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Con bellísimas ilustraciones y una hermosa calidad en su producción, aparece este curioso libro para niños. ¿Para niños?

Desde su portada ya nos sorprende con el dibujo de un niño, como cualquier otro, con su pelota y remera de fútbol pero atraviado con lo que parece ser un largo vestido lleno de brillos.

Por eso, ya la portada nos sugiere que la historia que se va a contar, a pesar de tener pocas palabras y muchas ilustraciones, nos puede llevar a la reflexión de asuntos mucho más profundos que quizás, muchos de los libros infantiles recientes no producen.

Hay historias inmemoriales que se han vuelto grandes lecciones de moral y principios que pertenecen al gran acervo cultural de la humanidad. Por citar algunos libros moralistas tenemos a Heidi, que con su mirada desprejuiciada logra ver a un buen hombre en donde todos creían ver a un ermitaño y hasta criminal. Las fabulas de Jean de La Fontaine no precisan presentación.

Sin embargo para el siglo XXI, con los cambios paradigmáticos en los valores de la sociedad, se precisan nuevas historias. Para poder soñar con una sociedad equitativa, que entienda las diferentes formas de pensar y sentir precisamos historias que nos muestren este tipo de ejemplos de forma natural.

Y es lo que hace el personaje de esta simpática historia. Algo que brilla le llama la atención y sin los prejuicios de que las prendas de vestir pertenecen a un género u otro se la pone. Se pone ese vestido de brillos y sigue con su vida.

Pero el mundo no ve con los mismos ojos límpidos que este vestido brillante, para este niño es una tela que puede convertirse en las galas que usará como protagonista de mil historias. Historias en las que por supuesto no está definiendo su género ni su preferencia sexual. Un trozo de tela no tiene ese poder.

El poder de definirnos está en otro lado. Podríamos plantear la hipótesis de que en definitiva lo tenemos nosotros como individuos, como sociedad. Que puede ser que esté en nuestra historia desde que nacemos, o tal vez en nuestra genética.

También esboza la reacción de los otros ante lo diferente. Este niño con su vestido verde, es el diferente, y choca con un montón de personas que si consideran que un vestido puede definir aspectos del niño, aspectos que lo convertirían en diferentes a ellos, a lo que consideran normal y hasta correcto.

Por eso es un libro para niños y para adultos. Porque el mensaje puede ser analizado profundamente por nosotros los adultos y llegar de forma fresca a niños que pueden criarse con un mensaje distinto, más abierto.

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