Como en una pared grisácea y húmeda,

la melancolía fue creciendo en mi corazón.

Con fuerzas quise dejar de sentir tal pasión

que hace que con fuerzas sienta mis entrañas sufrir

y mis lagrimales trabajar

saliendo tímidas lágrimas de un imposible.

 

Las manchas de humedad aparecen en las casas viejas.

Mi mancha de melancolía es producto de un viejo amor,

de marchitas hojas en un rosedal que ya no dará flor.

 

Por eso no deseo que esa fiera manchada

amilane mi camino

y pueda subir la montaña acompañado de la Razón

que sólo le permitiré un par de desvíos dulces de conocer el Amor

ya llegando a la hermosa cumbre.

 

Quizás algún día no exista algo que opaque

la suma de mis noches y lo iluminado de mis días.

Quizás los sentimientos muden

y se transformen.

 

Mientras tanto he de ser fuerte

y atacar a la humedad con actitud impermeable.

No sé si es lo más inteligente,

pero no puedo sentir que dentro mío hay un sable.

 

No es saludable,

ni justo.

No es empezar a amarse

y en consecuencia comenzar a superarse.

 

Y esa montaña me espera con ansias.

Hace tiempo debía escalarla.

Pero siempre hay tiempo para redimirse

Y  por ello de la persona en la que me he de convertir, hoy empiezo a vestirme.

 

Hoy es el día, hasta siento olor a pintura fresca

que tapará esa mancha de humedad

ahuyentando la melancolía para guardarla

como en una caja de pandora.

 

Quizás en el futuro vuelva a salir,

pero ya estuvo mucho tiempo paseando,

es su hora de partir.

 

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