Era Totó quien hacía reir a Dorothy y la salvaba de volverse tan gris como todo lo que la rodeaba. Totó no era gris: era un pequeño perro negro, de largo pelo sedoso y pequeños ojos negros que brillaban, alegremente a cada lado de su diminuta y graciosa nariz. Totó jugaba el día entero y Dorothy jugaba con él y lo quería muchísimo.

mago de oz

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