shoa

El lunes pasado fue 27 de enero. ¿Les pareció que fue un día importante? ¿Qué recuerdan del lunes pasado?

El lunes pasado fue 27 de enero. El 1º de noviembre de 2005, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la resolución 60/7 que designa a ese día como Día Internacional de Conmemoración anual en memoria de las víctimas del Holocausto. Fue el día de liberación de Auschwitz-Birkenau, un campo de concentración icónico de la Shoa por parte de los soviéticos.

El lunes pasado fue un día de recuerdo. De recuerdo de que somos capaces los hombres. De recuerdo de La Maldad superlativa y con mayúsculas. El recuerdo de un horror que como humanidad vivimos con indiferencia. El recuerdo de cómo tratamos a la otredad. De cómo podemos vivir lo diferente. De cómo vivimos muy frecuentemente lo diferente.

Esta resolución es de 2005. ¿Tanto tiempo lleva construir la memoria? Y ¿qué memoria estamos construyendo? ¿Estamos aprendiendo de nuestros errores?

En el mundo siguen apilándose diarios repletos de tinta que describe atrocidades. Ruanda, Yugoslavia, Camboya, Birmania, Sudán, Somalia… son algunos países que, con solo nombrarlos ya nos traen una imagen visual de muerte, tragedia y destrucción.

Sin embargo, también se avanza. Tras la creación de la palabra genocidio, tras la verbo-génesis que dicho acto representó, se fueron creando instituciones que forjan un sistema político y un sistema de derecho internacional que procura asegurar la calidad de la ciudadanía a nivel mundial. También, con el correr de los años y con la valentía de los testimonios, la sociedad civil se fue organizando y creando distintas iniciativas para recordar, honrar la memoria y a sus víctimas y sobrevivientes, y sobre toda las cosas aprender.

¿Por qué nos cuesta tanto aprender?

Escribo esta pregunta porque no creo que nuestra generación esté ni cerca de superar los prejuicios, la xenofobia, el racismo y la discriminación que originaron tragedias como la Shoá u otros tantos genocidios a lo largo del mundo.

Apoyando el punto anterior, en nuestra cultura, en expresiones tan populares como el carnaval aparece la discriminación y la homofobia tal como lo señala Martín Inthamoussu respecto al carnaval en una carta abierta escrita el 31 de enero de 2013 y que recorrió los facebooks de muchas personas de Uruguay.

Semanas antes de esta carta salió una campaña para eliminar el racismo del lenguaje, y sigue dando de que hablar. La campaña para eliminar el racismo del lenguaje tuvo mucho apoyo y mucho rechazo también.

Quienes la rechazan se escudan en que el lenguaje que la gente utiliza no puede ser cambiado para no herir sensibilidades, que son simplemente expresiones, productos históricos. Lo que esta gente ignora es que el lenguaje, en cierta perspectiva, es una forma de creación de la realidad.

Empero, se avanza. Para recordar el Holocausto en Uruguay hubo un acto en el parlamento, donde todos los partidos políticos mostraron una abierta condena al hecho histórico y a la discriminación en general. Se emitió un comunicado en cadena nacional. También tenemos hace algún tiempo una ley, la 17817 que en su articulo 2 entiende por “discriminación toda distinción, exclusión, restricción, preferencia o ejercicio de violencia física y moral, basada en motivos de raza, color de piel, religión, origen nacional o étnico, discapacidad, aspecto estético, género, orientación e identidad sexual, que tenga por objeto o por resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos humanos y libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural o en cualquier otra esfera de la vida pública”.

Entender el mundo en que vivimos, la cultura occidental a la que pertenecemos, sin entender lo que pasó en el Holocausto es no tener una comprensión completa de porque hacemos lo que hacemos. De quienes somos.

Daniel Rafecas, en la Introducción de su libro Historia de la Solución final, explica por qué investigó y  trabajó con tanto tesón el tema del Holocausto: “La Shoá no atentó solamente contra el pueblo judío sino contra la humanidad en su conjunto: desde esta perspectiva, ya no puede ser considerada patrimonio exclusivo de un pueblo, pues su sombra proyectada pone en cuestión la mismísima condición humana. Preguntarse por la esencia del ser humano sin asomarse a la Shoá, sin enfrentar el significado profundo de Auschwitz, no tendría demasiado sentido en el siglo ZZI, pues se estaría excluyendo un aspecto fundamental de su compleja historia. (…) Por ello, la sola pertenencia a nuestras sociedades occidentales debería convocarnos a reflexionar sobre esta tragedia tan reciente de nuestra historia, que ha significado un quiebre decisivo en la utopía del progreso civilizador…”

Marcas de uñas dentro de una cámara de gas en Auschwitz.
Marcas de uñas dentro de una cámara de gas en Auschwitz.

Sin embargo tenemos que pensar que también se avanza hacia la dirección correcta en nuestra generación.

 

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