Sucumbí luego de meses de distancia fría

al ver en el lugar menos esperado,

una foto en la lejanía

que retrató a mi más grande amor.

 

Casi podía percibir ese perfume a limón

que impregnaba tus sábanas

y que aún hoy, cuando no puedo hacer tripas corazón,

perfumo las mías para envolverme en tu abrazo.

 

Pensé que sucumbía pero no me rendí.

Entré a esos salones agresivos, y comencé a hablar

hasta que más que una exposición se convirtió en un diálogo.

 

Y en ese diálogo compartimos.

Compartí como quería llorar y cuánto lo extrañé al verlo en esa fotografía.

Pero también les dije, que más allá de lo que no pase, somos nuestros propios dueños.

 

Dueños de nuestros destinos.

Responsables de quiénes somos y de nuestras experiencias,

y capaces de superarlo todo.

 

Capaces de levantarse y vivir la vida.

Seguir la vida con amor después del amor,

justamente con amor.

 

Amor a todo lo que nos rodea y fundamentalmente,

Amor a nosotros mismos.

Es en ese amor, donde está la raíz del bien y donde está la fuerza.

discriminación cero foto

 

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