La esperanza a veces es como una aguja

que penetrante invade las cavidades

que nos hace sentir que ciertas necesidades

mágicamente desaparecerán en una burbuja.

 

Pero las pompas de jabón

que de niños tanto nos hacían sonreír

y que aún una cálida sensación en el pecho me hacen sentir

son frágiles.

 

Las ilusiones duran lo que dura un lirio

hermosa flor que pronto se marchita.

Porque las ilusiones son solo eso,

quimeras bellas que si se quedan quietas,

en sueños adormilados quedan.

 

Ilusiones que van y vienen.

En mi cabeza una abeja da vueltas

y su aguijón hace tiempo ya clavó.

Pero ella tan inquieta,

tan libre y por eso tan bella

aún no sabe el dolor que me causó.

 

Mi dura fragilidad

cada día se agrieta un poco más.

Cada golpe se vuelve certero.

Y cada caída un nuevo comienzo.

 

Un comienzo que a veces quiere ser fuerte

pero que siente que ya no todo lo puede.

Un esfuerzo que ya no es adolescente

ni cándido e imaginativamente optimista.

 

Un esfuerzo envalentonado

que sabe que esta lucha es la verdadera.

Que la vida es una,

que la guerra es esta.

 

Arrebolado el corazón con ilusiones que van y vienen,

Confundida la mente con historias sin cierre

con comienzos truncos

con finales abiertos.

 

La herida abierta que no cierra,

Levantarse pero aún sentirse en la tierra.

Saberse hombre y sentirse insignificante

y a la vez el único dueño capaz de cambiarlo todo.

 

En las manos está el poder de vencer.

En las manos la solución

a esta desazón.

Y sin embargo tan lejos.

 

¿Cuándo será el día en que sin dudas me diga

que este es mi camino,

que así está signado mi destino?

 

Será cuando menos lo espere.

Será cuando las suelas de mis zapatos estén completamente gastadas y

cuando mis manos estén amoldadas

a sostenerme en esta guerra.

 

La vida es un desafío y

amar es constantemente combatir.

Que difícil es tantas cosas sentir

para terminar a veces sintiendo el vacío.

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