Por Fabián Álvarez

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Este fue un año de enorme crecimiento para el Proyecto Shoá, que viene evolucionando sin parar desde su inicio como muestra interactiva en el Subte Municipal en 2008.

Gran parte de ese crecimiento se debe al renovado espíritu de quienes integramos este proyecto, de ser una voz para la memoria de lo que ocurrió en la Shoá (holocausto) con todas aquellas personas que eran diferentes al ideal nazi, en particular con los judíos, vistos bajo una lupa mucho más discriminadora que otras minorías.

Cada año supone un desafío nuevo porque cualquier proyecto que se queda estático tiende a enflaquecerse. En gran medida eso ha ido siendo motor de nuestros cambios. De ser una muestra interactiva pasamos a ser un taller para que todos los jóvenes de Uruguay conocieran la temática.

Sin embargo cabía preguntar ¿con todo lo que pasa en el mundo esto es relevante para ellos? ¿con todo lo que pasa en su propio mundo, en su comunidad, en su liceo, en su casa, esta historia los conmovería? ¿era esta la historia correcta para contarles? La respuesta es mil veces sí porque es una historia que muestra lo peor de la condición humana.

Lo peor de la condición humana es la discriminación y la intolerancia a lo diferente a mí o a mi idea de normalidad. Lo peor de la condición humana también es, ser indiferente ante esa discriminación.

A nosotros como educadores y como personas nos pasó y nos pasa que a veces vemos realidades que no creemos correctas y somos indiferentes. A veces también cometemos el error de discriminar. No somos perfectos, y nuestros estudiantes lo saben. Sin embargo ven como venimos a dar la cara, a dar vuelta esa página y ser todos mejores, juntos.

A través de este proyecto tratamos de contar, a través del peor ejemplo, los riesgos de tomar estas actitudes. El intercambio con los estudiantes es mutuo. Nosotros, al ser portavoces de esta historia, vamos forjando una ética nueva, para poder pararnos con dignidad frente a ellos y hablar sobre la comprensión, el aprender y respetar a los otros por más diferentes que sean.

En los dos años que vengo integrando este proyecto a nivel personal he podido crecer mucho, cambiar actitudes que no me gustaban de mi mismo y que no iban con los valores del proyecto y trabajar mucho el asunto del bullying tanto a nivel personal como con los alumnos, tan frecuente hoy en los liceos.

Mi mirada quizás difiere a la de otros educadores porque tengo la dicha de no tener familiares que hayan perecido en un campo de concentración. Sin embargo tengo una historia de vida compleja, donde el acoso escolar fue intenso y constante. Fue una lucha sin cuartel y poder hoy estar del otro lado, transmitiendo valores y buenas ideas para que las generaciones futuras sean mejores, cambien esas costumbres tan dañinas hace que sane de a poco mis propias heridas.

Las heridas de bullying calaron tan hondo. Antes de proyecto shoá quizás no las tenía tan presentes pero ahora que están casi a flor de piel, es el momento perfecto para que cicatricen. Y por eso estoy tan agradecido por pertenecer al Proyecto, por conocer a gente increíble como el equipo que trabajamos y hacemos posible que esta iniciativa siga y también a todos los estudiantes que con su devolución nos nutren y nos miman. De estos últimos anécdotas tengo muchas, y serán por siempre recuerdos imborrables.

Sin embargo, al hablar de lo fuerte y cada vez mejor que está el Proyecto, tomamos solo en cuenta lo cualitativo pero no tenemos en cuenta el impacto en números, que son a su vez gente a la que le llegó el mensaje y algunas vidas cambiadas.

Al ser un proyecto inclusivo por segundo año recorrimos el interior. En Canelones estuvimos presentes en Atlántida, Salinas, Pando, Las Piedras, Toledo, Solymar, Barros Blancos y Canelón Chico. En Cerro Largo visitamos dos veces su capital, Melo. Colonia fue otro departamento visitado en más de una oportunidad, conociendo desde pueblos minúsculos con realidades diametralmente opuestas a las que los educadores conocemos en la capital, pero con un mensaje también válido, también útil y necesario para ellos. La discriminación existe en todos lados. La ignorancia respecto a lo que fue la Shoá también. Dentro de Colonia se visitó Radial Conchillas, Ombúes de Lavalle, Tarariras, Colonia del Sacramento y Colonia Valdense. En Florida estuvimos presente en Capilla del Sauce. En Lavalleja fuimos a dos pueblos relativamente pequeños, el histórico José Batlle y Ordoñez, pegado a Nico Pérez y a Solís de Mataojo- Más cercano a Montevideo visitamos en Maldonado dos de sus ciudades más importantes Piriápolis y San Carlos. En Río Negro fuimos a Young y en Salto a su bella capital. San José fue visitado también varias veces, estando presentes en Ciudad del Plata, Libertad y Villa Rodríguez. Por último en Soriano estuvimos presentes en Dolores, Palmitas y Rodó.

A todas estas visitas a lo largo del año se suma la masiva cantidad de actividades que se efectuaron en Montevideo.

De las diferencias entre actividades en liceos públicos y privados, del interior del país y de Montevideo e incluso las diferencias de un grupo a otro en una misma institución hemos aprendido como encarar los distintos desafíos que supone entregar un mensaje complejo pero importante para la vida de todos nosotros que es la igualdad en la diferencia y el respeto por los otros.

Esta multiplicidad de experiencias y la capacidad de compartirlas han hecho del conjunto de educadores y participantes de Proyecto Shoá un grupo más unido, compacto y más rico.

En total, Proyecto Shoá visitó 93 instituciones educativas, realizando 250 actividades, con aproximadamente 11.250 alumnos participantes. Comparativamente el crecimiento es abismal dado que en 2012 7.350 alumnos recibieron la actividad, en 2011 3.950 alumnos y en 2010 3.775 alumnos.

Esperamos con ansias un 2014 con aún más desafíos para seguir presentes como una organización que impacta positivamente en nuestra sociedad a través de su vía más importante que es la educación.

¡Desde lo personal agradezco a todos los que nos acompañaron en este 2013!

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