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Pasaron dos semanas desde que en Uruguay celebramos la Navidad. Como país laico, muchas personas simplemente utilizan esta fecha como una excusa para reunirse antes de que termine el año, intercambiarse regalos como signo de cariño y festejar.

Sin embargo yo no soy una de esas personas laicas y viví la Navidad como el nacimiento de Dios hecho hombre. Reflexioné mucho sobre la fecha, reforcé mi fe en diciembre, en el final del Adviento, para ir reconstruyendo mi fe de a poco, como hace tiempo me recomendaron.

Para quienes no creen, también es bueno recordarles en el frenesí del consumo que hay motivos más importantes que embutirnos de comida –y dicho sea de paso, en general tradicionales de otro continente, con otro clima- y gastos, que puede ser una fecha en la cual nos reencontremos con nosotros mismos y en este proceso con los otros.

Dejando de lado la introducción reflexiva sobre la Navidad iremos explorando un poco sus orígenes, desde la elección de la fecha, su historia y las costumbres que se dan en esta fecha, tan celebrada en todo el mundo.

La palabra navidad viene del latín nativitas, que significa nacimiento y es una de las celebraciones más importantes para los cristianos, junto con la Pascua y Pentecostés. Conmemora el nacimiento de Jesús en Belén. Debido a la reforma que el Papa Gregorio XIII introdujo al calendario (que es el que usamos actualmente, el calendario justamente gregoriano) no todas las iglesias cristianas celebran la Navidad en la misma fecha. La Iglesia Católica, la Anglicana, algunas comunidades protestantes y la Iglesia Ortodoxa Rumana celebran el 25 de diciembre, aceptando el cambio del Papa Gregorio. Sin embargo, otras iglesias ortodoxas que no aceptaron la reforma al calendario juliano –anterior al gregoriano- festejan el 7 de enero dicha festividad.

Al hablar del origen de la palabra navidad, debemos tener en cuenta que no todos los idiomas llaman a esta festividad de la misma manera. En inglés se utiliza la palabra Christmas, que significa misa de Cristo, en tanto que en alemán se denomina Weithnachten que significa noche de bendición. Y vaya que fue una bendición (para quienes creemos) para la humanidad entera su nacimiento.

Cual sea el nombre que nuestra lengua tenga para llamar a la Navidad, todos proponen celebrar la natividad, es decir el nacimiento de Jesús.

Existen diversas teorías sobre por qué se celebra el 25 de diciembre, dado que la fecha del nacimiento de Jesús no está grabada en piedra en ninguna parte. Sin embargo diversas indagaciones buscan dar un poco de luz acerca de este dato un personaje histórico de tal magnitud e importancia como lo es Jesús.

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La Navidad no es de las fiestas cristianas más antiguas (no está incluida en la lista de Irineo, ni Tertuliano). La primer evidencia acerca de esta fecha se encuentra cerca del año 200 d.C. en Alejandría, cuando Clemente de Alejandría indica que teólogos egipcios asignan el año y día del nacimiento de cristo como 20 de mayo en el vigésimo octavo año de Augusto.

Posteriormente se fue popularizando el 25 de diciembre como la fecha del nacimiento de Jesús. ¿Por qué el 25 de diciembre?

Existen diversas teorías. Hay autores que defienden que se eligió esta fecha debido a la antigua celebración del nacimiento del dios-Sol en el solsticio de invierno, adaptada por la Iglesia católica para permitir la conversión de los paganos.

En el Imperio romano se celebraba a Saturno durante la semana del solsticio, llegando al clímax de celebración el 25 de diciembre. Para facilitar la evangelización, el papa Julio I pidió que se celebrara el nacimiento de Cristo en esa fecha, hecho que fue finalmente decretado por el Papa Liberio poco tiempo después.

En Constantinopla el proceso se da un poco tiempo después bajo Gregorio Nacianceno. En Egipto se comienza a celebrar en el siglo V, un siglo después en que en los otros lugares.

Igualmente los primeros discípulos de Cristo no celebraban Navidad y estas divergencias hicieron que se tomara como fecha oficial de nacimiento el 25 de diciembre y como la Epifanía el 6 de enero que se celebra en países de América Latina y España.

En Uruguay el día de la Epifanía se transformó en el día de los Reyes Magos. Si bien la transformación fue bastante sutil en comparación con otras transformaciones que nuestros gobiernos laicos han querido hacer, como por ejemplo llamar a la Navidad día de la Familia, o el día de las Playas el 8 de diciembre, este cambio de nombre y de identidad hace que no celebremos la Epifanía sino que sea otro intercambio de regalos. Igualmente para quienes creemos puede ser una bella historia para contarle a los más chiquitos de la familia e introducirlos en las historias bíblicas.

La fecha se impuso y durante muchísimos años se celebró. Sin embargo esta festividad que damos por sentado, seamos creyentes o no, fue puesta en jaque y hasta pudo desaparecer.

Durante la Reforma, esta celebración fue prohibida por algunas iglesias protestantes, que la consideraban ligada al Papa por su relación con el catolicismo y el paganismo antiguo. Después de la victoria parlamentaria contra el Rey Carlos I durante la guerra civil inglesa, los puritanos ingleses prohibieron la celebración de la Navidad. Esto provocó que el pueblo se rebelara y tomara ciudades, algunas tan importantes como Canterbury, decorando las puertas con mensajes respecto a la santidad de la fiesta. La Restauración de 1660, finalizó la prohibición, pero muchos miembros del clero reformista siguieron rechazando la festividad, usando los argumentos puritanos.

Y dado que Estados Unidos fue colonizado por Inglaterra, pero particularmente arribaron muchos puritanos, la Navidad fue rechazada y declarada ilegal en Boston durante alrededor de 20 años. En otros lugares, como Virginia y Nueva York se siguió festejando pero cuando Estados Unidos se independiza la Navidad cae en desgracia porque se consideraba una costumbre inglesa.

Sin embargo durante el siglo XIX la festividad volvió a ganar popularidad y en 1870 se declaró feriado federal de los Estados Unidos (ley firmada por el Presidente Grant).

Como la libertad religiosa es un asunto muy importante en Estados Unidos, se sigue discutiendo este tema, dado que los líderes puritanos no están tan conformes con esta decisión. Algunas iglesias Bautistas, algunas congregaciones protestantes radicales y los Testigos de Jehová no celebran la Navidad porque es considerada pagana, al no estar en la Biblia, rechazando el día 25 como la verdadera fecha del nacimiento de Cristo.

Igualmente hoy día, las festividades navideñas en Estados Unidos son icónicas. Las imágenes de Nueva York engalanada para la ocasión, el consumo excesivo de los estadounidenses en regalos, comida y decoración recorren el mundo. Algunas incluso son modelo a seguir.

En Montevideo nuestra principal avenida se decoró con luces que imitan copos de nieve en pleno verano, tal como se decora en Nueva York, aunque con mucha más modestia.

Sin embargo en Nueva York mismo, donde tuve la oportunidad de pasar Navidad una vez, la fila que había para entrar a una famosa iglesia en Misa de Gallo (Nochebuena) era increíble. La fe cristiana, católica o no, de este pueblo es muy grande, aunque ante los ojos del mundo y quizás ante las propias miradas críticas de quienes conviven con ellos, en muchas conductas no se comporten como verdaderos cristianos. Pero eso es otro debate.

Volviendo a Inglaterra, a comienzos del siglo XIX, Inglaterra vivía otro clima religioso y no existían tensiones como las que motivaron a que la Navidad fuera motivo de disputa. Sin embargo, esta festividad estaba en vías de desaparecer. Escritores, que no habían vivido en los siglos precedentes, imaginaban a esta fiesta como un tiempo de celebración sincero, por lo que hicieron esfuerzos para revivir esta costumbre.

El más famoso de estos intentos fue el libro de Charles Dickens, Un cuento de Navidad (1843),  en el que se hace hincapié en la familia, la buena voluntad, la compasión. El libro, si bien no es un libro religioso, nos sirve para reflexionar sobre porque cada 24 de diciembre de noche nos sentamos con nuestras familias o amigos, con aquellas personas que a pesar de todo, están siempre ahí. Y nos permite ser agradecidos de estar vivos, de estar con ellos, incluso cuando no siempre los vínculos son los mejores.

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En nuestra sociedad suele pasar que la Navidad y el fin de año trae más suicidios que otras épocas del año. Hay gente que se siente sola, hay gente que se desespera porque sus vínculos no son los que esperaba tener con su familia, o siente la soledad de haber vivido un año en ostracismo. Las razones son miles. Sin embargo, historias como las de Dickens –que por cierto a mi me habría hecho bien leerla este pasado año- hacen que ganemos perspectiva y nos demos cuenta de que, sin importar lo que pasó, tenemos la oportunidad de un nuevo comienzo.

Para quienes creemos Cristo nace cada 25 de diciembre para redimirnos de nuestros pecados, para limpiarnos y en definitiva darnos un nuevo comienzo y darnos la paz.

En la fe o no, podemos reconciliarnos con nuestros errores y nuestro pasado y tratar de vivir un nuevo año a partir del 25, a partir del 31, a partir del día que decidamos hacerlo. Sin embargo estas fechas facilitan porque socialmente estamos casi que obligados a vernos, y a enfrentar esas situaciones.

Como nos propusimos explorar el origen de la Navidad, es un asunto interesante pensar en la fecha escogida para celebrar el nacimiento de Jesús. Brevemente señalamos por qué la Iglesia habría elegido el 25 de diciembre. Pero hay un poco más de información disponible que esa.

La fecha del nacimiento de Jesús no está en la Biblia, no figura en ninguno de los Evangelios. Por eso no todas las confesiones cristianas coinciden en la fecha.

Como ya mencionamos, los romanos celebraban ese día el nacimiento del Sol invicto, asociado al nacimiento de Apolo. El día 25 era el solsticio de invierno. Cuando Julio César introdujo su calendario en el año 45 a.C. el 25 de diciembre de nuestro calendario gregoriano se ubicaba entre el 21 y 22 de diciembre. En esta semana que los romanos tenían de celebración, se paraban las guerras, los negocios y había intercambio de regalos. Todas tradiciones que se parecen a las actuales de la Navidad.

Los pueblos germanos y escandinavos celebraban el 26 de diciembre el nacimiento de Frey dios nórdico del sol naciente, la lluvia y la fertilidad. En estas fechas adornaban un árbol perenne que representaba al árbol del Universo, costumbre que se cree, se transformó en el árbol de Navidad al llegar el Cristianismo al norte europeo.

Los aztecas celebraban el advenimiento del dios del sol y la guerra en fechas que en nuestro calendario coincidirían con gran parte de diciembre. Los primeros evangelizadores promovieron el sincretismo religioso y la sustitución de personajes aprovechando la coincidencia de las fechas. Así desapareció el dios prehispánico, manteniéndose la celebración pero con características cristianas.

Actualmente la mayoría de las Iglesias cristianas otorgana la solemnidad de la Navidad una gran importancia por lo que hay un tiempo de preparación que es el Adviento, de la misma forma que la Cuaresma nos prepara a los cristianos para la Pascua, que es la celebración más importante para los católicos.

La celebración en la Iglesia católica se inicia con el llamado tiempo de Navidad incluyendo varios eventos como la solemnidad de Santa María, el Bautismo del Señor, etc.

También se celebran varias misas en Navidad, con distinto contenido según el horario. Se celebra la misa de Gallo o de noche buena, algunas a medianoche, algunas en el alba del 25 de diciembre. Sin embargo la más importante es la Misa del día. En la basílica de San Pedro y en este marco de misa del día, el Papa da un mensaje de navidad a todos los fieles del mundo y luego da una bendición solemne conocida como Urbi et orbi, que en latín significa A la ciudad –de Roma- y al mundo.

Este año fue elegido, tras la abdicación del Papa Benedicto XVI un Papa argentino, Francisco I. Y este hombre está dando de que hablar e incluso dio de que hablar en su discurso navideño. Resumiendo lo que dijo:

Jesus y Francisco

El Papa Francisco deseó un mundo mejor, como podría haber deseado cualquier Miss Universo. Sin embargo, se metió en asuntos terrenales y ahondó en el concepto de la paz. Deseó negociaciones eficaces en la tierra donde nació Jesús, la paz en los países donde hay conflicto, un trato digno para los refugiados. Entre los lugares conflictivos que hay en la Tierra, el papa mencionó a Siria que desde hace tres años está en plena guerra civil, a Sudán del Sur, cuya terrible historia previa a ser el estado mas joven del mundo es difícilmente resumible, la República Centroafricana, Nigeria e Irak.

Al desear la paz, el Papa decidió explicarla, porque es una palabra polisémica.

“La paz verdadera no es un equilibrio de fuerzas oponentes. No es una fachada encantadora que oculte conflictos y divisiones”,La paz requiere un compromiso diario”

En referencia a los ataques contra los cristianos en África y en zonas del Oriente Medio, Francisco pidió a Dios que proteja “a todos los perseguidos en tu nombre”.

La Navidad como es la fiesta cristiana más popular, tiene muchas tradiciones. La que en Uruguay respetamos, siendo o no cristianos es la cena de Nochebuena que empieza en la tarde noche y llega hasta pasada la medianoche. Sin saber el verdadero motivo, esperando los fuegos artificiales, los uruguayos no nos dormimos antes de las doce. El nacimiento de Cristo tuvo lugar en la medianoche, al comienzo del siguiente día, por eso la Navidad es el 25 de diciembre.

Otra tradición con la que algunos pudimos haber estado en contacto, y de hecho yo estuve, son con los pesebres vivientes, los llamados Belenes. Es la representación mediante maqueta o incluso personas del establo donde nace Jesús, la Sagrada Familia, los reyes magos. A veces aparecen ángeles, becerros, pero lo más importante es colocar la estrella de Belén con su estela, dado que los guió a ese lugar seguro para que el niño Dios pudiera nacer. En algunos lugares donde está la maqueta, no se coloca al niño Jesús hasta su nacimiento. En Uruguay, cuando armamos pesebre, generalmente está todo incluido.

Otras tradiciones incluyen la corona de Adviento, los villancicos (quizás el más conocido es Noche de Paz y en las misas se canta), el árbol de navidad del cual ya escribí en otra entrada en el blog entre otras.

Este tema ha inspirado a las artes, y la conmemoración del nacimiento de Jesús es, junto con su Pasión, Muerte y Resurrección uno de los principales acontecimientos de la vida de tan fascinante personaje histórico. Por ello ha interesado como tema a los artistas de todos los tiempos y lugares.

Se han escrito ficciones navideñas que tienen como tema a la esperanza y el milagro. Son clásicos la ya mencionada novela de Charles Dickens y el ballet de Tchaikovsky, El cascanueces. Ambos, y muchas otras historias, han sido llevadas al cine y la televisión.

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Si bien mencioné que la Navidad es un momento que para nosotros puede ser laico, de reencuentro y de festejar el fin de un ciclo, reconciliarnos y mil motivos más que no tienen nada que ver con la religión, me gustaría terminar de escribir este artículo hablando del significado verdadero de la Navidad, el significado que tiene para mí hoy, que quizás ignoraba de más pequeño, porque mi fe no estaba tan robustecida.

Navidad no es la celebración de una fecha, sino de un hecho. Por eso en el artículo no hubo una digresión muy larga sobre si Jesús realmente nació en esa fecha o cuando nació. Este día celebramos el nacimiento del Salvador, evento absolutamente decisivo en la historia de la salvación.. Se lee en las profecías:

Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; le ponen en el hombro el distintivo del rey y proclaman su nombre: “Consejero admirable, Dios fuerte, Padre que no muere, príncipe de la Paz.” (Is 9, 5)

Como dijo Juan Pablo II:“Jesús nace para la humanidad que busca libertad y paz; nace para todo hombre oprimido por el pecado, necesitado de salvación y sediento de esperanza.”

Jesus

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