Caminos que no debieran haber sido recorridos

me llevaron a presenciar el alba multicolor

en la fría costa de otoño.

 

La mágica superposición de rosas y algodón

en un cielo casi límpido

me hizo volver a pensar en amor.

 

Esa solitaria aurora soñaba no estar sola.

Soñaba que unos brazos fuertes la abrazaran por detrás

y le infundieran calor.

 

Siendo un joven apenas convertido en hombre

deseé ser más que un dubitativo vagabundo,

enfundado en una campera de jean y ese pantalón blanco.

 

Añoré aquellos días en los que me sentía poderoso

por la compañía tan querida de aquel hombre que me hizo sentir amado

y con el cual no me sentía juzgado.

 

El amanecer es sin duda un momento de melancolía

porque no siempre deseamos comenzar,

porque a veces simplemente deseamos volver atrás.

 

Como hasta mi inconsciente sabe que es imposible,

al ver al Sol comenzar su recorrido hacia su cenit

solo imaginé fundirme en el calor de un abrazo.

 

Imaginé compartir esa belleza con otra alma sensible.

Imaginé compartir.

Imaginé.

 

Sencillamente decidí transportarme a un mundo de ensoñaciones

y de románticas ilusiones

que quizás en este nuevo amanecer se vuelvan realidad.

 

Quizás este sea mi última solitaria aurora.

impresión

Anuncios