Los hombres hemos estado siempre fascinados con el misterio de la muerte. Para todos, instintivamente lo natural es estar vivos. Desde que tenemos memoria lo estamos. Y desde que tenemos memoria otras personas están vivas. Las conocemos vivas, las amamos vivas, las odiamos vivas, etc.

Sin embargo a veces llega el momento en el cual vemos como gente que formo parte de nuestra vida, parte del entramado social en el que nos movíamos, parte de nuestros afectos, nuestros más íntimos amores se va.

Y para quienes nos tenemos que despedir, aunque sepamos que es el momento, nunca podemos estar del todo conformes con la idea de la resignación, la idea de la separación física de aquella persona que tantos momentos y espacios ocupó de nuestra vida.

Siempre uno piensa que hay distintos tipos de muerte. Algunas más trágicas, otras más previsibles.  En estas semanas me tocó de costado escuchar sobre distintas muertes, algunas más cercanas y otras que afectaron a gente que quiero.

A principios de mes me encontré con mi amigo Sebastián, de Colombia, que visitó Uruguay. Vive en Brasil. Por supuesto para su estadía decidió quedarse en un hostal. Pareciera que todos los extranjeros jóvenes viven en hostales o conocen a la gente que allí se queda, sea por un par de días o de forma más permanente.

Charlando con todos ellos, pasamos por una galería del centro, donde está la Tienda Rara. Un brasileño me cuenta que Nico Minacapilli, el dueño de esa tienda había muerto. Yo no podía creerlo y me sentí muy triste. Escribí a una amiga en común y confirmé la terrible noticia. Algo abrupto por su juventud, abrupto por las causas.

nico

Mi tristeza no fue por la cercanía con Nico. Nosotros apenas nos conocíamos pero teníamos buena onda porque era imposible no tenerla con alguien como él. Con su mirada tierna y cristalina, su buen humor y su onda, hacía sentir a todo el mundo a su alrededor cómodo. O al menos esa impresión yo tengo de él.

Mi tristeza estuvo en el hecho de que él me parecía alguien digno de seguir conociendo, y me perdí de esa oportunidad. Fue un dolor hasta egoísta. Con espíritu artístico y libre, era una de esas personas que daban ganas de conocer. Y no hay tantas personas que me inspiren eso. Y también sentí tristeza porque se del dolor que sienten otras personas, quizás un poco más cercanas a mí, por esta pérdida.

Mi tristeza está justificada en su juventud y en lo azaroso del destino. En como un día estamos llenos de vida y al siguiente no.

En el mismo período una gran amiga de mi tía, bastante joven moría de cáncer dejando a una familia doliente. Ella vivió una vida y una muerte más larga debido al cáncer. Las reacciones de todos fueron de dolor y alivio. Alivio por no ver sufrir más a un ser querido, dolor por perderlo para siempre. El dolor fue intenso, pero definitivamente no fue inesperado. Al no serlo, tenemos la opción de saldar nuestras cuentas pendientes, de decir todo lo que queramos a esta persona que estamos despidiendo.

Finalmente, en esta semana donde la parca decidió pasearse cerca de mí, mi querida profesora de francé Rosa perdió a su sobrina. Por lo que Rosa contaba, conmovida, su joven sobrina no cuidaba su cuerpo y fueron sus propios excesos y descuidos en la salud lo que hicieron que de un día para el otro se deteriorara tanto que muriera. Su dolor, transmitido a mí cuando hablamos, conmueve porque es anti natural perder a un hijo o a un sobrino. Uno espera irse antes que la gente más joven que uno, que la gente a la que crió.

Las tres muertes son muertes infames, injustas. No son accidentes, son asuntos de salud, son los misterios del cuerpo. No existen explicaciones racionales para justificar que una persona tenga cáncer, o que una persona simplemente no aguante un día de calor debido a la medicación que tomaba, o una muerte de un hombre joven.

Pero en la vida y en la muerte no hay justicia, la muerte es parte de la vida y de ella tenemos que aprender, para ser más sabios y vivir mejor.

Lo más sabio es aprender. La muerte nos da una nueva oportunidad de reconectarnos, reflexionar y darnos cuenta de lo finita que es la vida, y de que debemos aprovecharla al máximo.

Amar sin miedos, decir lo que sentimos, perseguir nuestros sueños. Que cada día apoyemos la cabeza en la almohada sin resentimientos, sin fantasmas que nos persigan. Que las dificultades se vuelvan oportunidades de las cuales crecer, aprender y vivir.

Creo que ese sería el deseo de nuestros muertos. Y de nuestros vivos también. De todos los que nos quieren.

foto linda blog

Comencé este texto escribiendo sobre la fascinación de los hombres por la muerte, y fue en estos días que encontré un bellísimo poema de Arthur Rimbaud  sobre el tema, que voy a dejar a continuación en francés (su idioma original y luego en español).

arthur rimbaud

Le dormeur du val

C’est un trou de verdure où chante une rivière,
Accrochant follement aux herbes des haillons
D’argent ; où le soleil, de la montagne fière,
Luit : c’est un petit val qui mousse de rayons.

Un soldat jeune, bouche ouverte, tête nue,
Et la nuque baignant dans le frais cresson bleu,
Dort ; il est étendu dans l’herbe, sous la nue,
Pâle dans son lit vert où la lumière pleut.

Les pieds dans les glaïeuls, il dort. Souriant comme
Sourirait un enfant malade, il fait un somme :
Nature, berce-le chaudement : il a froid.

Les parfums ne font pas frissonner sa narine ;
Il dort dans le soleil, la main sur sa poitrine,
Tranquille. Il a deux trous rouges au côté droit.

El durmiente del valle

Es un claro del bosque donde canta un río,
Cuelgan enloquecidamente de las hierbas harapos
De plata; donde el sol de la orgullosa montaña
Luce: un pequeño valle espumoso de luz.

Un soldado, joven, atónito, cabeza desnuda
La nuca bañada en el suave azul,
Duerme; está tumbado en la hierba, bajo el cielo,
Pálido en su verde lecho donde llueve el día.

Los pies en los gladiolos, duerme. Sonriendo como
sonreiría un niño enfermo, descansa:
Naturaleza, mécelo cálidamente: tiembla.

Ya no le estremecen los perfumes;
Duerme en el sol, la mano sobre el pecho,
En calma. Se ven dos agujeros rojos en el costado derecho.

 le_dormeur_du_val

El durmiente del valle es un poema de adolescencia de Rimbaud, sin embargo ya poseía coherencia y claridad de contenido. La naturaleza acoge a un humilde guerrero caído, es inmediata la solidaridad entre el poeta y la víctima, quien puede haber sido de su misma edad. Rimbaud desarrolló sentimientos solidarios que no ocultó en la lírica, verbalizándolos con mucho arte y calidad.

Se dice que El durmiente del valle es el primer poema que Arthur Rimbaud le envía a Paul Verlaine, y que gracias a éste se ve inevitablemente atraído por el poeta.

Arthur Rimbaud fue un poeta precoz., Ttuvo una carrera brillante desde los 16 hasta sus 22 años. Su vida y experiencias se plasmaron en su poesía, recogiendo su romance homosexual con Paul Verlaine y poetizando su relación con el mundo reflejada en su sensibilidad

Este poema en particular es un poema de guerra, sobre la revolución de la Comuna de París, motivado por la solidaridad hacia un revolucionario caído en combate. Su compasión hacia las clases menos favorecidas se origina en su crianza en el barrio obrero de Charleville, por su contacto con las masas trabajadoras. Además, Rimbaud de adulto tuvo dificultades económicas y en ciertos momentos el mismo se empleó como obrero de construcción.

La primera estrofa nos introduce al escenario de la naturaleza, cerca de un río plateado que canta,  supone armonía, paz, el descanso se ha alcanzado a la luz del sol que brilla sobre la montaña. Este escenario es un pequeño valle, apropiado para el joven soldado, cuya edad lo hace pequeño ante el mundo.

La segunda estrofa presenta un acercamiento al cadáver, nunca mencionado como tal, es un soldado sin casco, es decir sin medios necesarios para la guerra, o para seguir luchando.

Hay una oposición vida muerte, por la imagen del berro fresco, planta  comestible. Este berro en el poema es azul, color del espíritu para el simbolismo, así se deja ver la presencia de la vida frente al cuerpo abandonado del soldado, carente de su espíritu.

Sin embargo el sueño e el que esta durmiendo el soldado es el regreso a la tierra, la unión con la naturaleza. La naturaleza es el lecho verde que pleno de vida acoge al difunto soldado. Este encuentro solidario se logra por la pertinencia de las imágenes, del durmiente y del paisaje que lo recibe.

La tercera estrofa tiene un pedido en el vocativo “Natura, acúnalo con calor: tiene frío”, la naturaleza es un ente vivo, inmutable frente a la fragilidad de la condición humana, el frío de la muerte puede mitigarse con el calor de la vida, ya que ella sigue produciendo plantas, yerba, flores como los gladiolos, agua; está presente el sol que brinda calor y mantiene el ciclo vital en la tierra.

Otra vez el joven soldado duerme, pero parece un niño enfermo que sonríe, ha muerto dulcemente. El joven revolucionario ha recuperado la inocencia de la niñez, lo que le permite sonreír ante la derrota. Es un soldado romántico, entregado a sus ideales hasta ofrendar su vida, por un cambio en la sociedad que no podrá testimoniar. El soldado esta soñando. Este sueño puede ser una visión del futuro de la sociedad.

La cuarta estrofa es una sinestesia o combinación de varios sentidos, se advierte el olor perfumado del campo pero el soldado no lo registra con su nariz. Las heridas de bala son el final de la descripción. Al final del poema dormir equivale a morir, es la supresión de toda acción. La sinestesia engloba la naturaleza, luz, calor, olor, sangre como líquido vital, muerte como parte de la existencia.

La magia de este poema está en la forma en la que podemos reconciliarnos con la muerte, al verla como un sueño hermoso plácido tras una existencia digna de ser vivida. En la época del autor quizás era siendo un romántico revolucionario. Hoy puede ser, siendo fieles a nosotros mismos, estando conformes con nuestras acciones y dejando nuestra huella o granito de arena en el mundo.

Nos reconciliamos al verla como un momento más de la vida. Al verla no como una separación sino como un hasta pronto. Al menos para quienes tenemos fe, con o sin poema, la muerte es un largo hasta luego, para reencontrarnos en la paz de Dios.

Retrato de la primer esposa de Monet, fallecida en su juventud.
Retrato de la primer esposa de Monet, fallecida en su juventud.

 

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