mujercitasQuizás se preguntan, que tiene que ver el libro de Louise May Alcott, que es la continuación de su más famosa novela, Mujercitas con la ley del buen morir. Pero leyéndolo, encontré una parte muy interesante respecto a como vivir la muerte.

A pesar de ser una ficción, la novela plantea una forma de vivir la muerte que hoy día quizás consideramos trágica e incluso inaceptable. Con resignación. Y el texto es hermoso porque nos muestra que puede pasar con la muerte de un ser querido. Como las personas podemos cambiar, podemos crecer y podemos volver a vivir después de algo tan trágico como la muerte de un pariente. Como no siempre aferrarnos a la vida es posible.

Pero veamos la ley que se reglamentó recientemente en Uruguay. La ley 18.473, llamada de “Buen morir” o “Voluntad anticipada” fue reglamentada por el Poder Ejecutivo, tras ser sancionada por el Parlamento en 2009.

La suspención de tratamientos o procedimientos será decidido por el cónyuge o en su defecto, los familiares de primer grado.

En caso de un estado de inconsciencia, si la persona no manifestó como quiere ser tratado en esta parte final de su vida, la ley establece al cónyuge o concubino a los familiares de primer grado de consanguinidad como responsables de decidir si se suspenden tratamientos o procedimientos.

Acá vale la mención de que como el matrimonio igualitario fue aprobado por el Parlamento este año las parejas homosexuales pueden ejercer un derecho sobre la vida de su compañero o compañera como cualquier pareja sin importar su orientación sexual, siendo uno de los tantos ejemplos del pie de equidad y lo importante de esta nueva ley de matrimonio igualitario.

La ley determina en su primer articulo que toda persona mayor de edad y psíquicamente apta, consciente, libre y voluntariamente tiene derecho a oponerse a la aplicación de tratamientos y procedimientos médicos, excepto en casos que esto afecte o pueda afectar la salud de terceros. Se podrían presentar casos controversiales por esta última línea de afectar la salud de terceros, porque es complejo en la aplicación de las leyes donde trazar los límites de los derechos. ¿Dónde empiezan mis derechos y terminan los del otro?

Del mismo modo se expresa que la persona puede anticipadamente expresar su voluntad de no utilizar tratamientos que prolonguen su vida si estuviese enferma de una patología terminal, incurable e irreversible. Esta manifestación de voluntad será igualmente efectiva cuando la persona este incapacitada legal o naturalmente. Esto excluye, obviamente, los cuidados paliativos.

La ley también dispone el carácter de obligatorio de toda institución médica, pública o privada a regirse por la Ley e impone reglas que reducen el margen que los médicos tienen para argumentar bajo objeción de consciencia, no imponer la norma. En caso de que se acepte la objeción de consciencia, la institución médica deberá proveer a otro médico para que se pueda actuar bajo el imperio de la ley.

También se establecen modelos de formularios a completar tanto por pacientes como los testigos y se impide que el médico tratante sea testigo.

Enseguida que leí esta noticia, de la cual pasaron ya algunos días, pensé en aquellos pasajes de unas mujercitas que vivieron hace mucho tiempo y que lidiaron con esto sin leyes, sin medidas extraordinarias. Sus cuidados paliativos eran algún viaje para cambiar de aire, el aire de montaña, paños de agua fría, mucha paciencia y amor y fe en Dios.

Hoy sin duda no nos resignamos a la muerte, al devenir del tiempo. Pareciera que quisieramos pararlo, todo el tiempo, con todas las medidas y el tiempo vuela. Y la vida pasa. Y hay veces que no hay nada que podamos hacer para evitar lo inevitable. Eventualmente no va a haber nada que podamos hacer para evitar lo inevitable. Parte de la vida es la muerte. Y estas mujercitas lo entendían bien. Su autora a través de la voz del narrador, con estos personajes encantadores nos da una visión femenina de una época respecto a la muerte.

Su autora, Louise May Alcott nació en Pensilvania en 1832 y murió en Boston en

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English: Image of Abigail May, wife of Amos Bronson Alcott and mother of Louisa May Alcott. Sketched from a daguerreotype (no artist or date listed). From Bronson Alcott’s Fruitlands by Clara Endicott Sears. Boston: Houghton Mifflin Company 1915. Page 4.

1888. Fue una escritora famosa por su novela Mujercitas (1868). Sin embargo no fue el único trabajo de esta autora, ni el único tipo de línea de literatura que exploró. Hija del trascendentalista Amos Bronson Alcott, escribió su primer libro Flower Fables en 1855. Su educación estuvo manejada por su padre e incluyó lecciones del naturalista Henry David Thoreau.

En 1860 comenzó a escribir para una revista y al ser enfermera durante seis semanas produjo una serie de cartas a su hogar que fueron publicadas y en las que se vió su poder de observación y humor retrospectivo. Otra novela, Estados de ánimo también fue considerada prometedora. Una parte no tan conocida de su obra son las novelas y cuentos que escribió bajo un seudónimo y que en Mujercitas critica como peligrosass para pequeñas mentes porque son relatos melodramáticos. Con las excepciones del cuento Work de 1873 y Un Mefistófeles moderno en 1877 no escribió trabajos para adultos, por lo que es más conocida por su trabajo para los niños.

Es allí donde entra Mujercitas, que es un relato semiautobiográfico de su infancia con sus hermanas, teñido por un bello romanticismo ligado a los valores, al hogar y a la naturaleza. Con textos como este me crié y por eso al leer una noticia inmediatamente puedo llegar a asociarlo con un texto de hace 150 años. Creó la secuela, Aquellas Mujercitas, o las Mujercitas se casan (depende de la traducción) en donde las mujercitas crecen. La saga sigue con Hombrecitos, inspirada en la forma de ser y la vida que lllevaban sus sobrinos. después para culminar la historia de la familia March escribió Los muchachos de Jo. Esta saga es realmente increíble de leer, muy aprovechable porque nos lleva a otro tiempo, nos hace reflexionar sobre nuestras vidas y valores y son una bocanada de aire fresco en este mundo posmoderno.

Otros libros que escribió son Una chica anticuada, La bolsa de retazos de la tía Jo, Rosa en flor que siguieron el estilo de Mujercitas aunque son más moralizantes. Rosa en flor y Una chica anticuada tuve el gusto de leerlos y tienen personajes casi tan entrañables como la saga de la familia March pero si tienen que elegir, escuchen lo que Alcott nos tiene para decir a través de las voces de estas eternas Mujercitas.

A continuación citaré algunos fragmentos de esta conmovedora parte de la historia de la familia March:

Cuando Laurie se marchó y volvió a reinar la paz en la casa, Jo propuso a su hermana hacer el planeado viaje a las montañas. Beth le pidió no ir tan lejos y dijo que, en cambio, preferiría pasar una corta temporada en el mar. De manera que Jo la llevó a una playa tranquila, donde pasaban mucho tiempo al aire libre, para que la brisa cálida le devolviera algo de color a las mejillas pálidas de la muchachita.

Aunque en aquel sitio había varias personas agraddables, las hermanas preferían dedicarse en exclusividad una a la otra, como si, de manera instintiva, sintieran que la separación no se hallaba muy lejos de llegar. (…) Un día, la propia Beth se lo dijo. Jo la miraba preocupada, buscando signos de esperanza en la cara de su hermana. Sin embargo, sólo veía unas mejillas undidas, unas manos demasiado débiles para sostener siquiera los caracoles que trataban de juntar. Con gran tristeza se dio cuenta de que, día a día, Beth se alejaba del mundo, y por un minuto los ojos se le nublaron de lágrimas. (…)

-Hace tiempo que lo sé. Ahora me he acostumbrado a la idea… no creas que me es difícil pensar en lo que me espera, ni sorportarlo. Trata de verlo así y no te aflijas por mí, porque te aseguro que es mejor de este modo, créeme. (…)

Cuando regresaron al hogar no hubo necesidad de palabras: tanto el padre como la madre vieron con claridad aquello que tanto habían rogado no ver nunca. (…)

Una vez superados los primeros momentos de amargura y desesperación, la familia aceptó lo inevitable e intentó llevarlo con el mejor ánimo posible. Todos se esforzaron por reprimir la propia pena, empeñados en lograr que Beth viviera dichosa el tiempo de vida que aún le quedaba. (…)

De manera que Beth lo pasaba tranquila y querida, atendida con amor y devoción. (…) Los primeros meses fueron, dentro de las circunstancias, muy felices. (…) Por fortuna, el proceso de destrucción de su cuerpo frágil sirvió para fortalecerle el alma y los que la rodeaban se dieron cuenta de que se hallaba bien preparada para el gran paso. (…)

(Jo le dijo a Beth)- Al principio creí que nunca podría dejarte marchar, pero gracias a tu paciencia, tu bondad y tu resignación, voy aprendiendo a creer que no te pierdo, que seguirás acompañándome aún más que antes, y que en realidad la muerte no nos separará, aunque así lo parezca. (…)

Su muerte llegó con la sencillez y naturalidad del sueño. En aquel mismo hogar donde habia respirado por primera vez exhaló su último aliento, sin otra despedida que una mirada y un breve suspiro.”

En el texto Beth también le hace prometer a Jo algo muy complejo para una mujer que quería conquistar el mundo de la literatura, un personaje feminista que buscaba estar en pie de igualdad con los hombres, que renegaba de la femeneidad decimonónica que su hermana Amy representaba. Le pide que cuide a sus padres deforma abnegada, aduciendo que eso es más importante que cualquier aventura en la que Jo quisiera incursionar.

La muerte para Jo representa un cambio de perspectiva, de objetivos, de vida. Ganamos perspectiva cuando vemos la finitud de la vida, vemos que hay objetivos más importantes que el éxito, la fama, o la aventura. Que cuidar a quienes nos rodean, que rodearnos de amor, que construir una familia, pueden ser fines más importantes que cosas tan poco importantes como el dinero o el reconocimiento externo. La muerte para toda la familia March representa una realidad a aceptar, con la fe de reencontrarse en algún otro plano.

Nosotros hoy, con toda la tecnología, parece que nos creyeramos invencibles, eternos. Sin embargo somos como Beth. Todos somos Beth. Nuestro cuerpo frágil se deteriorará en algún momento y si tenemos el espíritu crítico y bueno de este personaje, nos cuestionaremos si somos digno del amor que recibimos en nuestros últimos momentos, si hicimos las cosas bien, si podríamos haber actuado diferente.

Al menos son cosas que yo hoy me cuestiono sin estar al borde de la muerte y me imagino me cuestionaré en ese momento, si en mi destino esta saber de antemano que mi final es próximo.

Entonces ver que nuestra sociedad precisa una ley para que los servicios médicos no prolongen nuestra vida de forma indefinida y sin un objetivo real; que no permita dejar ir a las personas cuando es su tiempo es realmente ver que hace más de 150 años había gente con las ideas más claras que nosotros. La barca de Caronte pasará para todos nosotros y en algún momento tendremos que subirnos a ella.

Con esto no digo que los avances científicos y médicos no deban ser usados para el tratamiento de enfermedades, sino en algún momento tenemos que aceptar que la muerte es parte de la vida. Si no aceptamos la muerte no aceptamos nuestra propia humanidad. Textos como Mujercitas, que quizás consideramos anticuados o para niños, nos pueden traer estas lecciones de vida y regalarnos un poco de perspectiva. A Jo la partida de su hermana Beth se la dió. 

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