En estos días que pasaron conté un episodio que viví de discriminación. Se me acercó gente para que contara mi historia y la tratara en distintos ámbitos. Yo también me acerqué a gente, supongo con el deseo de que no quedara en la nada, de que esta historia vivida y sufrida fuera el puntapié para algún cambio, o que al conocerse más de lo que yo solo puedo difundirla, se generara un debate en la sociedad sobre el tema de la discriminación, del miedo a lo diferente, y un gran etc.

Sin embargo, las cosas no se dieron de esa manera, quienes vivimos este episodio no estamos como para comprometernos con una causa que no sea nosotros mismos, cuidarnos y sanar otras heridas de guerra.

Pero cuando uno abre las puertas de su vida, y cuenta en un blog que piensa y siente o que le pasa, le da la entrada a que otras personas opinen o se interesen y quieran difundir tu historia, contársela a otros.

Esto me pasó con una propuesta de un diario que representa a un sector de izquierda de Uruguay que está muy alejado de los valores que yo defiendo. Sin embargo darme cuenta de eso me llevó más tiempo que aceptar una entrevista.

Hablar de política con otras personas puede ser un ejercicio de la democracia y el libre pensamiento increíble. Empero hay que elegir con quienes esgrimir argumentos. Hay ideas tan diametralmente opuestas, o posturas casi dogmáticas con las que no se puede discutir. Porque los fundamentos de las ideologías son rígidos, mientras que las ideas pueden ser más flexibles, y uno las puede discutir de otra manera.

Encontrar gente que en Uruguay compare lo que pasa en Gaza y Cisjordania con el Holocausto, con un genocidio es un acto de desinformación y desidia hasta contra el idioma español, dado que el genocidio es una palabra que surge después de la Shoá (Holocausto) para definir este tipo de crímenes.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, en su página web contiene la Convención para la Prevención y Sanción del delito de genocidio. Leyéndola podemos darnos cuenta claramente que lo que ocurre en Gaza o Cisjordania con el pueblo palestino no es un genocidio sino una guerra entre un Estado y grupos en algunos casos hasta terroristas.

Esta Convención fue adoptada en 1948 y ratificada en 1951 con el precedente de la resolución 96 de la Asamblea General que declaró en 1946 (un año después de creada la organización y terminada la Segunda Guerra Mundial) que el genocidio es un delito de derecho internacional y que inflige grandes pérdidas a la humanidad.

La resolución no dice mucho, pero el artículo II de la Convención define claramente al genocidio como la matanza de miembros de un grupo, lesión grave a la integridad física o mental de miembros de un grupo, sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que traigan la destrucción física total o parcial, medidas que impidan los nacimientos dentro del grupo, traslado de niños de un grupo a otro con la intención de destruir, total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial, o religioso como tal.

En este sentido la existencia del Estado de Israel y el conflicto entre el pueblo palestino y dicho estado no es un genocidio, sino un lamentable conflicto bélico.

Pero cuando alguien menciona y dice que es antisionista y aclara que no es anti judío, y no considera la historia de padecimientos del pueblo judío que hacen necesaria la existencia de un estado que los proteja en caso de discriminación como la vivida en la Shoá y en los pogromos (ataques) previos, la Inquisición, y tantos otros episodios que este pueblo ha vivido por discriminación, por ser diferente.

Se le suma a eso, el detestar al gobierno porque colabora con el imperialismo de Estados Unidos y el escrache a una Embajadora de ese país en una aparición pública, como si eso pudiese generar entendimiento y acercamiento entre posturas disímiles.

Toda esta información que se me fue dando de este medio que quería entrevistarme y en donde yo pensaba contar mi historia se contradecía con mi propósito de contar mi historia para que hubiese difusión de una historia en donde primó la falta de tolerancia, de respeto a la diferencia aunque la diferencia molestara a una persona en particular, que terminó atacándonos por esa diferencia.

La diversidad sexual y la sexualidad en sí, en mi opinión debería ser vivida con naturalidad y a nadie debería molestarle mucho nada, en tanto no violente derechos ajenos. Pretender eso es quizás demasiado, pero no lo es pretender el respeto de los conciudadanos y el cumplimiento de las normas de convivencia y el imperio de las leyes.

Por eso, un medio que tenga ideas contrarias a las mías en política exterior, que esté en contra de un gobierno cuya gestión en muchos aspectos apoyo, y que además sea tan extremo con su cosmovisión realmente no sólo iba a ser contraproducente para lo que yo quiero contar, sino también una mancha en mi propio historia. Si fuese maquiavélico y pensara que el fin justifica los medios, quizás hubiese aceptado. Pero el fin no justifica los medios. La armonía y la coherencia del discurso general que yo siento plantear con lo que expreso y con la forma en la que conduzco mi vida creo que no se mantendría íntegra si yo aceptara dicha entrevista a este medio en particular.

Además de este encuentro virtual, tuve un encuentro real para hablar de política hoy en la parada del omnibus esperando casi una hora al 143 con una señora y un señor. Al principio empezamos a hablar de la limpieza y de como se avanzó en el tema con los contenedores hace tanto tiempo pero que a la vez no representan una solución a la mugre existente en la ciudad. Seguimos la conversación, responsabilizándonos a nosotros mismos, y también en otros momentos al gobierno.

Ya fue diferente el encare de responsabilizarnos nosotros y no quejarnos de aspectos que también dependen de la sociedad en su conjunto y no solo del conjunto de gobernantes. Luego con más confianza hablamos también de nuestras simpatías y antipatías políticas, intercambiando distintas ideas y experiencias vividas. Era un grupo variopinto. Una señora de unos 50 años, un señor de unos 70 y algo y yo. Todos con recorridos distintos, con un punto de vista particular pero tratando de conciliar en distintos aspectos.

Los tres viendo el lado positivo a la situación del país, que puede ser vista con una perspectiva bastante grisácea con los escándalos en el gabinete.  Quizás el verano, quizás era el sol que nos iluminaba en ese sábado, quizás los tres habíamos pasado el síndrome Navidad y estábamos con el espíritu más alto. Pero una espera se volvió en una charla, y una desconocida se convirtió en una sonrisa y un apretón de manos antes de subir al ómnibus.

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