Ir al teatro es siempre una experiencia grata, que nos deja pensando, con sensaciones e ideas que vamos procesando a lo largo del día e incluso los días posteriores a ver una obra.

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Sin embargo cuando ir al teatro es parte de tu trabajo, y estar controlando que los alumnos se comporten de acuerdo con lo esperado en una obra compleja de ver y de entender como más adelante veremos, la experiencia se vuelve un reto y una gran satisfacción cuando todo sale bien, algunos alumnos comprenden de que se trata la propuesta y algunos también la disfrutan.

Esta obra, en forma de operita, es la obra del verano por su gran despliegue, efectuado en el Auditorio Nacional del Sodre. Reúne nuevamente al director Fernando Toja y a Pablo Routin. Sin embargo, en proyectos anteriores las dimensiones y expectativas eran menores porque el equipo involucrado y el despliegue escénico de Dandy es sin dudas gigantesco y es una de las cosas que más impresionan al espectador de la obra.

Sin embargo imaginarnos a un Hamlet de Carnaval, en forma de operita es muy complejo (obra maldita de Shakespeare, casi imposible de representar, al menos hasta ahora tanto en cine como en teatro por lo dificultoso de hacer creíble el espectro del Rey entre otros problemas). De hecho por momentos como espectador estaba perdido. No sabía si estaba en la belle epoque que me mostraban las imágenes y las ilustraciones de fondo, junto a los tangos cantados en perfecto lunfardo o en el carnaval con una participación de Ruben Rada que hace más pintoresca aún la propuesta.

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La propuesta prometía mucho porque es una adaptación hecha por Horacio Ferrer (escritor, poeta e historiador) con el compositor Alberto Magnone, teniendo en escena a Tabaré Rivero, el ya mencionado Ruben Rada, el coro Upsala –al que se ve poco, detrás de bambalinas pero cuyas voces se sienten bellamente a lo largo de todo el espectáculo-, los bailarines Inthamoussú y Salazar, músicos como Magnone y Klang y actores como Bettina Mondino y Carlos Sorbía.

El elenco se caracteriza por ser gigantesco, versátil y dispar, lleno de talento pero como tiene grandes presencias individuales a veces se fragmenta o se opaca la línea de la historia, concentrándonos enteramente en la persona arriba del escenario.

Desde el inicio, dos grandes coros se despliegan al fondo del escenario, pero no se ven del todo utilizados a lo largo de la historia. La banda de músicos destaca por su  interpretación

Por eso tenemos que pensar en la obra desde esa fragmentación y mirarla como a través de un caleidoscopio donde cada color va brillando por luz propia.

Además la temática no es nueva. Se han usado ya tragedias shakespereanas para hacer versiones libres. En esta en particular se resume el conflicto de Hamlet por la muerte de su padre y el pronto enlace de su madre con su tío Claudio (en este caso su tía Mina) así como el amor que siente el protagonista Dandy por Lolita (Ofelia).

Si bien hay referencias al contexto renacentista en algunas de las piezas de vestuario el contexto de la obra se traslada al Carnaval de Montevideo en los años 20 (o al menos así lo imaginé yo). Lo imaginé así porque los autores introducen referencias populares en el lenguaje de los personajes, palabras coloquiales  y algo de lunfardo que va cambiando y que no se mantiene durante toda la pieza. Es decir en un momento escuchamos tango, en otro milonga y carnaval y cada uno de esos mundos tiene un código lingüístico diferente, no siempre bien respetado o llevado. Quizás es imposible mantener tantos niveles de lenguaje y comunicación en una misma obra. Algo similar ocurre con la danza, que se suman como piezas de un gran puzle.

Routin es el príncipe de las murgas llamándose Dandy en vez de Hamlet y dándole título a la obra. Si bien su registro vocal es muy bueno tanto cantando como recitando, la estructura de la obra no le permite esa espontaneidad que lo hace brillar en los tablados.

Hablando más en específico de la pieza, ésta se divide en dos actos. El primero presenta a los personajes y el conflicto de forma lenta y algo extraña por el canto y el recitado. De todas maneras se hace disfrutable para poder entender el segundo acto, en el que aparece Rada para aportar humor y una gran presencia vocal. Finalmente el conflicto se resuelve como ya sabemos todos los que hemos leído a Hamlet.

El arte de este espectáculo es realmente impresionante, con estructuras metálicas móviles, con las ya mencionadas proyecciones y pinturas y un vestuario en el que se nota un esfuerzo por un sincretismo entre lo clásico del teatro isabelino, la pompa de la ópera y los brillos y colores del carnaval, nuevamente quedando poco unido.

Como experiencia educativa para los chicos yo siento que fue buena porque se vieron expuestos a un espectáculo difícil de decodificar, con muchos mensajes, muchas formas de artes demostradas a la perfección. Como educador ir a acompañarlos y ver el respeto que demostraron ante quienes se notaba que estaban poniendo el alma en el espectáculo fue un placer.

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