“Vi, con mis propios ojos, cómo un soldado arrancaba a un bebé de las manos de la madre y le abría la cabeza a golpes contra un poste de electricidad. Los sesos de la criatura salpicaron la madera. La madre enloqueció. Ahora lo escribo como si no hubiera pasado nada, como si yo misma formara parte de un ejército entrenado para la crueldad; soy joven, tengo catorce años, yodavía he visto poco en la vida; sin embargo ya me he vuelto tan indiferente. Ahora (…) lo único que siento es un miedo terrible. Cuando veo a alguien con uniforme, pienso apenada en las masas que esperan la muerte. (…) Lo más extraño de todo es que ninguna de nosotras lloraba nada, NADA EN ABSOLUTO. No derramamos ni una sola lágrima. Entonces, vi tantas desgracias que sería inútil describirlo con palabras.”

El cuaderno de Rutka – 6 de febrero de 1943 – Rutka Laskier

rutka

Tras escribir esta cita, el dolor que siento es inexplicable, como si yo mismo fuera parte de aquella historia y a ese niño y esa madre los hubiera conocido. Es que en estas pocas líneas que Rutka nos regaló, si lo conocí. Y sí forma parte de mí, forma parte de todos aquellos que optamos por no ser indiferentes. Parafraseando a John Donne la muerte de cualquier hombre es mi propia muerte, como parte de la humanidad.

Siempre pienso en escribir sobre este tema y sus distintos ángulos en este blog. Sin embargo, por alguna razón cada tanto decido dejarlo para más adelante. Pensándolo… es natural que eso me pase. Los temas más complejos, más dolorosos y más profundos siempre son más difíciles de analizar. Igualmente no pensé que YO pudiera en este caso tener un rol de indiferente, y ser uno de aquel grupo que permite que las cosas pasen y no hace TODO en su poder para evitarlo. Hoy decido cambiar de rol.

En esta semana, en la cual en unos pocos días se celebrará el día internacional de recordación del holocausto, quiero hablar sobre la Shoa (conocida más como el holocausto del pueblo judío). En este período, que coincide con la Segunda Guerra Mundial, millones de personas murieron en los frentes de batalla, pero más importantemente, otros millones murieron víctimas de las decisiones de los líderes del mundo.

Son algunos ejemplos emblemáticos la detonación de 2 bombas atómicas en Nagasaki e Hiroshima por parte de los Aliados (Estados Unidos a la cabeza) en las mencionadas ciudades japonesas… y las consecuencias a corto, mediano y largo plazo que eso dejó en el pueblo nipón  y el proceso de exterminación industrial del pueblo judío y otras minorías (la nación roma –gitanos-, homosexuales, comunistas, testigos de Jehová, discapacitados –con el epítome de la crueldad Mengele y sus experimentos para recordarnos la personificación de la maldad, y también recordarnos que Argentina, Uruguay y otras naciones latinoamericanas lo refugiamos a posteriori-).

También impactaron en el mundo las decisiones de otros líderes del mundo y personas comunes que ante tal situación se volvieron líderes y héroes (más allá de que lo que Irena Sedler tenga para decirnos al respecto, que no se considera una heroína y que sintió que debió hacer más para salvar aquellos niños).

irena

Al día de hoy, los Justos entre las Naciones suman 23.000 personas e historias que conocemos y reconocemos, entre las tantas que el tiempo habrá borrado. Una de las historias más conmovedoras quizás sea el ejemplo de Dinamarca.

El gobierno depuesto de aquel país y su gente decidieron que a pesar de enfrentarse ellos mismos al peligro de la muerte, sus compatriotas judíos no iban a morir simplemente por la religión que profesaban, rescatándolos del fin inminente al permitir su huida masiva a Suecia y a quienes no contaron con esa suerte, un refugio y escondite en sus propias casas. La cara de la Shoa, a pesar de su muerte en el campo de Bergen-Belsen, es un reflejo de esa solidaridad y entrega que algunos mostraron durante este período.

De este tema podría escribir páginas y páginas, pero no considero que un blog sea un examen de historia reciente, sino un espacio donde podemos decodificar distintas historias de nuestra vida y aprender de ellas. Al menos yo lo vivo de esa manera. Creo en el rol social de la literatura y de la escritura, como potencial fuerza sanadora de la humanidad. Las historias, contadas y recontadas, nos permiten aprender de ellas aquellas lecciones que son demasiado duras y no queremos

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