Este último tiempo he notado muchas cosas respecto a la gente que me rodea…

  • Noté quienes son incondicionales y quiénes no.
  • Noté que no he sido buen amigo con algunas personas muy queridas y finalmente se terminaron yendo –y tengo que ver como las recupero, o si es posible recuperarlas-.
  • Noté también como mucha gente que me rodeó durante un tiempito desapareció. Noté como mucha gente a último minuto no aparece y me termina dejando solo.
  • Noté como eso me hace sentir que no pertenezco, que sigo siendo el mismo perdedor del colegio.

Todas estas cosas muchas veces se condensan en un festejo de cumpleaños. Hay llamados y mensajes de personas de fierro. Hay gente que no ves nunca pero que te adoran y deciden usar ese día de excusa para un reencuentro. Hay personas que se interesan por vos y deciden pasar un tiempo contigo para conocerte más.

Este año para mí fue un festejo especial. Decidí probar festejar en un boliche que no es popular, que recién se inauguraba. Decidí ir una fiesta a la que muchos de mis amigos no irían normalmente. Los invité y les ofrecí pasar por casa a tomar algo antes que yo iba a estar ahí.

Todos los años me junto en un lugar paquete, en un pub lindo y mucha gente viene. Amigos y conocidos de todas las actividades y lugares por los que he estado aparecen y comparten un rato conmigo. Me hace sentir muy bien, muy querido. Igualmente las horas e incluso los días anteriores a mi cumpleaños lo vivo con tensión. Siempre pienso que nadie va a venir o tengo la idea instaurada de que todo va a salir mal.

Este año hice algo más improvisado, porque en realidad vivo saliendo a discotecas y no es algo con lo que me identifique. Cuando la paso bien, la paso excelente… pero la mayoría de las veces al rato tengo ganas de dormir, la música electropop típica de los lugares que frecuento no es mi preferida y me siento bastante feo en comparación con el resto de la gente que me rodea. Sé que esto último es una muestra de baja autoestima y no una constatación de la realidad circundante, pero no deja de ser como me siento y no deja de afectarme.

Como hice algo más improvisado, simplemente encontrarnos allí en el boliche… casi nadie fue. Pero quienes fueron me mostraron que son de fierro, muy buenos amigos y personas. También aquellos que por un motivo u otro me avisaron que no podían ir, o me acompañaron antes, también son grandes amigos. Pero la mayoría simplemente no apareció.

Quizás es que cada uno está en distintos momentos de la vida y que con el trabajo o noviazgos ya no hay tiempo para una noche de baile con amigos, aunque quizás sea simplemente desidia. Cual sea el motivo, no estuvieron. Y la mayoría no avisó que no iba a estar, o aún peor, avisó que estaría y luego simplemente no vino. Lo peor fue que alguno que no apareció en la fiesta a la que cité a mis amigos y que dijo que iría, terminó estando en el otro lugar al cual fuimos cuando terminó la fiesta en el primero. Este año fue un cumpleaños más solitario pero quizás más honesto. Quienes quisieron hacerse presentes, lo hicieron con llamados, mensajes o personalmente. Quienes no, su ausencia lo marcó.

Lo importante de un festejo de cumpleaños es quizás celebrar que se sobrevivió un año más y que nos espera otro año para seguir desafiándonos, creciendo, viviendo, aprendiendo. Es recibir esa dosis extra de amor que no recibimos a diario y que nos da fuerzas para encarar un poco mejor las batallas cotidianas. Es tener ese mensaje sorpresa que nos dice algo inesperadamente lindo, como que inspiramos a ser más humanos a otros, como me pasó a mí este año. Es saber que gente que hace mucho no ves pero a la que le tenés un gran cariño te recuerda y siente eso mismo que vos sentís.

Y en realidad todo eso lo tuve. Entonces no puedo quejarme. Por la familia y los amigos que tengo estoy agradecido. A ellos les digo gracias por hacerme pasar un gran día, aunque fuera diferente a otros cumpleaños. Aunque pudiera haber sido mejor. Como fue, fue perfecto porque justamente fue lo que tenía que ser.

¡Muchas gracias!

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