macondo está de luto.

A Gabriel García Márquez lo conocí en 2do de liceo. Siempre amé la literatura, y de muy chico comencé a leer a los clásicos. Devoré varias obras de Dickens y Verne, entre tantos otros, formando así mi gusto literario. Disfrutaba mucho de leer novelas del siglo XIX, historias románticas o dramáticas, generalmente europeas, con una estética muy determinada. Pero fue en esa clase de 2do de liceo cuando lo conocí.

En ese salón en el que la pasé tan mal, en ese colegio donde tantos recuerdos agridulces fueron creados, un día la profesora Graciela Trabal comenzó a leer un fragmento increíble, fascinante como ningún otro. Teníamos que copiar palabra por palabra. Se suponía que era un difícil desafío. Sin embargo, para mí escuchar con atención las palabras que lentamente Graciela iba nombrando para luego copiarlas (sin faltas, con los signos de puntuación más o menos donde correspondían) no era algo para nada tortuoso. Todo lo contrario. Fue un placer y el comienzo de un idilio.

Cuando Graciela terminó de leer, yo quería saber cómo seguía la historia. Necesitaba desesperadamente saber que pasaba. Curiosamente ese libro no estaba en la biblioteca del colegio. Lo que había escuchado en ese 2002 eran las primeras líneas de su autobiografía Vivir para contarla. Como suelo hacer, comencé por el final.

Conocí a Gabriel a través de su autobiografía, o al menos el comienzo de la misma. Siempre quise que se publicara otro tomo, que contara el resto. Pero estaría muy ocupado viviendo sus últimos años como para publicarlo. Con el tiempo perdí la esperanza y comencé a escudriñar otros textos de él.

En ese tiempo, algo que me gustaba hacer era leer todos los libros que podía de un mismo autor, para conocerlo a fondo. Lo hice con Dickens, lo hice con Verne e incluso con Louise May Alcot. Lo seguiré haciendo con otros autores, aunque no con tanta voracidad como en mi adolescencia. Así, me topé con varios libros fascinantes como Cien Años de Soledad, Memoria de Mis Putas Tristes y Crónica de una Muerte Anunciada. Me sentí succionado por esa realidad construida por García Márquez, que fui descubriendo al crecer que se parecía mucho a América Latina, a nuestra historia. Somos un continente cuyo desarrollo histórico es una loca vorágine de eventos, de gente y destinos que concluyeron en un lugar. Somos aquella Macondo que surge de la nada para luego desaparecer de la misma manera. Somos los Buendía, con mil vueltas.

final

Para ser sinceros también me aburrí muchísimo con Relato de un náufrago, al que terminé de leer por solidaridad para con Gabo. También disfruté poco El otoño del patriarca, por no poder realmente leerlo por el experimento con la puntuación que realizó en ese texto. Quizás en otro momento de la vida los disfrute.

Ahora estoy en el mismo comienzo, leyendo La Hojarasca. Cuando lo termine, seguramente encuentre otro libro de él para leer. Su obra, entre cuentos, novelas y testimonios es inagotable.  Y si la llegara a terminar, existen otros escritores tan valiosos como él para seguir nutriéndome.

Hoy murió Gabriel García Marquez. Hoy 17 de abril de 2014, falleció este gran prohombre de la literatura. Hoy los diarios del mundo, los noticieros, y las redes sociales se llenaron de imágenes del escritor colombiano. Hoy mismo nos hacía reflexionar Blanca Rodríguez, una periodista famosa de Uruguay,  lo importante que es que la muerte de un escritor siga siendo, en estos tiempos, el gran tema de un noticiero cuando ocurre.

Es importante, más allá de lo anecdótico que es recordar quien fue este hombre en el día en que murió, poder reflexionar sobre el valor de la literatura en nuestras vidas: como fuente de conocimiento, de riqueza, de esparcimiento.

A través de la literatura podemos viajar a tiempos remotos, a tierras imaginadas, a mundos imposibles. Así, Gabriel García Márquez nos llevó a Macondo, nos hizo conocer una realidad perdida en el tiempo, algo fantástica, algo realista, algo mágica. Y al conocer esa realidad conocimos un poco de nosotros mismos, de nuestras raíces. Nos dimos cuenta un poco mejor de quienes somos.

Por eso es importante que esta llama que García Márquez y otros escritores prendieron, al protagonizar el boom de la literatura latinoamericana siga encendida. Es responsabilidad de todos. Aquellos latinos que escriben, de dar lo mejor de sí. Y del resto de nosotros, de ser lectores que apoyemos la literatura tanto la de nuestro continente como en general. Debemos conocer y promover lo que se produce en nuestro continente. Es importante saber que imagen damos al mundo a través de las letras que viajan en nuestros libros. Y también es importante, también es un deber, conocer el resto de la literatura, conocer al resto del mundo.

¡Buen viaje Gabo!

Gabriel García Márquez 1927 – 2014
“Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, aprovecharía ese tiempo lo más que pudiera.
Posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo.
Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.
Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundo de luz. Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen.
Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente mi cuerpo, sino mi alma.
A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse!
A un niño le daría alas, pero le dejaría que él solo aprendiese a volar.
A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido.
Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres… He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada.
He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre.
He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse.
Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero realmente de mucho no habrán de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo.
Siempre di lo que sientes y haz lo que piensas.
Si supiera que hoy fuera la última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y rezaría al Señor para poder ser el guardián de tu alma.
Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo diría “te quiero” y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes.
Siempre hay un mañana y la vida nos da otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuanto te quiero, que nunca te olvidaré.”

gabo

 

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