tunel3Escribir estas líneas me da una gran tristeza. De hecho estuve reflexionando mucho sobre que escribir sobre este acontecimiento que todos ya conocemos, que es la muerte de este gran hacedor, como a él le gustaba denominarse, que fue Carlos Páez Vilaró.

Hacedor de nuestra cultura, moldeó las artes plásticas durante el siglo XX en Uruguay siendo una inspiración para el resto del mundo. Como artista, como ser humano, como padre.

Sin embargo todas estas cuestiones las abordaremos en el blog con un poco más de tiempo, más de investigación. Esta entrada es simplemente para presentar mis respetos ante algo que pasó que me pone muy triste.

Personalmente Carlos Páez Vilaró penetró mi sensibilidad artística desde muy tunelpequeño gracias a mi familia. A las vacaciones y a esa casa que desafío la arquitectura, a ese nuevo conventillo, a ese nuevo Medio  Mundo que fue Casapueblo.

De niño iba con mi familia a visitar esa casa que parecía sacada de un cuento de hadas y sentía fascinación por escuchar aquella voz gruesa y dulce hablando del atardecer, cuando el sol se ponía en ese lugar mágico.

También ponía a mis padres en aprietos porque quería tocar todo lo que veía y se vendía, esas tazas de colores, esos azulejos, absolutamente todo. Y pensaba y lo sigo haciendo, que algún día decoraré mi casa con algo de su calidez. Quizás decore mi piel con su sol. No lo sé.

Más adelante lo volví a ver durante todo un año con las cuadernolas papiros, engalanadas con sus soles. Lo único que no pudo venderme fue tomar agua salus, porque soy adicto a los refrescos.

Cuando viajé a Estados Unidos pude ver el mural subterráneo más largo del mundo, que va desde un edificio de la OEA hasta el otro lado. Miraba esos colores, representando distintas partes de América y la forma de estar pintados y me sentía en casa. Fue en un momento en el que me sentía bastante solo y triste, hacia el final de mi año en Estados Unidos. Cuando el guía dijo que era Carlos Páez Vilaró lo entendí todo. Me sentía en casa porque estaba en casa.

Carlos Páez Vilaró es símbolo de Uruguay. Su vida fascinante, agridulce pero llena de optimismo y energía nos invadió a todos. Saliendo de la clase social a la que pertenecía, se educó en una nueva cultura para luego transformarla y hacerla parte de algo más grande. La influencia africana y carnavalesca en su trabajo es increíble. La influencia de Carlos en el carnaval también lo es.

Creador de vínculos aparentemente imposibles, mezclo todo para crear una utopía. En su arte convive lo rico y lo pobre, lo mundano y lo glorioso, el cielo y sus astros y la tierra.

Hace unos años cuando dijo que era su último año desfilando en las llamadas parecía que su llama se apagaba. Sin embargo, no pudo hacer un retiro anunciado. Al año siguiente volvió a salir, viejo y debilitado, pero solo por dentro. Ese año fue ovacionado y arengado por todos los que fueron a las llamadas y se llevaron la sorpresa de ver nuevamente a ese abuelo canoso, hermoso y colorido caminando entre un montón de gente. En esos desfiles, se lo veía en su elemento. Así se lo vio hasta el desfile de hace unos días. Así decido recordarlo.

carlos final

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