Hace un par de semanas leí un libro que analizaba la obra de Ana Frank, en tanto literaria. En este libro descubrí muchísimas cosas de una historia que pensé que conocía a profundidad, que no van la caso, pero que recomiendo si les interesa la vida de Ana.

Volviendo al asunto que deseo plantear, en ese libro, en uno de sus capítulos, habla sobre como utilizar su famoso Diario con motivos educativos. Al final del libro, la autora Francine Prose nos cuenta cómo le fue usando el libro en un seminario universitario. Para ser más gráfica, transcribe algunos fragmentos de las conclusiones a las que llegaron sus alumnos.

“Lo que me llamó la atención –dijo un chico- es que al principio es una niña, pero madura y puede ver las cosas más objetivamente. En vez de enfadarse con los demás, se distancia y se ve a si misma. Y acaba siendo un ser humano extraordinario. Me gustó como termina, con ella pensando en lo buena que sería la vida si no existiese nadie más…”

Otro escribió:

Me pregunto si soy sólo yo o si su Diario es tan personal que es un síntoma de todos los lectores, pero siento una conexión emocional con Ana Frank gracias a lo que escribió. Es un testimonio de la fuerza de su literatura y de su carácter. Sentir una conexión real con una muchacha que lleva muerta casi sesenta y tres años (…) es una experiencia emocional extraña, pero me siento como si la conociera bien. Se que, si hubiera habido ocasión, habríamos sido buenos amigos (…) admiro la consciencia que tenía de si misma y esa transparencia emocional que es evidente en lo que escribió. Sentía una pasión por expresarse que me parece muy conmovedora, y me gustaría ser igual de sincero y claro cuando escribo (…) Ana y yo también sentimos pasión por la naturaleza y reconocemos la fuerza de la sencilla belleza de las vivencias cotidianas de la naturaleza (…), puede que leyera este libro en enseñanza primaria, pero me alegro mucho de poder leerlo, con una mirada distinta, ahora que tengo veinte años. Hay aquí muchas cosas que siguen conmigo.”

Después de eso tuve que releerlo. Mis recuerdos del diario eran bien diferentes a los de una lectura que pudiese inspirar este tipo de reflexiones. Al día siguiente, y en un día solamente, leí cada una de las páginas del Diario.  Mientras lo leía, marcaba en amarillo paginaspáginas enteras que me sirven y servirán de inspiración, y también pensaba que es mi deber  compartirlo con udstedes.

En algunos de los fragmenstos plantea una visión panteísta de Dios, expresando sus creencias. En otros, habla de sus deseos, de su amor por la naturaleza, de asuntos de su cotidianeidad, que pueden ser apasionantes para mí, o para aquellos estudiantes de Prose que aman la literatura, la historia y que aman a Ana.

Sin embargo no son tan universales como para que a todos ustedes les interese leer. Sin embargo encontré algunas verdaderas maravillas en las líneas de esta adolescente de 14 años. Líneas que la consagran no solo como una gran escritora, sino como una sabia de la vida.

Por ejemplo el valor que le da al auto-conocernos:

“El rasgo más destacado de mi carácter –como corroborarán quienes mejor me conocen- es el conocimiento de mí misma. Puedo observar mis actos como si fuesen los de otra persona. Puedo enfrentarme a la Ana de todos los días sin prejuicios y sin tratar de disculparla, juzgando imparcialmente sus acciones. Esta “conciencia de mí misma” no me abandona nunca. En cuanto abro la boca sé de inmediato que tengo conciencia de que lo mejor debería haber dicho eso otro, o bien “cuando me expresé bien”. Hay tantas cosas que censuro de mi persona, que no podría ni siquiera nombrarlas, cada vez me convenzo más de la verdad que contiene la siguiente frase de papá: “Cada niño debe ocuparse de su propia educación”. Los padres sólo pueden aconsejarnos y guiarnos por el camino recto, pero la formación esencial de nuestro carácter la tenemos en nuestras propias manos”.

En otras palabras, esta reflexión se me hace muy familiar. Quienes queremos ser mejores alguna vez hemos reflexionado sobre como nos empodera conocernos, para poder usar nuestras habilidades a nuestro favor y trabajar sobre nuestras debilidades. Este proceso fue el que en muchísimas de las páginas Ana narra con candidez.

Otra de las reflexiones que quiero compartir son los desafíos que enfrentamos nosotros los jóvenes. Ana lo veía de la siguiente manera:

“Porque en el fondo, la juventud es más solitaria que la vejez. Esta frase extraída, de no sé qué libro, se me ha quedado grabada, ya que la encuentro acertada.

¿Será verdad que la vida es más difícil para los mayores que para los jóvenes? No, indudablemente no. Las personas mayores tienen ya su propio criterio acerca de las cosas y no vacilan antes de actuar. A nosotros, los jóvenes, nos cuesta más mantenernos firmes en nuestras ideas, en esta época en que todos los ideales han sucumbido, en que los hombres revelan su peor aspecto (…)

Quien sostiene que los mayores afrontan una vida más dura, no comprende hasta que punto los problemas nos agobian…, problemas para los cuales somos probablemente demasiado jóvenes, pero que aún así se nos imponen. Tras largo tiempo creemos encontrar la solución, pero ésta no resiste a los hechos, que terminan por destruirla. Esta es la dificultad de esta época: los ideales, los sueños, las bellas esperanzas despuntan en nuestra alma, tan sólo para enfrentarse a la espantosa realidad y ser destruidos.

Es causa de asombro que aún conserve mis ideales, dado lo absurdo e irrealizable de ellos. Y a pesar de todo me aferro a ellos, pues creo en la bondad innata del hombre.”

 

 

La cita sigue, y se vuelve bellísima. Pero no tan pertinente a la reflexión final que quiero dejar en esta entrada. Esta joven que vivió hace setenta años nos hace pensar sobre nuestros propios dilemas, nuestras propias incertidumbres, sobre los problemas que enfrentamos por ser jóvenes.

La falta de ideales, la ausencia de soluciones a los problemas que debemos enfrentar; las pocas armas que podemos empuñar ante las injusticias que se nos imponen. Estos son los problemas que hoy enfrentamos. Por algo tenemos que promover empoderarnos y ser líderes, ser dueños de nuestros destinos y de nuestras propias vidas. Para dejar un mundo mejor a nuestro paso, para ser quienes podamos cambiar el mundo.

Como dice ella, es absurdo para nosotros conservar nuestros ideales cuando hay guerras sin sentido, hambre en un planeta que produce más de lo que puede consumir, e infinidad de injusticias que nos hacen ver todo el tiempo que soñamos y trabajamos para lograr un imposible. Una quimera. Es un absurdo, pero como jóvenes, como soñadores, como lo fue Anna, simplemente no nos rendimos.

Por eso esta adolescente deja de ser un personaje histórico acartonado, una imagen en un mustio blanco y negro para convertirse en nuestra amiga, en nuestra confidente. Porque ante sus reflexiones, debemos sentarnos y repensar, repensarnos. Ante sus alegrías, sentirnos identificados… porque lo que la alegra, son las cosas que alegran al ser humano: el amor, la libertad, el crecer.

Simplemente les recomiendo leer su diario y hacer en Anna una nueva amiga.

 

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