Durante mi primer intercambio a Estados Unidos integré un Chapter de la organización STAND, que es la división estudiantil de la United to End Genocide Organisation (conocida anteriormente como la Genocide Intervention Network) piensa un mundo en el cual la comunidad internacional proteja a los ciudadanos de la violencia en los genocidios. Su misión es empoderar a los individuos y a las comunidades con herramientas para prevenir y detener los genocidios.  Este fue mi primer contacto con los derechos humanos de una manera profunda, como activista.

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La unidad de trabajo en Utica College era pequeña, pero efectuábamos video debates, con películas, y jornadas de concientización sobre los problemas acuciantes en Darfur, Sudán (2009-2010 fueron años terribles para dicha región) como también hablábamos de lo que ocurría en Irak, Afganistán, Birmania, entre otros países.

En ese año no había muchos estudiantes estadounidenses participando en la organización. En la organización estabamos Sittie de las Filipinas, Kim de Camboya, una chica de Europa Oriental que estaba poco activa en el trabajo diario de la organización, Dijana Dukic también de Europa del Este, Salima Sultana, americana pero con orígenes hindúes y algunas otras chicas y chicos americanos que ya no recuerdo tan vivamente. Eso marcó mucho el carácter de las actividades. No solo se internacionalizaron porque los genocidios pasan en distintos rincones del planeta, sino porque las ideas y los aportes que cada uno realizábamos venían de un contexto cultural distinto. Yo por ejemplo, hablaba de la dictadura. Sittie por su parte del régimen de Imelda Marcos, y Kim de lo ocurrido en Camboya.

Una de las actividades que planificamos fue un festival de música con canciones que hablaran sobre genocidios o sobre violencia y que representaran diferentes culturas. Cada quién aportó canciones relativas a la violencia, a los regímenes dictatoriales, y también a aquellas canciones que llamaban a la paz, como algunas de Michael Jackson, quien había muerto en ese año. Yo apelé mucho a la música de protesta de la década de los 60s y 70s de América Latina porque en esta región del mundo, si bien no hubo genocidios, si hubo otros episodios lamentables de violencia.

Si bien el evento finalmente no se concretó, la reflexión y preparación me mostró el poder sanador del arte. Cada cultura había canalizado su dolor, buscado su forma de protesta, expresado sus sentimientos en una creación artística. Y esa creación nos permite transportarnos a esos lugares del corazón de otros y en cierto modo vivir lo que ellos vivieron. Y en una organización que quiere prevenir el genocidio y busca el “NUNCA MÁS” ese efecto es más que deseable.

El arte y la cultura también en STAND fue utilizada para recaudar fondos y ayudar a refugiados de Darfur a través de un desfile multicultural , en el que mostramos atuendos típicos de África, Asia y América Latina.

Ahora bien, no todos somos víctimas de violencia extrema como la ejercida en un genocidio. Sin embargo todos sentimos la necesidad imperiosa de expresarnos y muchas veces tenemos talento para hacerlo, y la oportunidad de ayudar a otros a través de esa expresión artística. La ayuda puede ser emocional y psicológica (¿quién no canalizó sus frustraciones, dolores e incluso alegrías con música, películas, etc.? Desde primeras citas en el cine, a malos días de trabajo que terminamos tomando algo y en eternas charlas con amigos, con música relajante de fondo, el arte está presente en nuestras vidas) hasta la contribución económica como el famoso himno “We are the World” de Michael Jackson.

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Mi cantante favorita no pudo dejar de conmoverse por una historia en particular. La de un niño que murió de cáncer, Ronan y su madre. Ella escribía un blog y descargaba de forma cuasi artística sus sentimientos. Y Taylor los utilizó para crear una bellísima canción.

La humanidad que mostró Taylor Swift, una de las artistas con mayores ventas en Estados Unidos, fue increíble. Contactó a la madre de Ronan, pidiendo permiso para cantar esta canción en Stand up for Cancer. No solamente trató el tema con el debido respeto, se vinculó con la familia y utilizó palabras de esta madre para escribir una canción que fuera un homenaje fidedigno y representativo de Ronan para su familia, sino que además todas las ganancias por dicha canción van para la lucha contra esta enfermedad. El agradecimiento de la familia es eterno (fuente: http://ohnotheydidnt.livejournal.com/71841119.html).

Los artistas pueden buscar inspiración en muchos lugares, Taylor Swift en general la busca en su propia vida, pero algunas veces también se involucra en temas sociales. Pero a diferencia de ella, otros cantan por temas sociales, pero su actitud es más distante, o más genérica. Cantan contra la intolerancia y el odio, contra el racismo y contra tantos otros problemas que hay en el mundo. Este enfoque más masivo no es más ni menos válido. Los efectos que tienen en la sociedad son diferentes.

Personalmente escucho “Ronan” (pueden escucharlo aquí: http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=1ITrd7fM6aY)   y se me pianta un lagrimón. Pero también pasa lo mismo si escucho “La Maza”, “Gracias a la Vida” y “Honrar la vida”. Los efectos del arte, en todas sus expresiones son infinitamente sanadores.

Los invito a usar el arte para sanar heridas, para crecer, para desarrollarse como mejores personas, e incluso ¿por qué no? mejores profesionales. Quien conoce a su corazón, puede lograr un rapport y una empatía con los otros, que lo va a llevar a lugares inesperados.

pajaros volando

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