delmira

En este caso no título, como habitualmente hago, teatro recomendado porque la obra estuvo solo dos días en cartel. Esos días ya pasaron. Yo la fui a ver el segundo día, o el primero, ya no recuerdo. Fue el 19 de junio, me acuerdo porque en la Sala Adela Reta, donde estaba dándose la función, siendo del Estado, presentamos nuestros respetos y cantamos el himno. Con esto y con el partido victorioso de Uruguay, sentí el augurio de que iba a disfrutar esa noche.

En esta obra cuatro artistas investigan, intervienen y transforman la vida y obra de Delmira Agustini a 100 años de su muerte. Nos muestran una novia que duda. Una esposa que dice basta. Una artista en la intimidad más absoluta de su habitación, de su desnudez. Una hija que denuncia. Una amante que goza, una mujer que está en el escenario, dueña del show. Y nos hace la pregunta de cuantas somos Delmira.

Esta pregunta me puso en un lugar complejo. Yo soy hombre, pero sin embargo en varios momentos me sentí una Delmira. No soy un hombre común dentro de una sociedad machista heteronormativa, quizás por eso me sentí identificado, quizás por eso pude decir basta, quizás por eso…

Al cumplirse 100 años de la muerte de esta poetisa, hubo varias representaciones de su obra. Yo soy un gran seguidor de sus poemas decidí ir a alguna. Y no sé por qué, elegí Yo cual Delmira. No me arrepiento. Porque de esta obra de teatro aprendí, me cuestione mi propia moral y pruritos, me sentí extraño en una manera en la que el arte debería hacerte sentir, en aquel lugar incomodo donde debemos volver a pensar muchas cosas.

La obra tuvo como cometido poner en memoria la vida y obra de esta icónica artista uruguaya. Para mi es imposible que alguien la pueda olvidar, pero el tiempo es implacable. A través de la experimentación, estas artistas exploraron, ensayaron, investigaron y crearon a partir del legado artístico riquísimo que dejo Delmira detrás desde una mirada contemporánea que permita darle nuevo significado a su obra y nos permita reflexionar sobre el papel que actualmente tienen las mujeres en nuestro país. Arte y sociedad tienen un vínculo irrenunciable.

El formato escénico es un unipersonal que esta acompañado de videos, de lenguaje audiovisual y resulta, a pesar de que pudiera parecer que no, muy dinámico y ágil. Los 70 minutos que dura la obra comienzan y terminan de forma inesperada, quedándose uno con el deseo de más. Está pensado para el espectador actual, aunque no para el que buscaba una representación de época de los últimos momentos de Delmira. Quizás por eso, porque no apela al chimento, la sala no estaba completamente llena. Quizás fue el feriado y el partido de Uruguay. Nunca lo sabré. Los que la vimos estamos agradecidos de haberla elegido. Y creo que Delmira nos agradece que la sigamos eligiendo.

Este espectáculo permite reflexionar a la gente sobre la obra de Delmira. Yo tengo en el debe comprar algún libro de poemas y no leerlos de forma aislada. Lo hare pronto. Pero además también nos deja la puerta abierta para reflexionar sobre como los derechos de las mujeres siguen siendo vulnerados, tanto tiempo después de su muerte. El mundo a veces pareciera, que no cambio tanto. La obra nos deja con la reflexión sobre la actualidad de las mujeres de nuestro país y su derecho a tomar decisiones sobre su cuerpo y sobre su vida.

Para agregar un poco de información, creo conveniente conocer un poco a Verónica Mato. Ella nació en Montevideo en 1976 y es una actriz, dramaturga y directora teatral que egreso de la EMAD. Estudio dramaturgia en Buenos Aires, en el taller de Mauricio Kartun. Fue nominada al Premio Florencio 2009 con su primer obra Patina como Revelación y Mejor texto de Autor Nacional. Obtuvo becas y subvenciones de distintos organismos estatales para seguir con su labor artística. Tiene tres textos publicados en Argentina y esta obra fue su quinto texto estrenado.

Y por si alguien no conoce quien fue Delmira Agustini, ella nació y murió en Montevideo en 1886 y 1914 respectivamente. Fue un raro ejemplo femenino dentro del modernismo porque pudo expresar, más allá de las recetas estéticas de la época su visión interior, que era turbulenta, sexual y enigmática. Fue pionera en la reivindicación de sus derechos, se atrevió a ser y a decir en un mundo dominado por los hombres, traspasando los límites de su tiempo. Abrió el camino de la literatura escrita para mujeres fieles a sí misma, algo que por ejemplo María Eugenia Vaz Ferreira no pudo y probablemente no quiso. Fue una voz disconforme con tono autentico, señalando y acusando a esa sociedad represora y reprimida. Se atrevió a indagar en su intimidad y cuestiono las causas de la represión. Fue una de las primeras mujeres en solicitar el divorcio. Su matrimonio con el rematador Enrique Job Reyes duro solo 52 días. Murió de forma violenta el 6 de julio de 1914, en una pensión en la calle Andes donde los ex maridos se encontraban. Ambos fallecieron, ella al instante y el dos horas después en el hospital Maciel. Su muerte sigue siendo un enigma aunque lo que se piensa mayormente fue que su ex marido la asesino, quizás producto de la vergüenza y el honor mancillado y luego se suicidó. Tenía 27 años, tres libros publicados y la admiración de sus contemporáneos. Era una de las voces más prometedoras de la poesía hispana y se convirtió en un mito nacional.

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Ficha Tecnica:

Creación escénica y dramatúrgica Verónica Mato

Dirección actoral Susana Souto

Dirección de arte Marianna Ferreiro

Creación Audiovisual Inés Lage

Producción Ignacio Fumero Ayo

Comunicación Diego Acosta

Diseño gráfico Vika Fleitas

Fotografía Alejandro Persichetti

Asistencia de coordinación Tania Pintos

Contacto – yocualdelmira@gmail.com

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