En los últimos tiempos la cultura ha estado en el tapete de la opinión pública debido a la crisis que vive el modelo educativo en Uruguay y la región. El conflicto que recientemente zanjó el gobierno argentino con los educadores del país es bastante análogo al que vivió Uruguay en 2013.

Cuando se juzga el modelo educativo de un país, cuando sus resultados no son los esperados, cuando crece la ignorancia, el desconocimiento, el abandono escolar, se está hablando de la formación de una nueva cultura, de un nuevo modelo cultural en la sociedad que es juzgado por el resto de determinada manera. En general es juzgado de una forma dura porque choca con las pautas que el resto tiene como positivas.

Sin embargo sería interesante definir que es cultura para poder entender un poco más este debate y sentarlo sobre bases firmes.

Para eso utilizaremos la definición de la UNESCO de cultura:

 

DEFINICIÓN DE “CULTURA” (UNESCO)

“La cultura debe ser considerada como el conjunto de los rasgos distintivos espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o a un grupo social y que abarca, además de las artes y las letras, los modos de vida, las maneras de vivir juntos, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias”.

Definición de la 31ª Sesión de la Conferencia General de la UNESCO París, 2 de noviembre del 2001, que reafirma las conclusiones de la Conferencia Mundial sobre las Políticas Culturales (MONDIACULT, México, 1982), de la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo (Nuestra Diversidad Creativa, 1995) y de la Conferencia Intergubernamental sobre Políticas Culturales para el Desarrollo (Estocolmo, 1998).

Como podemos ver en esta definición, la cultura es algo muy amplio. Son los rasgos distintivos de una sociedad o un grupo que marca no solo las artes y letras sino las maneras de vivir, es decir, los valores, tradiciones y creencias de un grupo social o de la sociedad.

Quizás el problema comience por la fragmentación en la sociedad. Esta fragmentación y oposición es descripta desde el siglo XIX o incluso antes y una de las descripciones más paradigmáticas ha sido el marxismo, que señalaba que la historia era el conflicto entre opresores y oprimidos.

En el presente quizás este debate esté algo vetusto, quizás no, pero lo cierto es que hay una oposición entre grupos sociales que marcan que los valores del trabajo, del esfuerzo, del sacrificio personal en pos de un futuro mejor, de un mejor pasar, valen la pena y quienes se dedican a las fechorías y al mal vivir. También en esta oposición están quienes logran sobrevivir en el cruel mercado laboral, los que logran estudiar y salir adelante, los que desde la cuna tuvieron mejores posibilidades y aquellos que no logran insertarse en una sociedad cada vez más exigente y despiadada, las personas que no nacieron con privilegios, las personas que luchan día a día por sobrevivir y que quizás poco le importa que dijo Marx en el siglo XIX, pero quieren respuestas a lo que ven como injusticias sociales.

En este marco, muy simplificado por lo restringido de un artículo de blog y por la poca autoridad intelectual que tengo como escritor, surgen grupos con normas de convivencia, con creencias, incluso con formas artísticas y culturales distintas.

En el debate de hoy la discriminación a distintos grupos culturales, étnicos, religiosos es muy mal vista. Sin embargo no todo lo diferente representa un grupo de diversidad cultural, por lo cual es bueno analizar a profundidad una buena definición de diversidad cultural:

 

DEFINICIÓN DE “DIVERSIDAD CULTURAL”

“Artículo 1 – La diversidad cultural, patrimonio común de la humanidad. La cultura adquiere formas diversas a través del tiempo y del espacio. Esta diversidad se manifiesta en la originalidad y la pluralidad de las identidades que caracterizan los grupos y las sociedades que componen la humanidad. Fuente de intercambios, de innovación y de creatividad, la diversidad cultural es, para el género humano, tan necesaria como la diversidad biológica para los organismos vivos. En este sentido, constituye el patrimonio común de la humanidad y debe ser reconocida y consolidada en beneficio de las generaciones presentes y futuras.

“Artículo 2 – De la diversidad cultural al pluralismo cultural. En nuestras sociedades cada vez más diversificadas, resulta indispensable garantizar una interacción armoniosa y una voluntad de convivir de personas y grupos con identidades culturales a un tiempo plurales, variadas y dinámicas. Las políticas que favorecen la inclusión y la participación de todos los ciudadanos garantizan la cohesión social, la vitalidad de la sociedad civil y la paz. Definido de esta manera, el pluralismo cultural constituye la respuesta política al hecho de la diversidad cultural. Inseparable de un contexto democrático, el pluralismo cultural es propicio a los intercambios culturales y al desarrollo de las capacidades creadoras que alimentan la vida pública.

“Artículo 3 – La diversidad cultural, factor de desarrollo. La diversidad cultural amplía las posibilidades de elección que se brindan a todos; es una de las fuentes del desarrollo, entendido no solamente en términos de crecimiento económico, sino también como medio de acceso a una existencia intelectual, afectiva, moral y espiritual satisfactoria.

“Artículo 4 – Los derechos humanos, garantes de la diversidad cultural. La defensa de la diversidad cultural es un imperativo ético, inseparable del respeto de la dignidad de la persona humana. Ella supone el compromiso de respetar los derechos humanos y las libertades fundamentales, en particular los derechos de las personas que pertenecen a minorías y los de los pueblos autóctonos. Nadie puede invocar la diversidad cultural para vulnerar los derechos humanos garantizados por el derecho internacional, ni para limitar su alcance.

“Artículo 5 – Los derechos culturales, marco propicio de la diversidad cultural. Los derechos culturales son parte integrante de los derechos humanos, que son universales, indisociables e interdependientes. El desarrollo de una diversidad creativa exige la plena realización de los derechos culturales, tal como los define el Artículo 27 de la Declaración Universal de Derechos Humanos y los Artículos 13 y 15 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Toda persona debe, así, poder expresarse, crear y difundir sus obras en la lengua que desee y en particular en su lengua materna; toda persona tiene derecho a una educación y una formación de calidad que respete plenamente su identidad cultural; toda persona debe poder participar en la vida cultural que elija y ejercer sus propias prácticas culturales, dentro de los límites que impone el respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales.

“Artículo 6 – Hacia una diversidad cultural accesible a todos. Al tiempo que se garantiza la libre circulación de las ideas mediante la palabra y la imagen, hay que procurar que todas las culturas puedan expresarse y darse a conocer. La libertad de expresión, el pluralismo de los medios de comunicación, el multilingüismo, la igualdad de acceso a las expresiones artísticas, al saber científico y tecnológico -comprendida su forma electrónica- y la posibilidad, para todas las culturas, de estar presentes en los medios de expresión y de difusión, son los garantes de la diversidad cultural.

Declaración Universal de la Unesco sobre La Diversidad Cultural, adoptada por la 31ª Sesión de la Conferencia General de la UNESCO París, 2 de noviembre del 2001

 

Como se recoje en estos artículos sobre la diversidad cultural que existan diferencias entre unos y otros no implica la fragmentación y el choque entre grupos con diferentes herencias culturales sino que por contrario implica un enriquecimiento de todos. La diversidad cultural es una riqueza que como sociedad deberíamos poder compaginar, apreciar, aprovechar y disfrutar para el crecimiento de todos. Por eso debe ser accesible para todos a través de la educación formal, los medios de comunicación y el ejercicio de la libertad de expresión. Asimismo debe poder ser expresada a través del ejercicio responsable de los derechos culturales que todos tenemos para poder ejercer nuestras propias prácticas culturales, en el límite que impone el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales.

Esto supone que no todo es aceptable. Aquí el debate se vuelve más interesante para mí. Muchas veces hablamos de que todas las diferencias culturales deben ser respetadas, que todas las formas que adopten las costumbres en tanto parte de la cultura, o la subcultura de algunos grupos deben ser respetados.

Sin embargo el límite está en respetar los derechos de los demás. Por más que el deterioro de nuestro sistema educativo presuponga que nuevas formas de interacción social surjan, que nuevas expresiones artísticas aparezcan, para que sean aceptables tienen que respetar los derechos de los demás. Y francamente mucha de las formas que están apareciendo son violentas y suponen una interacción en la cual se comienza a faltar el respeto al resto de la comunidad.

Por lo que la educación como factor de socialización y homogenización de la sociedad tiene que volver a ser efectiva para que, en la diferencia, todos tengamos determinadas reglas claras, que nos permitan convivir. La educación formal e informal tiene que cambiar para que vuelva a existir una cohesión social. Si bien las diferencias económicas, culturales, religiosas y sociales pueden mantenerse, si bien grupos contraculturales y subculturales pueden aparecer, en tanto existan algunas reglas básicas para que todos convivamos en paz, se podrá vivir un ambiente de diversidad cultural.

Este pluralismo cultural podrá ser defendido una vez que el respeto de unos para otros exista. Este pluralismo será una clave para que desarrollo cultural de los países y por eso debe ser defendido, porque representa riqueza. Por eso la diversidad cultural es un patrimonio de la humanidad. Sin embargo hasta que no aprendamos a respetarnos, no podremos avanzar en este tema y probablemente en ningún otro.

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