi puso en práctica; porque quiero una vida en paz. Porque sino no podría vivir.

Los comentarios, las risitas burlonas, son algo del día a día que simplemente es parte del ruido ambiente que estoy acostumbrado a escuchar. Aunque no debería. Aunque esa “contaminación sonora” duela.

Ley: http://www.parlamento.gub.uy/leyes/AccesoTextoLey.asp?Ley=17817&Anchor=

Artículo sobre mecanismos para defenderse: http://www.ovejasnegras.org/tusderechos/anexos/alternativas_legales_contra_la_discriminacion.pdf

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