Con el secuestro de tres jóvenes israelíes, el mundo ha puesto nuevamente sus ojos sobre la caótica situación en Israel.

El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, lamentó  que algunos sectores de la comunidad internacional no hayan condenado aún el secuestro de tres jóvenes israelíes, mientras el Ejército intensifica su búsqueda por el sur de Cisjordania y se prepara para cualquier eventualidad en Gaza.

También lo ha hecho, después de cuatro días, el presidente palestino, Mahmud Abás, en un comunicado en el que critica a la vez la violación de los derechos de la población palestina en la operación militar israelí de búsqueda de los tres desaparecidos.

Más de 150 palestinos, la mayoría activistas islámicos, han sido arrestados desde el viernes por el Ejército israelí en redadas en el distrito de Hebrón, donde los servicios de inteligencia creen que podrían estar los jóvenes, de entre 16 y 19 años.

“Tenemos un gran objetivo: encontrar a los tres chicos, traerlos a casa y golpear a Hamas. Nos dirigimos a una campaña significativa”, advierte el jefe del ejército israelí, Benny Gantz en una reunión con sus principales oficiales.

La redada en la zona de Hebrón, conocida por ser un importante feudo islamista, es una de las más importantes que ha llevado a cabo Israel desde la ‘segunda Intifada’. “El secuestro de tres chavales que no han hecho daño a nadie es tan grave que requiere una respuesta igual de grave. Ahora estamos centrados en encontrarles, pero luego haremos que Hamas pague un precio muy alto”, ha declarado el ministro Yaakov Peri, que exige a Abu Mazen romper el acuerdo del Gobierno de unidad con Hamas.

Mientras esperamos una resolución de este nuevo conflicto me gustaría recordar un poema escrito por Jorge Luis Borges a los judíos, en el que recuerda a este pueblo sufrido pero glorioso.

Temí que en Israel acecharía
con dulzura insidiosa
la nostalgia que las diásporas seculares
acumularon como un triste tesoro
en las ciudades del infiel, en las juderías,
en los ocasos de la estepa, en los sueños,
la nostalgia de aquellos que te anhelaron,
Jerusalén, junto a las aguas de Babilonia,
¿Qué otra cosa eras, Israel, sino esa nostalgia,
sino esa voluntad de salvar,
entre las inconstantes formas del tiempo,
tu viejo libro mágico, tus liturgias,
tu soledad con Dios?
No así. La más antigua de las naciones
es también la más joven.
No has tentado a los hombres con jardines,
con el oro y su tedio
sino con el rigor, tierra última.
Israel les ha dicho sin palabras:
olvidarás quién eres.
Olvidarás al otro que dejaste.
Olvidarás quién fuiste en las tierras
que te dieron sus tardes y sus mañanas
y a las que no darás tu nostalgia.
Olvidarás la lengua de tus padres y aprenderás la lengua del Paraíso.
Serás un israelí, serás un soldado.
Edificarás la patria con ciénagas: la levantarás con desiertos.
Trabajará contigo tu hermano, cuya cara no has visto nunca.
Una sola cosa te prometemos: tu puesto en la batalla.

 

 

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