Pensar antes de hablar

shoa

En estas dos semanas viví varias situaciones que me hicieron re-pensar una pregunta que suelo hacerles a los estudiantes de los talleres de Proyecto Shoá:

¿Qué aspectos cambiarías de tu conducta?

En general respondo que me gustaría ser menos prejuicioso, porque siento que me dejo llevar por esas ideas previas que tengo de la gente y las cosas antes de realmente conocerlas. Sin embargo, cada día me doy cuenta que soy más abierto y comprensivo de lo que creo.

Eso no me hace menos pasional. Y al ser pasional tomo todo a pecho. Y algunas situaciones me molestan y exploto en vez de calmarme, ser comedido y pensar las razones de porque me encuentro en esa situación. Siempre pienso, si pudiera contar hasta 100 antes de hablar… Pero no siempre puedo.

Hace un mes fue mi cumpleaños y muchas personas que consideraba amigos no fueron, habiendo confirmado asistencia. Otros si avisaron los motivos por los que no podían ir, y algunos aparecieron de sorpresa. No todo el mundo es tan importante para uno. Hay ausencias que se sienten más.

Un amigo en particular me hizo sentir mal al no venir y se lo dije. Y le pedí explicaciones. No me las dio. Lo dejé, ¿qué más iba a hacer?

A las semanas me cuenta que estaba en grandes problemas en ese momento y que estaba queriendo solucionarlos. Tenía problemas con drogas y con alcohol. Algo que yo en parte sabía pero decidí ignorar o minimizar. Es que nos conocimos en el mundo de las fiestas y si bien yo también experimenté y tuve algunos inconvenientes, no pasaron a mayores. Sólo pasé vergüenza de mis acciones bajo los efectos de las sustancias. Yo perdí el control, pero la fe, mi trabajo voluntario y las cosas que me traen a tierra no me dejaron volar esas nubes negras…

Pero él consumió más y más tiempo y perdió el control de verdad. Y yo todavía en vez de preguntar qué pasaba, lo juzgué porque me sentí abandonado.

Finalmente, cuando volvía de unos talleres, cuando volvía de preguntar magnánimamente ¿qué cambiarían de su conducta? mi amigo me contactó y me contó lo que vivía. Los dos lloramos. Y me hizo pensar en que podría haber hecho diferente. Creo que pensar antes de hablar, ser más humano.

Sin embargo el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra y yo no soy la excepción.

En estas últimas semanas me sentí cada vez más atrapado y frustrado. Mis problemas para dormir volvieron y mal descansado, sin trabajo y sintiendo que no avanzo en la facultad, me sentí frustrado. Me sentí un fracaso.

Al sentirme un fracaso y en contacto con un nuevo amigo, hablando de opciones laborales, de que cosas hacer y qué cosas no hacer por dinero, conceptos como caridad y voluntariado usados y comentarios y humor que no supe interpretar lo traté como si no supiera lo que yo estaba sintiendo, como si nunca jamás de los jamases hubiera sentido esa frustración. Y de hecho la sintió y con creces.

De todas las personas en el mundo, sería él quizás la más indicada para entenderme en mi dilema. Y a pesar de que lo traté mal, está dispuesto a ayudarme.

Si hubiera tenido más paciencia, si hubiera pensado antes de hablar, las cosas podrían haber sido más armónicas.

Gracias a Dios ambos amigos y yo somos gente de buena voluntad y nuestras amistades saldrán adelante. Nuestras vidas saldrán adelante.

Y hoy tengo una respuesta más honesta a la cuarta pregunta que les hacemos a nuestros estudiantes en Proyecto Shoá.

 

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