A lo largo de la historia de la vida, la gente se conoció en clubes sociales, en sus trabajos, en la calle, en sus lugares de estudio; es decir en cualquier lugar en el cual coincidieran. Todo esto cambió mucho con Internet, con las redes sociales que permiten conocerse a través de la web, con todo lo que eso implica. Por ejemplo el anonimato. Realmente no sabés con quien estás hablando, en especial en las salas de chat, hasta que te pasan una foto, un enlace a su perfil en una red social, etc. E incluso ahí no necesariamente se sabe la verdad.

Algunas personas como yo escribimos como nos sentimos, publicamos fotos personales, y estamos en contacto con amigos y conocidos a través de las redes sociales. Entonces, cuando le pasamos nuestro perfil a una persona nueva, esta tiene acceso a conocernos más, lo cual no es necesariamente malo. No soy de las personas protectoras de su privacidad como algo sagrado. Tampoco siento que tenga algo que ocultar. Soy lo que soy y al que no le guste, que siga su camino.

Para mí es complejo conocer nuevas personas con las cuales salir a bailar o tener citas. En parte porque no todo el mundo vive su orientación sexual de forma tan abierta como yo. También porque los ámbitos donde puedo conocer de forma segura a otras personas LGBT son pocos y no llenan mis expectativas. Además se le suma que mi autoestima no es súper alta entonces me cuesta lanzarme a conocer nuevas personas.

Por eso las redes sociales me han servido. Por eso las he utilizado.

Sin embargo, varias veces me ha pasado de sentirme mal utilizándolas. Muchas veces conozco gente a través de Facebook que al principio parece interesante o atractiva y luego no lo es… O gente que no me encuentra a mí interesante o atractiva. Gente que de repente desaparece o nos ignora sin saber las razones.

También en noches solitarias, cuando buscamos compañía, aparecen personas que tras el anonimato de las salas de chat parecen interesantes o son lo que buscamos en ese momento. Pasamos alguna foto, o nuestro link al perfil de Facebook, la dirección de Skype y terminan conociéndonos de antes. No podemos tener un inicio en limpio. Pero como ellos aún no nos dieron su información nosotros no sabemos exactamente quienes son… aunque muchas veces lo imaginamos.

Así por ejemplo, terminé chateando con el ex de un amigo de mi ex o los mejores amigos de una amiga de él. Y para quienes nos cuesta superar nuestra relación anterior, esto es otro baldazo de agua fría. Nos sentimos expuestos completamente. Si la charla fue indiscreta es aún peor. Porque si bien sabemos que no hay chances de reconciliación, si bien sabemos que fue nuestra responsabilidad el fracaso de esa relación, aún nos importa que piense ese ex, aún anhelamos que algún día podamos tener algún tipo de vínculo.

Entonces nos damos cuenta de que tenemos que usar las redes sociales sólo para hablar con amigos o personas que ya conocemos, porque no estamos listos para conocer a alguien nuevo. Entonces pensamos: “¿Por qué no creamos perfiles falsos y falsamente conocemos a otros, como hace todo el mundo?” Y nos damos cuenta que eso no tiene sentido en nuestra lógica.

Si queremos algún vínculo significativo con otros, tenemos que mostrar quienes somos. Sí, es verdad, muchas veces usamos una foto favorecedora, usamos el diccionario para no tener ni una sola falta de ortografía y parecer aún más inteligente de lo que somos, pero al fin y al cabo terminamos siendo nosotros mismos. O una linda versión de nosotros mismos. Y eso para nosotros está bien.

Pero no deja de ser una forma de exponernos, y hay que saber cuándo y de qué forma hacerlo.

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