Artículo editado por el diálogo con los organizadores de la fiesta, como muestra el artículo que le sigue a este en el blog. 

En Montevideo, en este verano lluvioso, las propuestas nocturnas son siempre las mismas. La gente se aburre, y  gracias a las redes sociales surgen propuestas diferentes para que la gente se divierta.

Una de ellas es la que organizaron cinco jóvenes, a la que llamaron Burlande Fest. Burlande Fest, entre otros tuvo gran popularidad en sus primeras dos ediciones.

La fiesta consiste en una mezcla de muchas ideas extraídas de fiestas típicas de otros países, como Estados Unidos, donde se juega al ping pong con cerveza (beer pong, aparece en películas… aunque la cerveza estadounidense es mucho más suave que la nuestra) como también diferentes juegos para embriagarse, bailar y divertirse hasta que la noche se convierta en día.

Si bien hoy en día este tipo de fiestas no son las que me parecen más seductoras, no pecaré de pacato al decir que no existieron o existirán momentos en los que me pueda sumar a propuestas hedónicas, algo irreflexivas e irresponsables como lo que son estas fiestas.

Sin embargo la tercera edición suma a su propuesta varios elementos nefastos, algunos de los cuales fueron borrados ¿u ocultados? de su descripción.

En primer lugar, como broma algo tardía, suma como parte del divertimento el “baño de Santa Teresa”. Muchos conocen el video filmado en el cual una mujer fuera de sus cabales quizás por drogas o alcohol fue filmada manteniendo sexo oral con muchos hombres.

El video, en mi opinión, más que sexual era humillante dadas las condiciones de la muchacha, dado que en realidad más que disfrute por parte de las dos personas, lo que se podía apreciar era como varios hombres reían y se burlaban de una mujer que les estaba practicando este tipo de sexo por menos tiempo del que un hombre normal puede llegar a tener una erección o sentir placer.

El caso llegó hasta la justicia y ponerlo como broma en una descripción de un evento de una fiesta, por más que quiera ser un recurso humorístico, es una falta de respeto hacia la mujer.

Pero lo más lamentable quizás sea la discriminación ante planchas y judíos, a quienes la entrada les es denegada por un “estricto control de derecho de admisión”.

El famoso derecho de admisión ha hecho que muchísimos hombres y chicas no entren a discotecas por las más diversas razones: la forma de vestirse, su sexualidad, su edad, su apariencia, caprichos de quien cuida la puerta, etc. Todos hemos vivido situaciones de este tipo, o conocemos gente cercana que las vivió. Un evento con tantos invitados (13 823) y al que asistirán según Facebook 308 personas, seguramente cuente con personas que hayan tenido esa lamentable experiencia.

La discriminación a los planchas muchas veces existe porque asociamos esta forma de vestir o de hablar con la delincuencia, lo cual es un prejuicio. Asociar la pobreza con la delincuencia es moralmente incorrecto, por más que existan casos en los cuales coincida que personas que podemos identificar como planchas roben. Puede que esa estética, esa forma de ser o de hablar no nos guste, pero tenemos que respetarla como también ellos deben respetarnos a nosotros.

Quizás no podamos cambiar como determinadas personas nos traten, quizás ustedes piensen que los planchas a veces nos gritan cosas, al menos a mí me pasa por mi sexualidad. Sin embargo, el respeto parte desde mí, y el poder para cambiar está en mí. Si yo no predico con el ejemplo, no puedo reclamar después que se me trate así.

Lo segundo en cambio, la discriminación a los judíos es lo que más me preocupa. Me preocupa porque en un país con un 0,3% de población judía, que este colectivo en particular sea visto como diferente y se lo quiera separar de un “nosotros aparentemente normal” es hasta ridículo.

El estado avanza en la educación del Holocausto (Shoá), y somos los jóvenes los que replicamos un modelo discriminador hacia un colectivo religioso y cultural. No tiene mucho sentido. No sé donde hunde sus raíces. ¿Quizás en los padres o abuelos, que veían al judío como avaro comerciante? ¿Quizás en ver como una parte de este colectivo vive en pocitos y goza de un nivel socioeconómico en particular?

Este tipo de discriminación es ilegal, y como tal en general está oculta. Ver casos así donde sale el antisemitismo a la luz es raro, y me sorprende que sea en jóvenes.

Yo no soy judío, ni soy plancha, pero me solidarizo completamente en este caso. Los judíos que conocí me han abierto puertas, brindado su amistad y hasta oportunidades que luego capitalicé para crecer y convertirme en un mejor ser humano. Y creo que el intercambio fue mutuo.

Por eso escribo con dolor esta denuncia.

Por eso creo que como jóvenes deberíamos aprender a ser más abiertos, desprejuiciados y conocer el mundo tal cual es, y no a través de los estereotipos que nublan nuestra visión.

Espero que estos jóvenes reflexionen, se disculpen y cambien su actitud. Que crezcan. Que sus valores se vuelvan más humanistas. Que en sus corazones se borren los atisbos de discriminación porque todos somos iguales. Si nos cortan sangramos, si nos discriminan lo sufrimos. Y todos hemos estado de los dos lados del mostrador. Es bueno actuar como nos gustaría que actuaran con nosotros.

Debajo adjunto un par de imágenes como testimonio de la discriminación.discriminación 2

discriminación

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